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FRONTERAS DEL MUNDO HISPÁNICO: FILIPINAS EN EL CONTEXTO DE LAS REGIONES LIMINARES NOVOHISPANAS
 

Fernando Rodamilans,
Doctorando en Historia, Universidad Complutense de Madrid (UCM)


Esta obra colectiva parte de la concepción de Filipinas como una región paradigmática de frontera, entendida ésta como un área de permeabilidad cultural, de conflicto y cooperación. Las Filipinas fueron, en este sentido, la incursión en el corazón del Lejano Oriente de aquel otro gran espacio de frontera que fuera la Nueva España.

La acertada elección del enfoque “fronterizo” permite abordar cuestiones de la historia cultural, social, económica, política, e incluso biológica de las Filipinas, conformando una visión a la vez compacta y complementaria de aquellos territorios liminares de la Monarquía Hispánica. Los diecisiete trabajos de otros tantos especialistas en Historia de América, Historia de Filipinas e Historia del Arte se presentan divididos en tres secciones.

La primera sección comprende tres estudios de enfoque más amplio: La frontera ha sido el motor del proceso biológico de especiación, pero también de la conformación de grupos humanos genéticamente específicos. Estas son las premisas del estudio de Antonio González-Martín, que utiliza herramientas de la genética para modelizar algunos de los grandes procesos migratorios de la historia. María F. García de los Arcos se aproxima a la visión coetánea que se tuvo de aquellos confines del Imperio como nuevo bastión cristiano frente el Islam y como muralla contra holandeses y portugueses. En distintas épocas y circunstancias la percepción osciló entre la negativa como periferia de “tercer mundo” y la optimista como núcleo del comercio “más rico y noble” del planeta. La imagen de Filipinas es también el tema del capítulo de Antonio García-Abásolo. Una imagen confundida o difuminada con la de China, que se aprecia en las comunicaciones personales desde la metrópoli y la Nueva España. Lugar no deseable, por su clima y su naturaleza hostil, sólo el ascenso en el cursus honorum o el beneficio comercial compensaban aquel destino. Manila era también una frontera más allá de la frontera, epítome de “comunidad claustrofóbica” y perpetuamente bajo peligros externos e internos.

La segunda sección, que ocupa la mayor parte del libro, trata cuestiones más específicas sobre la situación de Filipinas como frontera del mundo hispánico. Leoncio Cabrero Fernández (†) describe los principales conflictos en los que participaron los sucesivos gobernadores de Filipinas en tiempos de la Unión de Coronas: expansión y conquista, revueltas internas y ataques externos se mezclan en estos tiempos, con una sensación de fondo de gran inestabilidad. La Historia de la vida cotidiana de los españoles en Intramuros es presentada por José M. Fernández Palacios en forma de estudio introductorio. Es un área de investigación de gran potencialidad que proporciona una visión complementaria de la tradicional “dimensión pública” de la historiografía. Comercio y milicia, las dos ocupaciones principales de aquellas gentes, nos remiten a un mundo inestable de frontera, siempre en lucha por la permanencia. Ni siquiera el notable crecimiento urbano de Manila en s. XIX transformó esta imagen de “población flotante”. A partir de documentación de archivo, Marta M. Manchado López reconstruye la historia de un conflicto jurisdiccional relacionado con una institución manilense de la segunda mitad del s. XVIII, la llamada “casa de recogidas”. A través del mismo salen a la luz interesantes cuestiones de moral pública, de relaciones sociales, de parentesco y de poder en la Manila de aquella época, así como de prácticas ilegales contrarias a la Corona, pero habituales en aquel territorio liminar. Miguel Luque Talaván realiza un novedoso estudio sobre comportamientos sexuales en las Filipinas durante la época hispánica, partiendo de la constatación en las fuentes documentales de prácticas bígamas y homosexuales por parte de los militares destacados en Mindanao y Ternate. Aquellos hombres –muchos de ellos condenados con dicho servicio de armas– conformaban una auténtica “sociedad fronteriza”, alejada del poder virreinal y muy cercana al enemigo musulmán. En similar línea temática se sitúa el capítulo de Ana M. Prieto Lucena sobre el adulterio, su consideración social y legal, así como su desigual concepción y trato para hombres y mujeres. El trabajo se basa en un caso concreto juzgado en la Audiencia de Manila en 1621 y que tuvo como protagonista al mismísimo gobernador de las islas Filipinas, encausado por acabar con la vida de su esposa, del amante de ésta y de un tercero cómplice del adulterio. El capítulo que Herbert González Zymla dedica a la “frontera espiritual” es a la vez fascinante y fiel reflejo de la importancia de los religiosos hispanos en la historia de las Filipinas. Se documenta con todo detalle la historia que concluyó con la fundación en 1621 del convento de monjas clarisas de la ciudad de Manila, así como las vicisitudes por las que atravesó su fundadora, Sor Jerónima de la Asunción; especialmente relevantes son los conflictos con las autoridades eclesiásticas que le deparó su empeño en mantenerse fiel al espíritu de la regla franciscana. Carmen Yuste centra su trabajo en las condiciones comerciales preferentes que llevaron a los poderosos novohispanos del Consulado de México a aumentar el tráfico con Manila más allá de los límites establecidos. Manila recibió –legal e ilegalmente– capitales y personas desde Nueva España y contó con emporios mercantiles transpacíficos cuya sede estaba en la ciudad de México. Ni las quejas de los flotistas de la metrópoli ni la creación del Consulado filipino (1771) lograron poner fin a esta situación, que sólo terminó con la creación de la Real Compañía de Filipinas (1785). La frontera filipina fue también un nuevo frente abierto de la Monarquía Hispánica con los neerlandeses desde el s. XVII. Miguel Martín Onrubia detalla las acciones armadas y contextualiza este conflicto hispano-holandés en el complejo mundo de relaciones internacionales de la época, tanto en Europa como en el Lejano Oriente. Incluye un interesante apartado de historia comparada entre los ámbitos atlántico y pacífico de este conflicto. El documentado estudio de Roberto Blanco Andrés explica la existencia de una relación directa –y muy anterior a 1872– entre el nacionalismo filipino y el conflicto clerical. La cuestión de los curatos, mezclada con la política colonial y con argumentos raciales, está en el origen del primer nacionalismo, surgido en el seno del presbiterado diocesano y encabezado por “la generación de líderes eclesiásticos filipinos más capacitada de la época española”. Carlos Reyero presenta, a través del análisis histórico-artístico de una serie de monumentos, la transformación que sufrió la percepción de las Filipinas en el imaginario visual español con el desastre de 1898, pasando de una “retórica nacionalista” a otra “victimista”. Tras un postrer intento de relanzar la idea imperial, reflejada en monumentos triunfalistas y evocadores de grandes hazañas, la pérdida de Filipinas produjo obras cargadas de melancolía y reflexión.

La tercera sección es un excelente contrapunto a las dos anteriores, ya que presenta un interesante paralelismo respecto de la situación de Filipinas al analizar “otras zonas” fronterizas del Virreinato de la Nueva España. Guadalupe Pinzón Ríos reconstruye con documentación de los archivos el caso de San Blas, puerto de partida de las exploraciones de los literales del Pacífico norte, cuyo desarrollo estuvo originariamente vinculado a la protección de la ruta comercial entre México y Filipinas. Raquel O. Barceló Quintal considera el puerto de Acapulco como una “frontera comercial” entre el Pacífico y el resto de territorios de la Monarquía, y analiza diversos aspectos que caracterizaron ese tráfico mercantil y que, al mismo tiempo, configuraron la esencia de aquella ciudad. Francisco L. Jiménez Abollado, basándose en fuentes cronísticas de la época, estudia las zonas “marginales” del sur del Virreinato de la Nueva España, las Tierras Bajas Centrales del área maya. Son una frontera, pero entendida como área marginal respecto del centro geográfico del poder, tanto política como económicamente, y por ello mismo son zonas de “desequilibrio, de inestabilidad”. Adriana D. Rocher Salas realiza un análisis paralelo sobre el proceso de incorporación al Virreinato de la indómita península de Yucatán, aportando documentación relevante de las autoridades civiles y eclesiásticas novohispanas.

Fronteras del mundo hispánico: Filipinas… es una obra tan sugerente en sus contenidos, a partir de la premisa fronteriza, como rigurosamente académica en su metodología. Una valiosa aportación a los últimamente escasos estudios filipinistas.

 


Título: Fronteras del mundo hispánico: Filipinas en el contexto de las regiones liminares novohispanas
Autores: Marta María Manchado López y Miguel Luque Talaván (Coords.)
Editorial: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba
ISBN: 978-84-92511-23-5
Nº de páginas: 414
Fecha de publicación: 2011

 

 


ISSN: 2174-0445



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