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RÉQUIEM POR UN MARINO
 

Dr. José Gómez Sánchez
Académico de Número y Censor

 

Cuando hube mirado el mar me
puse a mirar el cielo (…)
para poderme orientar
y buscar caminos nuevos
Porque había mirado al mar
aprendí a mirar al cielo
Alberto Orte
Seis  versos sueltos
de su sus “Retrospectivas 7/ I”
Cádiz  2009

Escma Sra. Directora
Excmos. e Ilust..  Autoridades  Civiles y Militares
Excmos. e Ilust. Señores Académicos
Familiares y amigos

Vamos a ser muy breves. Es probable   -y eso sin contar con  la  intervención de nuestros  compañeros de mesa–,   que, a  propósito de la inolvidable figura de don Alberto Orte ya se haya  dicho casi todo.    A  este respecto,  es  difícil mejorar la sensibilidad, y la   información  de que ha hecho gala nuestra Directora ni tampoco,  aspirar a la  audiencia  que le han ofrecido los medios locales incluyendo el simpático Blogs de Eduardo Albarran Orte, nieto de don Alberto

Así mismo,  no nos es posible igualar la ternura y la cercanía al personaje que emana de “MI Tio Alberto”;  un emotivo   artículo   que firma   su sobrina, Josela  Maturana.

Podemos , en cambio,  complementar  el  excelente trabajo de nuestro amigo y compañero de Academia ,Enrique Montiel (aparecido, en la  Web que lleva su nombre) si él, a su vez,  me ‘permite precisar,  que esa frase que él cita   – “era el mejor    de todos nosotros”– y que él atribuye  a “un viejo catedrático ya jubilado de casi todo”:  fueron, en realidad,  pronunciadas por ese viejo catedrático    en vida del finado; precisamente  cuando sus achaques, los de este último, le impidieron definitivamente asistir a las convocatorias de la Junta de Gobierno de esta  Academia  de la que, a la sazón, él era Vicedirector Primero.

Las sesiones necrológicas,   esos funerales laicos que las Corporaciones ofrecen a la memoria de sus difuntos, son un género literario sujeto, tácitamente, a determinadas reglas, En efecto, cuando ese recuerdo ha de tener lugar en el seno de la Universidad o en el de las Academias.  la “necrológica” debe tener, necesariamente, un  carácter especial que no es fácil definir. Por lo pronto,  pero  sobre todo, no pueden reducirse a una manifestación espontánea y sentimental de conmemoración y condolencia. Deben, a nuestro juicio,  asumir el estilo riguroso   que exige  el  ambiente en que se produce. Aunque participe de muchos de sus caracteres no puede ser una biografía exhaustiva, ni una simple  laudatio ni la considera-ción  psicoanalítica  de un carácter ni, por supuesto, un  panegírico que a veces, incurra en  exagerciónes gratuitas... 

Sujeta a “ordenación y ley”, nuestra intervención  debe ajustarse, como hemos dicho muchas veces,   al precepto d´orsiano que nos prescribe subordinar “la anécdota a la categoría”.

Si por alguna razón dispusiéramos de sólo unos segundos, creo que seríamos  capaces de definir la personalidad y  trayectoria vital de don Alberto  con un  rigor  parejo al de  un axioma : Alberto Orte fue, ante todo, un hombre de ideas, de ideales y de creencias

Es por eso  por lo que,  de marinero llego a contralmirante; es por eso por lo que un presunto farmacéutico acabó siendo  una personalidad internacional en un mundo en  donde no son bien recibidos lo aficionados,  cuando de lo  que se trata no  es de hablar de la naturaleza de la “materia oscura” sino  “de poner en  hora los relojes de una Armada”  o, mejor aún,  dirigir un Observatorio que, con el visto bueno del “Buró Iernacional de la Hora” intervenga en la elaboración del “Tiempo Atómico Internacional”. y asuma el mantenimiento  de la “Hora Oficial en España.

Es por eso,   por lo que tuvo ocho hijos, de su esposa, doña Manola, .la única mujer de su vida. Asumir el mantenimiento de una familia y acomodar sus dimensiones a las exigencias de nuestras creencias, supone  coherencia moral; especialmente cuando, de todos es sabido, los sacrificios que esto supone y las pocas facilidades que la Sociedad ofrece a quien sostiene a sus hijos con su trabajo y  eventualmente, puede desampararlos  con su muerte.

Es por eso por lo que nos emocionó la sencilla unción con la que acostumbraba a bendecir su mesa, a cuyos manteles fuimos invitados, en alguna ocasión, mi mujer y yo…

Pero tal vez vale la pena que empecemos por el principio, aunque incurramos en inevitables repeticiones y, en alguna medida vulneremos nuestro propias normas.

Alberto Orte, hijo póstumo de don Mariano Orte de Andrés y de doña  Dolores Lledó Peñalva, nace  en Melilla, en  1919,  pero su  infancia trascurre en Argelia. Allí aprende francés pero sobre todo aprende a amar  a España desde la  distancia pero también desde la perspectiva de esas otras culturas, alguna de las cuales, tarde o temprano, significará una amenaza para nuestra propia identidad: una identidad irrenunciablemente  occidental y cris- tiana.

Regresados todos a Melilla, el joven Alberto -como la mayor parte de la gente de nuestra edad– ingresará en un Colegio religioso, Concretamente, en el Colegio de la Doctrina Cristiana (Hermanos de La Salle) “donde, según nos informa su familia, cursó el Bachillerato [se supone, que  con arreglo al Plan Callejo (promulgado en 1926)} Durante toda su vida guardó, nos dicen,  un grato recuerdo de estos años, manteniendo con la Institución una estrecha relación hasta el fin de sus días . Así mismo, conservó siempre la amistad y el contacto con muchos de sus compañeros procedentes, por supuesto de diferentes orígenes y credos.”

Es muy curiosa la atracción  que la ciudad de Melilla y sobre todo su propia casa, situada en General  O´Donnell, 31, ejercerán  sobre don Alberto hasta los últimos años de su vida.

En efecto. En  enero de 1997, ha entrado  en contacto con el joven Profesor melillense Antonio Bravo Nieto quien, a la sazón ha publicado sendas monografías sobre la “Cartografía histórica de Melilla”,  y sobre “La construcción de una ciudad  europea en el contexto norteafricano” que necesariamente han atraído su atención

Este contacto primero telefónico y luego postal  pone de relieve no sólo  la exactitud fotográfica de su memoria sino también la extensión y profundidad de sus conocimientos respecto al proyecto, estructura y decoración modernista (“art nouvau”) de un  edificio, cuya construcción fue vigilada a pie de obra por su propio padre, don Mariano. 

Hoy día el correo electrónico prácticamente ha hecho desaparecer la correspondencia convencional es difícil encontrar un estilo epistolar más limpio y expresivo que el suyo. Con razón, Antonio Bravo    –quien  no cree honesto apropiarse de su memoria histórica– le invita a publicarlas pero, por lo pronto él dará  cuenta detallada  de las mismas en  las páginas  del “El Periódico Melillense (Nº 10 – 1 al 30  de 2007 en donde, gracias a Internet, todos podemos releerlas.

Hombre de ideas, de ideales y de creencias”. En efecto y bien que  lo demostró con la ejemplaridad de su vida y de su obra. Ahora bien eso no es todo. Cada uno debe realizarse en el contexto de su circunstancia y aquí,  de tejas abajo, hay que contar siempre con el “azar y la necesidad

Si en el trágico verano del treinta y seis  aquel  joven  de diecisiete años,  que estudiaba Farmacia en Madrid,  no hubiese podido embarcar “in extremis” rumbo a Melilla, todo pudo ser muy distinto.  Si cuando. a los dieciocho años,  se incorporó como marinero voluntario a la tripulación del  crucero Canarias,  lo hubiera hecho en el Baleares, tal vez hubiese figurado entre los 786 tripulantes desa-parecidos. Si recién terminada la guerra, en lugar de ingresar en la Escuela Naval Militar de San Fernando hubiese proseguido sus estudios de  Farmacia,  no habría navegado por los “siete mares”,   –sin convertirse por eso en  un personaje de Conrad– ni arrastrado por su vocación intelectual. no hubiese llegado a lo que llegó. a través,   de Cursos  Avanzados de Ciencias Físico-Matemáticas y de una Diplomatura  en  Astronomía y Geofísica; todo ello cursado en Escuela de Estudios Superiores de la Armada,

No; un marinero no se convierte en Almirante, “de la noche a la mañana” y, menos aún,  en una personalidad del mundo de la Ciencia si no le llama por ese camino la vocación y  carece de la aptitud requerida para recorrerlo

Vocación y aptitud.. Una vocación sin aptitud es un espejismo que puede extraviar el rumbo de nuestra existencia. .  Una aptitud sin vocación significa un derroche de nuestras capacidades que no rendirán lo que debieran…

Ahora bien: la vocación naval y, ulteriormente astronómica   de don Alberto       ¿fue una vocación   ab initio  o, teniendo en cuenta su presencia   en la Facultad de Farmacia,   fue una vocación sobre-venida?  Nosotros tan próximos a él –aunque sólo sea  por la edad y por  las circunstancias históricas que hemos vivido–,  creemos  estar en condiciones de afirmar  que su  ingreso en Farmacia fue una iniciativa de su madre, Doña Dolores. Hasta que el desembarco de Alhucemas no resolviese  el problema con carácter definitivo,  las madres de esa época vivieron  obsesionadas  por la pesadilla de Marruecos y, en consecuencia no era infrecuente que al planificar la vida de sus hijos varones tuviesen  en cuenta aquellas profesiones que les distanciasen de las pequeñas posiciones aisladas. que, en muchos casos  se convirtieron en trágicos  mataderos de sus hijos.

No, de la vocación marina  de don Alberto no nos cabe la menor duda. Iniciada la Guerra Civil,  se presenta como marino voluntario  y al término de la misma ingresa en la Escuela Naval y como hemos dicho, finalizada su formación  cuenta en su hoja de servicios  con  muchas horas. “a flote”…

Lo que sí fue, tal vez, una vocación sobrevenida fue  su dedicación astronómica. Establecer la posición, manejar el sextante o medir el tiempo exige conocimientos astronómicos. “Mirando al mar aprendió a mirar al cielo”.. Y tratándose de un hombre de su capacidad intelectual no es raro adquiriese un profundo conocimiento en el campo de la llamada Astronomía de Posición y, fiel a sus creencias se desinteresase, en cambio,  de las especulaciones cosmogónicas  de un Stephen Hawking o de un Tipler, el discutido autor de la “Física de la Inmortalidad” …

“Nadie,  decía  Pedro Laín, posee una formación intelectual completa si esa formación no es histórica, además de ser actual”. Lo hemos repetido muchas veces  y quienes se formaron a nuestro lado  lo repiten con frecuencia-.

No se trata de ser historiadores pero si es necesario dar una dimensión histórica a nuestros trabajos y , en la medida de lo posible, estudiar la vida y la obra de nuestros predecesores…

Fiel  a este principio, don Alberto se intereso siempre por la dimensión científica de las empresas  en que estuvo involucrada nuestra Armada y en las figuras señeras de la misma: Gravina, Godin. Ulloa.  Jorge Juan etc…

Nosotros sólo  vamos a detener nuestra atención  en   su ultima obra; “El jefe de Escuadra Antonio Ulloa y la Flota de nueva España.1776.-1778, sorpresivamente publicado por la meritoria “FUNDACIÓN ALVAR-GONZALEZ”, Gijón 2006. Y digo sorpresiva, porque nos parece insólito que una obra de  este carácter no haya sido publicada en Cádiz, por los Departamentos de Publicaciones de la Uca o de la Diputación –que de conocerla sin duda se la hubiesen disputado–  y más sorpresivo aún: que esta Academia, conociendo que su voluntad era la  de que su obra fuese  presentada desde está tribuna   no encontrásemos , en vida de nuestro compañero la oportunidad de satisfacer sus deseos y al, mismo tiempo, enriquecer nuestra “memoria corporativa” con lo que, sin duda  hubiese sido la  ultima aparición en público de una figura humana,  entre nosotros, irrepetible.

Bien están los sufragios que ofrece la Iglesia. Bien están los actos  académicos que, además halagan la vanidad de quienes intervenimos en ellos,  pero lo  cierto es que, en su día no hicimos, lo que debiéramos haber hecho y que esa omisión no tiene ya remedio.

Descanse en paz el marino, el hombre de ciencia, y el amigo pero, muy en primer lugar, quien fue, en vida  un caballero intachable y un cristiano ejemplar.

Cádiz, 17 de junio de 2011
Salón de Grados de la Facultad de Medicina

 

 

 


ISSN: 2174-0445



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