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LA MOVILIDAD ACADÉMICA EN EL ESPACIO HISPANOAMERICANO
 

Felicidad Rodríguez Sánchez

Los avances de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, la importancia que han tomado los bloques regionales y sub-regionales, la movilidad de la mano de obra internacional, el énfasis dado a las economías de mercado y a la liberalización de los servicios, así como una sociedad basada en el conocimiento que exige aprendizajes permanentes en entornos cambiantes, son solo algunas de las características del momento actual que se traducen en procesos de internacionalización cada vez más complejos. En este contexto global, la movilidad de profesores, investigadores, creadores y estudiantes responde a una estrategia para  enfrentar los retos que viven nuestras sociedades interconectadas. Las razones expresadas para ello son diversas, pero se corresponden fundamentalmente a las siguientes:

1ª, promover el entendimiento mutuo entre distintas sociedades o países. El Programa Erasmus de la Unión Europea, en sus vertientes estudiantil y docente, ejemplifica este tipo de movilidad más allá de otros beneficios académicos. Era también el objetivo del antiguo Programa Intercampus entre España e Hispanoamérica de la Agencia Española de Cooperación Internacional, y es el marco en el que se encuadran varios programas hispanoamericanos actuales, como los correspondientes a la Asociación Universitaria Grupo Montevideo.

2ª, atraer estudiantes, investigadores o creadores brillantes a países receptores.  Ejemplo de ello son los Programas Erasmus Mundus y Alban de la Unión Europea dirigidos a personal altamente cualificado de terceros países y cuyo objetivo es hacer atractivo el estudiar e investigar en Europa.

3ª, mejorar la capacidad institucional. Objetivo éste de gran interés en Hispanoamérica, donde la movilidad se precibe como un medio para establecer redes internacionales y fortalecer la labor académica y las capacidades institucionales de las universidades de la propia región.  Este objetivo se encuentra en el origen de  numerosos acuerdos bilaterales, multilaterales o de redes entre diversas instituciones. Algunos ejemplos a nivel hispanoamericabno son las acciones del Programa ESCALA, en sus vertientes docente y estudiantil, el Programa de Movilidad Académica Regional para Cursos Acreditados en el MERCOSUR, el Programa PIMA de la Organización de Estados Iberoamericanos  o el Programa de Cooperación Interuniversitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el Desarrollo (AECID).

4ª, favorecer las capacidades investigadoras de las instituciones. Caso de las redes CYTED (Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo) en el ámbito hispanoamericano.

En lo que se refiere a motivaciones personales,  los estudiantes perciben la experiencia internacional como una forma de mejorar las posibilidades de inserción en el mercado laboral, su progresión en el mismo, fortalecer las habilidades lingüísticas  (cuando el país de destino no pertenece al ámbito hispanoamericano), sin olvidar el enriquecimiento cultural que supone vivir y estudiar en entornos muy distintos al propio.

Para los académicos e investigadores la movilidad enriquece los conocimientos, abre nuevas perspectivas de desarrollo profesional y les permite relacionarse con académicos de otras regiones que realizan actividades de enseñanza, creación  e investigación en áreas similares.

Las anteriores motivaciones son comunes a todos los ámbitos y en todas las regiones del mundo.  Hispanoamérica no constituye una excepción. Pero a ello se suma que sus sistemas educativos, extremadamente heterogéneos y marcados por un amplio espectro de condiciones y variables académicas, científicas y socioeconómicas, tienen además el reto de transformarse en elementos claves del desarrollo de sus respectivas sociedades. Reto que, en  las circunstancias actuales, solamente puede abordarse desde  un espacio de integración y regionalización de los sistemas universitarios. De ahí nace la idea, basada también en la experiencia obtenida con la integración de otros  espacios educativos, como estrategia de desarrollo regional, de la creación paulatina de un espacio común hispanoamericano del conocimiento y de la articulación del llamado espacio iberoamericano de educación superior.  Y el desarrollo de la movilidad, sería un primer paso para conseguir ese objetivo, como reiteradamente se pone de manifiesto en las Declaraciones de todas las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, pero también por parte de los gobiernos nacionales,  de las asociaciones de universidades, de las propias instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas, o de los organismos multilaterales implicados en la educación superior en Hispanoamérica.

Detrás de ese interés, está logicamente el objetivo de mejorar la competitividad de la región. No olvidemos que el alto nivel de formación es un elemento crucial para mejorar la competitividad en el marco de una economía global, compleja y en crecimiento, siendo la formación uno de los ejes sobre los que gira el Indice de Competitividad Global (desarrollado por el World Economic Forum). Y los países hispanoamericanos están aún lejos, en su conjunto, de ocupar lugares significativos en esa escala.  Aunque la inversión total en investigación e innovación casi se duplicó en el conjunto de la región en la última década del siglo XX, con un aumento del gasto particularmente importante en México, Chile y sobre todo en Brasil, Iberoamérica continúa rezagada respecto a los países más desarrollados. Realmente la mayoría de los países de la región tienen dificultades en promover economías competitivas y en lograr un mayor desarrollo de sus sociedades. Aunque se han producido avances significativos, los niveles de desarrollo alcanzados siguen, en conjunto, sin ser idóneos para acercarse a las fronteras de las nuevas tecnologías y a las redes del conocimiento. En este contexto, el papel de la educación superior y de las universidades, como motores del desarrollo regional, es clave. Y la cooperación interuniveritaria a nivel regional, y naturalmente con otros espacios como por ejemplo la Unión Europea, representa un mecanismo ineludible para ello. De esta manera la cooperación académica, el intercambio de estudiantes, profesores e investigadores se plantea, desde luego junto a actuaciones necesarias en otros ámbitos, como una estrategia para aprender de otras experiencias y para contribuir al desarrollo de la región y de su competitividad. La conexión internacional se debería convertir así en un instrumento eficaz para favorecer la innovación y el desarrollo del conocimiento en ese  Espacio Hispanoamericano.

La promoción de la movilidad académica no es fenómeno nuevo en Hispanoamérica. Ya a finales del siglo XIX se llevaron a cabo acuerdos gubernamentales para facilitar la movilidad de recursos humanos. Cabe mencionar en este sentido, el Convenio sobre Ejercicios Profesionales, acordado en Montevideo en 1889, o el Convenio de México, firmado en 1902. Este interés por la movilidad trascendía los intercambios y los trabajos de cooperación entre las universidades, para abordar el reconocimiento de diplomas y títulos. En 1974, se redactó y firmó, promovido por la UNESCO, el “Convenio Regional de Convalidación de Estudios, Títulos y Diplomas de Educación Superior”, con el que se pretendía:  incrementar la cooperación en formación y utilización de los recursos humanos para promover la mas amplia integración del área, fomentar el conocimiento, lograr una constante y progresiva mejora cualitativa de la educación y contribuir al desarrollo económico, social y cultural y el pleno empleo en cada uno de los países y en la rgión en su conjunto”. Los primeros firmantes del Convenio fueron Panamá y México en 1975, adhiriéndose posteriormente otros países,  incluso pertenecientes a otras regiones como por ej. los Países Bajos. Pero tras firmar, Chile y Brasil denunciaron el Convenio, mientras que  no fué ratificado por Argentina, Costa Rica, Guatemala, entre otros. Con el establecimiento de este Convenio se dejaba entrever el interés de crear lo que ha venido en llamarse posteriormente el “espacio iberoamericano de educación superior”, aunque las propias condiciones para su aplicación no permitieron que se convirtiera en una herramienta generalizada y útil para la región. En palabras recientes de IESALC-UNESCO (2006) “si desde entonces se hubieran puesto en marcha algunas de sus consideraciones en materia de  armonización de los sistemas de educación superior, el desarrollo de la movilidad académica en general, sería hoy diferente en la región”. Realmente no era tarea fácil, considerando la heterogeneidad de los sistemas educativos y de sus condiciones en el conjunto del ámbito hispanoamericano. Recordemos que en Europa, espacio en el que los programas de movilidad tienen una gran tradición y están muy bien estructurados y coordinados,  el reconocimiento profesional para determinados estudios ha exigido el desarrollo de Directivas comunitarias muy exigentes en requisitos y tiempos de formación, y que para aquellos estudios sin Directiva Europea, el reconocimiento académico de los Títulos está sujeto a procesos de homologación y seguirá siendo así, al menos en un futuro próximo, a pesar de las actuaciones derivadas de la Declaración de Ministros de Bolonia.

La realidad actual es que la  movilidad en Hispanoamérica no ha alcanzado el nivel de desarrollo logrado en otras regiones, y hoy día sigue representando un desafío para los gobiernos, las universidades y el sector productivo. A nivel mundial, la movilidad de estudiantes y profesores se ha incrementado de una manera notable en los últimos veinte años. Como señala la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en el año 2007 eran más de dos millones de estudiantes móviles los que se encontraban en las diferentes regiones del mundo. Europa y Norte América son las principales regiones de destino. Mientras un 43% de los estudiantes internacionales son de origen asiático, el 35% son europeos, con un 12% y  7% de norteamericanos y africanos, respectivamente. Solo un 3% corresponde a los estudiantes hispanoamericanos que se desplazan a otras regiones del mundo a estudiar. Los destinos son, fundamentalmente, los países de habla inglesa, contrastando la escasa presencia de estudiantes hispanoamericanos en los escenarios internacionales en comparación con la movilidad de los estudiantes asiáticos presentes en otros países distintos al de origen.  Por otro lado, los datos confirman que Hispanoamérica no es una región destino de preferencia para los estudiantes internacionales, ni tampoco para docentes e investigadores. Si la  movilidad con otros espacios y terceros países no es significativa, tampoco lo es a nivel regional. Solo España, aún no siendo un destino objetivo prioritario para el conjunto de los estudiantes internacionales, sí ha visto incrementar su número en los últimos años, como también ha sido el caso para la mayoría de los países de la OCDE.  Y también España es el principal destino cuando nos limitamos a observar la movilidad en el ámbito hispanoamericano. Si centramos el análisis en la movilidad estudiantil de carácter recíproco, con reconocimiento de los períodos de estudios cursados, y enmarcada en acuerdos inter-institucionales, la región hispanoamericana también muestra un importante retraso con respecto a otras regiones, particularmente con respecto a Europa (con la lógica excepción de España, por pertenecer también al espacio europeo). Pese a los esfuerzos que desde mediados de los años 90 se han realizado en la región con la creación de numerosos programas de movilidad estudiantil, el número de estudiantes que participan en ellos es todavía ínfimo si se compara con la matrícula de las universidades, todo lo contrario de lo que ha ocurrido en Europa en la que las cifras han ido creciendo de manera significativa.

Cierto es que se está realizando un gran  esfuerzo por contrarrestar esta tendencia, observándose el interés creciente por parte de los distintos actores del área hispanoamericana en promover y desarrollar diversos tipos de movilidad. Se trata de programas con estructuras muy diversas (bilaterales o en red), dirigidos a distintos estamentos (estudiantes, académicos, investigadores, personal de administración y servicios, o englobando a varios  de ellos), centrados en aspectos docentes, investigadores o de servicios,  y afectando a diversos niveles académicos (grado, postgrado o doctorado). Como ejemplos más significativos de esas iniciativas de movilidad a nivel de la región cabe citar los Programas de PAME-UDUAL, el de la Red de Macrouniversidades, ALAFEC, Escala de AUGM (Asociación de Universidades Grupo Montevideo), CRISCOS, MARCA o el Programa JIMA.  A ellos hay que añadir aquellos que incluyen a España en la movilidad  en red, caso del Programa PIMA de la OEI o bien aquellos que tienen a España como principal punto de destino, como por ejemplo las becas MAEC. Las líneas de actuación también afectan a académicos e investigadores, pero de nuevo ocupando España un papel protagonista. Como ejemplo de Programa en Red, podemos citar el CYTED (Ciencia y Tecnología para el Desarrollo), en el que España aporta al menos el 50% del presupuesto. Sin embargo, laq mayoría de los programas existentes muestran sistemas organizativos y de gestión muy heterogéneos, sin una estrategia suprarregional bien definida, a diferencia de lo que ocurre en los Programas lanzados por la Comisión Europea en los ámbitos docente, investigador o cultural.

La movilidad por lo tanto, y a pesar del gran esfuerzo realizado por las universidades hispanoamericanas, requiere de una estrategia más estructurada y mejor coordinada que permita incrementar los períodos de aprendizaje en el exterior, dentro de un marco institucional que asegure el retorno tanto de académicos e investigadores como de estudiantes. Se requiere la creación de programas que favorezcan la inversión en el conocimiento en las universidades de la región, en colaboración con las instituciones de educación superior de otros espacios y, naturalmente, con las del propio espacio hispanoamericano, ya que no podemos olvidar la enorme fortaleza de un número significativo de universidades hispanoamericanas dentro de ese marco tan heterogéneo de la educación superior en la región.

Partiendo de la realidad existente, los diversos actores e instancias relacionas con el ámbito de la educación superior en Hispanoamérica se manifiestan abiertamente por la creación de un sistema de movilidad académica a escala hispanoamericana, un sistema estructurado y organizado siguiendo las experiencias europeas. La relevancia de la creación de un “Sistema Regional de Movilidad Académica”  se ha puesto también de manifiesto en los estudios llevados a cabo por la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) y la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana).

Sin embargo la creación de un Sistema de Movilidad Regional de esta naturaleza no es tarea fácil. En esa dificultad tiene mucho que ver las propias características de sistemas universitarios tan heterogéneos. Al mismo tiempo, el análisis de las iniciativas de movilidad existentes, nos permiten observar las dificultades prácticas para poner en marcha un modelo sostenible en el tiempo y con impacto real tanto a nivel docente e investigador como en el desarrollo de la propia región.

La creación de un Sistema estructurado de Movilidad Regional implica tomar decisiones frente a una serie de factores de orden cultural, económico e incluso político, que van mucho más allá de los costes que ya de por sí limitan y obstaculizan los procedimientos y mecanismos de la movilidad. Algunas de las limitaciones y dificultades tienen que ver con la organización y coordinación de la movilidad, la escasa o mal coordinada financiación, los distintos calendarios académicos, la falta de información entre los diferentes sistemas, el exceso de  burocracia y las dificultades en los procedimientos, o incluso las políticas migratorias, pero sobre todo con todas aquellas cuestiones relativas a la diversidad y heterogeneidad de los sistemas educativos y a la calidad de la educación superior y de sus instituciones y programas. A estas dificultades, habría que añadir problemas específicos que demandan una estrategia de actuación decisiva, como es la escasez de doctores en muchos países hispanoamericanos, la situación del tejido investigador de muchas de las IES de la región, la ausencia de definición clara de áreas prioritarias, que además difieren en las distintas sub-regiones, y la diferente implicación de los distintos países en el abordaje de estas cuestiones.

Veamos algunos detalles sobre las anteriores consideraciones partiendo del análisis de la situación actual y de las iniciativas de movilidad que se han llevado a cabo en la región:

1º, A diferencia de los programas europeos, los distintos programas de movilidad existentes en Hispanoamérica no han contado con una coordinación central que optimice los esfuerzos que realizan las distintas instituciones. Ante la ausencia de un organismo regional, como la Comisión Europea, y de instancias nacionales coordinadoras, las propias universidades, algunas redes y un variable número de organismos se han encargado de establecer programas de movilidad sin ningún tipo de coordinación entre los mismos. Como excepción, aunque limitado a estudiantes, puede destacarse el programa PIMA de la OEI, que ha tratado de cubrir  toda la Región, y ha realizado esfuerzos de articulación con otras instituciones, como es el caso de los convenios llevados a cabo con la AUGM y con la Junta de Andalucía para promover el Programa ESCALA y los intercambios entre las universidades andaluzas y las instituciones hispanoamericanas, respectivamente.

2º, Los programas de movilidad existentes en la Región son financiados  en la mayoría de los casos por las propias universidades (ESCALA-AUGM, PAME-UDUAL, CRISCOS, entre otros), por los propios participantes (CINDA) y en ocasiones por entidades financieras (Grupo Santander en el caso de la Red de Macrouniversidades).  La limitada capacidad de recursos de la mayoría de las instituciones representa un  obstáculo para estimular la movilidad, y en los casos en los que ésta es costeada por los estudiantes aparece el problema de la falta de equidad y la desigualdad de oportunidades. Un aspecto recurrente entre las autoridades y representantes de  las instituciones, se refiere a que el sistema de movilidad que se pudiera desarrollar, de manera coordinada para la Región, debe diseñarse teniendo en cuenta que no debería discriminar a aquellas personas con bajos recursos económicos. Hay que recordar que en el caso de Europa, aún cuando la movilidad siempre supone un coste, las fuentes de financiación (Comisión Europea, Estados a través de las Agencias Nacionales, entre otras) están coordinadas entre sí, además de existir sistemas nacionales de becas u otros mecanismos similares de apoyo al estudio que contemplan su portabilidad entre los distintos países.

Otro problema es la financiación que requiere la cooperación internacional en materia de infraestructura científica y redes de investigación. La Unión Europea dispone de Programas en esta línea para cooperación con terceros países, y en el ámbito hispanoamericano podemos destacar el Programa Cumbre de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) en su mayor parte financiado con fondos españoles. Pero no existen otros Programas regionales propios articulados en esta línea.

3º, Las universidades en Hispanoamérica presentan una gran heterogeneidad en cuanto a la organización de sus programas de estudio. Sin ánimo de ser exhaustivos, algunos ejemplos son los siguientes:

  • Los períodos académicos se organizan de formas muy diversas. En algunos países coexisten programas semestrales y anuales. Por ejemplo en Honduras, México o Nicaragua pueden existen hasta cuatro períodos. Algunos programas se inician en enero, otros en marzo y otros en septiembre.
  • Los criterios para la admisión de estudiantes difieren igualmente. En algunos países los estudiantes deben realizar un examen de admisión a nivel nacional.  En otros solo se requiere el título de bachillerato.
  • Para la graduación, se requiere desde una tesis, hasta una experiencia práctica o la prestación de servicios sociales.
  • Las calificaciones se estructuran de diversas maneras, desde sistemas cuantitativos a cualitativos.
  • En la mayoría de los países, la educación superior está regulada y controlada por el Ministerio de Educación. En otros, como Guatemala, la Universidad de San Carlos, la única universidad pública del país, asume esa responsabilidad, situación que también se observa en Uruguay.
  • Existen regímenes distintos según se trate del sector público o el privado.  Por ejemplo en Venezuela y Uruguay, las instituciones públicas gozan de total autonomía, mientras que las privadas están sujetas a las regulaciones del Ministerio de Educación Superior para el reconocimiento de períodos de estudios realizados en el exterior.
  • Existe una diversidad de términos que hacen difícil la comprensión de los distintos sistemas de educación superior.  Las denominaciones de los niveles académicos es diferente, y asimismo difieren los mecanismos y formas para establecer equivalencias. Términos como “reconocimiento”, “homologación”, “convalidación”, “equiparación”, “equivalencia”, ó “reválida”, tienen distinto significado según los países.

A todo lo anterior se suma la impresión generalizada de desconocimiento sobre los sistemas de educación superior de la región que además, como hemos comentado, se caracterizan por ser extremadamente heterogéneos y diversos.  Si la movilidad tiene como uno de sus principios la confianza mutua, resulta imprescindible establecer mecanismos que permitan un permanente y fluido intercambio de información, tanto sobre los diferentes sistemas como sobre los planes curriculares, el contenido de los programas, los métodos de enseñanza y de evaluación así como de los mecanismos de acreditación de la calidad.

4º, La apuesta por la movilidad exige de políticas nacionales y regionales tanto para aquellos países receptores como para los países de origen. La obtención de los visados se ha convertido en una dificultad  permanente en todos los programas de movilidad que existen en la Región.  Hay que tener en cuenta, al mismo tiempo, que los programas de movilidad no deben ser la cobertura para la emigración irregular , y al mismo tiempo hay que asegurar el retorno y evitar la fuga de cerebros, cuestión fundamental para favorecer el desarrollo y que debe tener una importancia política clave.

5º, Como hemos comentado anteriormente para la creación de un Sistema Regional de Movilidad Académica, resulta fundamental abordar cuestiones complejas que tienen que ver con la diversidad y heterogeneidad de los sistemas educativos de la región, con la calidad de la educación superior y de sus instituciones y programas y con el reconocimiento de los períodos y estancias realizadas en el exterior.  Se reconoce que la calidad de la educación superior requiere de la dimensión internacional, y al mismo tiempo el potenciar la dimensión internacional implica determinados niveles de calidad académica. La movilidad no puede estar disociada de la calidad e incluso para algunos países,  es necesario que se lleve a cabo sobre la base de la acreditación previa. Pero en la Región se observa una gran diversidad de sistemas de acreditación y de mecanismos para asegurar la calidad e incluso, en algunos casos, no existen mecanismos realmente fiables. En estudios realizados para UNESCO se reconoce que, aunque en muchos países de la región se han realizado progresos significativos en la implantación de sistemas que certifiquen la calidad académica, muchos de ellos se encuentran en distintas etapas de desarrollo.

Mientras que en la Unión Europea se han avanzado mucho en la comparación de los estudios y en la compatibilidad de los títulos, algo a lo que no ha sido ajeno la gran experiencia obtenida tras muchos años de movilidad, en Hispanoamérica todavía se habla de otros temas más relacionados con el acceso o el reconocimiento entre países. En las cuestiones referidas al reconocimiento una de las grandes dificultades que se observa en Hispanoamérica es la diversa serie de mecanismos, procesos y terminologías que existen en cada uno de los países, lo que dificulta en la práctica el efectivo funcionamiento de las relaciones multilaterales. Si bien es cierto que muchas universidades, en base al establecimiento de convenios bilaterales,  han generado paulatinamente  criterios comunes en lo que respecta al contenido de los estudios, a la carga de trabajo y a las competencias que se deben desarrollar (caso del Programa PIMA de la OEI,  del Programa JIMA entre el CIN de Argentina y la ANUIES de México, por citar algunos ejemplos), aún no se han desarrollado mecanismos o instrumentos claros y efectivos que afecten a toda la región.

En cuanto a las instancias encargadas de llevar a cabo el reconocimiento, también son diferentes según el país.  Pueden ser:

  • Las universidades públicas, nacionales o estatales (Argentina, Bolivia, Brasil, Nicaragua y Perú) o una de ellas (Universidad de Chile en Chile, la Universidad de San Carlos en Guatemala, la Universidad de Panamá en Panamá, la Universidad Nacional de Asunción en Paraguay, la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la República Dominicana o la Universidad de la República en Uruguay).
  • Las instancias gubernamentales (Ministerio de Educación Nacional en Colombia, el Departamento Jurídico del Ministerio de Educación Superior de Cuba, la Dirección Nacional de Educación Superior en El Salvador, la Dirección General de Profesiones en México, y el Ministerio de Educación Superior en Venezuela).
  • En otros casos, los organismos responsables son los Consejos de Rectores o las Asociaciones de Universidades – la Asociación Nacional de Rectores de Perú reconoce así los títulos obtenidos en los países con los que existe un convenio de reciprocidad,  y  en Ecuador, es el Consejo Nacional de Universidades y Escuelas Politécnicas –CONESUP el organismo que reconoce  los títulos expedidos en el extranjero.

Pero no solo se debe conocer las instancias responsables, sino también los convenios bilaterales firmados entre algunos países de la región que incluyen el reconocimiento mutuo, o aquellos acuerdos multilaterales que también expresan ciertas disposiciones al respecto, caso del Convenio Regional de Convalidación de Estudios, Títulos y Diplomas auspiciado por la UNESCO, o el acuerdo establecido entre los países del Convenio Andrés Bello.

En definitiva, son numerosas las condiciones que dificultan la movilidad estudiantil, académica e investigadora. Si queremos resaltar un elemento positivo: la lengua. El uso común del español favorece, sin duda, la movilidad en la Región. El idioma común representa una gran ventaja, y al mismo tiempo una gran fortaleza, como elemento básico de los programas de movilidad, pero sobre todo para la creación de un Espacio Hispanoamericano del conocimiento. Por otro lado, los programas existentes se extienden también a Brasil y, en muchas ocasiones, a Portugal, aunque esta situación no representa realmente un problema para la movilidad académica, tal como se ha visto en iniciativas como el programa ESCALA del Grupo Montevideo. Destacar que el gobierno brasileño se fijó como objetivo el que 12 millones de estudiantes de secundaria hablen el español en el 2010.  Con dicha estrategia, Brasil persigue fomentar los convenios de cooperación con países vecinos como Argentina, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay. Otra cuestión diferente es cuando en la movilidad, ya sea bilateral o en red, participan también  países de otros espacios educativos. A modo de ejemplo, la movilidad docente Erasmus en España está limitada por las dificultades lingüísticas para impartir docencia en otro idioma distinto del español, a diferencia de lo que ocurre con las estancias en el extranjero de carácter investigador, en las que las posibles limitaciones en idiomas se compensan con otros recursos.

Podemos afirmar pues, que existen numerosas dificultades, salvo la lengua, para el desarrollo de la movilidad y se requiere llevar a cabo acciones de calado,  tanto por parte de los Estados como de las propias instituciones de educación superior, si se quiere que la movilidad académica contribuya al desarrollo de la Región. Pero sobre todo, la eficacia que pudiera tener la creación de un “Sistema Regional de Movilidad Académica” está supeditada a los avances que puedan producirse en armonizar los distintos sistemas educativos, cuya heterogeneidad realmente representa la máxima dificultad.

Realmente el que un “Sistema Regional de Movilidad Académica”se desarrolle con los resultados esperados para el conjunto de la región, exige trabajar en conjunto y en paralelo sobre la convergencia o armonización de los diferentes sistemas educativos, dado el grado de dispersión y fragmentación de los sistemas nacionales de educación superior.  Las pocas acciones llevadas a cabo no han ido más allá de una demostración de buena voluntad, pero en la práctica no se han desarrollado propuestas concretas que aborden la compatibilidad de los distintos sistemas,  excepto quizás por la experiencia llevada a cabo en la región del MERCOSUR, con el MERCOSUR Educativo y en Centro América desde el Consejo Superior Universitario Centroamericano.

La necesidad de superar el desconocimiento o la misma prevención existente en la Región por la eficacia de los sistemas de educación requiere del establecimiento de herramientas de transparencia. Los reconocimientos de estudios solo son posibles si existe una garantía de  calidad académica en los programas impartidos en la otra institución, de manera que se estimen equiparables a los de la universidad de origen. Es decir, que existan bases sólidas de confianza mutua, lo que no es posible si no se establecen criterios comunes en el establecimiento de mecanismos de control y acreditación de la calidad docente e investigadora.  La convergencia de los sistemas de educación superior en Hispanoamérica requiere, por tanto, de un trabajo conjunto entre los gobiernos, las instituciones de educación superior, los organismos internacionales, intergubernamentales y multilaterales implicados en la educación superior, además de la participación decidida de las redes y proyectos interuniversitarios en desarrollo. Destacar algunas iniciativas y proyectos de diversos organismos que pueden contribuir a ello:

1º, Las iniciativas de IESALC/UNESCO. El Instituto Internacional para la Educación Superior es un organismo de la UNESCO dedicado a desarrollar en la región el programa en materia de educación superior que la Conferencia General aprueba bianualmente. IESALC/UNESCO está actualmente desarrollando tres proyectos de interés que deberían coordinarse con el establecimiento del Sistema de Movilidad Académica Regional propugnado en las últimas Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno:

  • El Proyecto sobre las tendencias de la educación superior en Iberoamérica, que se propone estudiar desde un enfoque prospectivo, las grandes tendencias y cambios que ocurren en la región, para definir escenarios a largo plazo que puedan ser una referencia en la definición de políticas y estrategias estructurales.
  • El Proyecto Mapa de Estudios Superiores en la Región (MESALC), cuyo objetivo es desarrollar un instrumento de descripción y análisis de las distintas instituciones y sistemas de educación superior de la región,  un instrumento que debe  contribuir al conocimiento del estado de la educación superior y  servir de ayuda en la formulación y seguimiento de políticas. Es obvio que la información y los diagnósticos que pueden obtenerse a partir de un mapa de esta naturaleza serían muy útiles en el establecimiento de un Sistema de Movilidad Regional basado en la transparencia.
  • El Proyecto de estudio comparado sobre los distintos sistemas de evaluación y acreditación de la calidad de los postgrados en lIberoamérica, con el que se pretende promover la integración de las políticas, criterios y procedimientos de evaluación y acreditación de los programas académicos en toda la región, así como construir, por adhesión, un sistema supranacional de evaluación que establezca los criterios principales y comunes para medir la calidad de los cursos de maestría y doctorado en los diferentes países. Mediante esta estrategia, el IESALC/UNESCO, la Coordinación de Perfeccionamiento de Personal en el Nivel Superior -CAPES de Brasil, el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria -CONEAU de Argentina y la Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior -RIACES, están sumando esfuerzos para dar un paso significativo en la mejora de las maestrías y doctorados, sobre todo en lo que se refiere al nivel de los docentes universitarios y de los programas de estudios.

2º, En esta misma línea debemos destacar también las actuaciones de  RIACES (Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior), constituida formalmente en mayo de 2003, como asociación de agencias y organismos de evaluación y acreditación de la calidad de la educación superior, que trata de acercar  procedimientos y criterios de manera independiente. Como ya hemos comentado, la credibilidad y el reconocimiento parten de la garantía de la calidad de los programas y de las instituciones, de manera que las actuaciones que permitan acercar criterios y metodologías facilitarán, sin duda alguna, la efectividad de los programas de movilidad.

3º, Los trabajos del  Proyecto 6X4 UEALC En el marco de la cooperación con la Unión Europea se estimó oportuno que, a través de un proceso de diálogo y trabajo conjunto entre universidades en la modalidad de redes, se podrían aprovechar las experiencias de la Unión Europea. El Proyecto 6 x 4 UEALC trataba de analizar seis Titulaciones (Administración, Ingeniería Electrónica, Medicina, Química, Historia y Matemáticas) en cuatro ejes (Competencias profesionales, Créditos Académicos, Evaluación y Acreditación y Formación para la Investigación y la Innovación) con la finalidad de proponer condiciones que pudieran propiciar una mayor compatibilidad y convergencia de los sistemas de educación superior en Iberomérica y su comparación con los de la Unión Europea.  Tras dos años de trabajo, en el que participaron más de cincuenta universidades de ambos lados del Atlántico se lograron algunas aproximaciones entre las que destacan dos en particular:

- el establecimiento de un sistema de créditos académicos

- la puesta en marcha de un Complemento al Título, documento que debe ofrecer información sobre las características de los sistemas de educación de cada país y del programa seguido por el estudiante, documento que ya se está emitiendo por parte de algunas de las universidades participantes en el proyecto.

4º, El Proyecto Tuning, sigue también esta misma línea de trabajo. Lo que originalmente fue una experiencia exclusiva de Europa, a partir del 2004 se trasladó al ámbito iberoamericano. Tuning es un proyecto intercontinental, financiado en gran parte como una red Alfa de la Comisión Europea, que se ha nutrido de los aportes de académicos de ambos continentes y que estableció cuatro líneas de trabajo en doce áreas del conocimiento.  Las líneas de trabajo fueron: Competencias (genéricas y específicas de cada área temática), enfoques de enseñanza, aprendizaje y evaluación de  competencias, créditos académicos y calidad de los programas.  El proyecto contó con la participación de 190 universidades de 19 países de la región.  Las áreas del conocimiento tratadas fueron: Arquitectura, Derecho, Enfermería, Física, Geología, Ingeniería, Medicina y Química. Las propuestas resultantes de este proyecto, al igual que las del 6x4 UEALC, pueden llegar a significar un apoyo de gran valor a la movilidad académica a nivel hispanoamericano, sin olvidar las posibilidades de cooperación con las universidades de la Unión Europea.

En definitiva todas las anteriores iniciativas pueden representar elementos de interés para ayudar a promover la movilidad en el ámbito hispanoamericano, y al mismo tiempo poner las primeras piedras en la construcción de un futuro Espacio Regional del Conocimiento. Por ello sus actividades y resultados deben tenerse muy en cuenta en el establecimiento de ese Sistema Regional de Movilidad Académica, ya que realmente la problemática asociada al reconocimiento y comparación de los títulos universitarios (cuestión relevante para cualquier sistema de movilidad académico) sigue siendo importante y compleja, máxime en una región tan heterogénea en el ámbito de los estudios superiores como es Hispanoamérica.

Como hemos podido comprobar son muy diversas y significativas las dificultades con las que se enfrenta la movilidad académica en el espacio hispanoamericano, por lo que la articulación de un Sistema Regional no resulta tarea fácil. Aún así todas las instancias académicas y gubernamentales manifiestan su interés en el desarrollo de la movilidad. Todas las declaraciones de las Cumbres de Jefes de Estados y de Gobierno de la región, las conjuntas con la Unión Europea, las de las conferencias de rectores hispanoamericanos, las conferencias regionales de educación coinciden también en ello. No en vano cada vez existe un mayor número de programas regionales de movilidad en todos los espacios de la geografía mundial, desde Asia con su programa  Mobility in Asia and the Pacific –UMAP, hasta Europa con sus iniciativas y los Estados Unidos con “The Lincoln Study Abroad Program”. Preocupa que la región hispanoamericana, y por extensión Iberoamérica,  quede excluida o rezagada, pero la movilidad exige de un trabajo sistematizado a través de instrumentos que permitan no sólo un mayor número de movilidades académicas  sino que también generen un impacto destacado en lo académico, lo social y lo cultural. Por todo ello, la XVI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la región encargó los estudios correspondientes para la creación de un Sistema Regional de Movilidad Académica.

En este contexto, y analizados los programas existentes y la situación de la región, cabe señalar las características que debería tener un Sistema tal como el que se plantea. Ese “Sistema Regional de Movilidad Académica” debería cumplir con una serie de principios.

- Debería favorecer el impacto regional por encima del individual,

- Debería ser sostenible en el tiempo,

- Debería articular iniciativas existentes evitándose la duplicación de esfuerzos,

- Debería ser multilateral, de manera que se produzcan transferencia de las IES  más fuertes a las más débiles

- Debería abarcar toda la región

- Debería disponer de procedimientos transparentes, ágiles y eficaces,

- Debería fortalecer la vinculación entre las estrategias de los países y las estrategias de las universidades,

- Debería tratar de integrar el sector académico con el socio-económico

- Y debería incluir un número significativo de acciones acorde con la extensión y la población de la región.

Obviamente el Sistema debería también contemplar distintos tipos de movilidades, aunque su creación progresiva exige del establecimiento de prioridades. Aún cuando muchos responsables académicos hispanoamericanos insisten en la prioridad de la movilidad de estudiantes de grado, parace más lógico dirigir en principio los esfuerzos hacia la formación doctoral y de postgrado, así como al fortalecimiento de las capacidades en investigación. En ello hay que tener en cuenta la escasez de doctores en muchos países hispanoamericanos y la heterogeneidad del tejido investigador de sus universidades. Realmente y a pesar de lo que pudiera parecer, resulta más fácil la cooperación en este último ámbito, problemas presupuestarios aparte, ya que la experiencia a través de doctorados “sándwich” o de programas tipo CYTED u otros programas europeos así lo demuestran. Por el contrario la movilidad estudiantil de grado sigue sujeta a las dificultades que hemos ya expuesto con anterioridad (fundamentalmente la heterogeneidad y transparencia de los distintos sistemas, y por consiguiente el reconocimiento académico), aún cuando los beneficios de la movilidad no deberían verse condicionados por un reconocimiento que por ahora resulta sumamente complejo.

Esas distintas opiniones son lógicas por otra parte. En Hispanoamérica existen universidades con gran fortaleza científica y académica, capaces por si mismas de cooperar a nivel internacional en esos ámbitos, pero que disponen de pocos recursos para la movilidad estudiantil. Por el contrario, para una gran mayoría el desarrollo del tejido científico resulta prioritario. En este último ámbito se consideran como más pertinentes las estancias cortas de docentes/investigadores en otras instituciones, de manera que se facilite la participación de personas de alto nivel que difícilmente pueden dejar sus ocupaciones por períodos más extensos de movilidad,  estancias de mayor duración para jóvenes investigadores y estancias tipo sándwich en el marco de proyectos de doctorado. Con respecto a la movilidad estudiantil de postgrado/doctorado la mayoría de los consultados considera como más viable la realización de módulos en España que el desplazamiento de estudiantes de doctorado españoles hacia Hispanoamérica, y asimismo se estima conveniente que se avance hacia que sean las propias universidades hispanoamericanas las que otorguen los correspondientes títulos de doctor en estos proyectos de colaboración. En cualquier caso la mayoría de las instancias se pronuncian a favor de un sistema de funcionamiento y movilidad en red, agrupando universidades con distintos niveles de desarrollo y centradas en áreas temáticas consideradas como prioritarias para el desarrollo sub-regional de los países participantes en cada red. Se trataría de alcanzar una masa crítica de doctores en toda la región, sobre todo en las áreas que se consideren prioritarias en cada país y de manera que los flujos de movilidad y la duración de las estancias de docentes/investigadores y de estudiantes favorecieran  ese objetivo.

Otra cuestión importante es aquella que afecta a los niveles organizativos de la movilidad, que podrían guiarse por la experiencia acumulada en los programas europeos, incluyendo la existencia de una instancia suprarregional siguiendo el ejemplo de las Agencias europeas (¿la Secretaría General Iberoamericana, SEGIB? ¿la  Organización de Estados Iberoamericanos, OEI?), la implicación de los gobiernos a través de instancias semejantes a las Agencias Nacionales de los países comunitarios y la colaboración decidida de las universidades, todo ello en una marco de cooperación institucionalizada, y con el establecimiento de un Observatorio externo (¿el Consejo Universitario Iberoamericano, CUIB?) que asegure el cumplimiento de las buenas prácticas y lleve a cabo trabajos de seguimiento y actuaciones que favorezcan la transparencia y el conocimiento mutuo. Por otro lado se debería contemplar fases/períodos concretos de ejecución del Programa (por ejemplo de unos 5 años), fases en las que se puedan evaluar tanto los resultados como los procedimientos para poder seguir avanzando y mejorando el diseño y la ejecución de la siguiente fase.

Otra cuestión, de no menor importancia, es el apoyo financiero al Programa que bajo nuestro punto de vista debe seguir fórmulas similares a las de los Programas europeos con participación de todas las instancias implicadas. Ya hemos comentado las dificultades en este aspecto de los actuales programas de movilidad en Hispanoamérica. La articulación de un Sistema Regional debería tener consideración de Programa Cumbre, con aportaciones de todos los Estados, al tratarse precisamente de una iniciativa que ha sido planteada en las propias Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno. No podemos olvidar tampoco los instrumentos actuales de financiación que en gran parte, por la descoordinación existente, no se utilizan todo lo eficientemente que se debiera, así como con fuentes de financiación a partir de otros agentes socio-económicos interesados en el desarrollo de las distintas subregiones, lo que por otra parte ya se produce en la actualidad (ej. Programa de la Red de Macrouniversidades).

El establecimiento de un Sistema Regional debe también establecer sus nexos de colaboración con otros espacios. Un Sistema encerrado en sí mismo, y sobre todo en Hispanoamérica, difícilmente serviría para responder a las necesidades de desarrollo de la región. La posición de España plantea lo lógico de la colaboración con la Unión Europea. La Declaración política, conjuntamente con la Unión Europea, sobre la constitución del Espacio UEALC, fue realizada durante la conferencia de Ministros de Educación de ambas regiones en el año 2000 en París. Se dispone asimismo de experiencias de colaboración entre los dos espacios, aún cuando adolezcan de falta de coordinación y estructuración, salvo quizás las redes establecidas con Hispanoamericana en el marco de Alfa o de determinadas acciones de Erasmus Mundus. Destacar asimismo  la labor que podrían desarrollar asociaciones  como la European University Association (EUA) o Grupos de Universidades (Grupo Santander, Grupo Coimbra, Grupo Compostela, entre otras)  en esta línea de cooperación académica con Hispanoamérica. A título de ejemplo citar “el Plan de Acción de Turín para la cooperación universitaria” (noviembre, 2000) en el marco del Programa Columbus.

Y naturalmente tampoco olvidar las relaciones que un “Sistema Regional de Movilidad Académica” debería establecer con espacios educativos dentro del bloque de integración en el continente. Realmente estamos ante una región de regiones que ya ha iniciado procesos de integración entre la serie de bloques sub-regionales que buscan la unificación de sus actividades económicas y políticas, tratando de generar equilibrios a través de la cooperación. Algunos han avanzado de manera significativa; otros se han quedado en meras declaraciones.  Sin embargo, es de resaltar la importancia que todos los países reconocen a la movilidad como una de las vías para alcanzar mayores niveles de “competencia”. A este respecto debemos citar el MERCOSUR y la Comunidad Andina de Naciones, CAN,  conformando conjuntamente la Comunidad Sudamericana de Naciones, o el Sistema de Integración Centroamericana, SICA, dentro del cual el Consejo Superior Universitario ya ha presentado su Tercer Plan para la Integración Regional de la Educación Superior Centroamericana.

Por todo lo dicho, ese “Sistema Regional de Movilidad Académica” se plantea como una estrategia de integración en el proceso del futuro desarrollo del Espacio Iberoamericano del Conocimiento, EIC.  De cualquier forma, y aunque el efectivo desarrollo de un Espacio de esa naturaleza no se vislumbre en un futuro próximo, la puesta en marcha de todo sistema de cooperación universitaria a nivel regional, transparente y sostenible, sin duda deberá ayudar a responder a los retos que tiene Hispanoamérica en el momento actual. Solventar todas las dificultades que hemos mencionado queda lejos aún, pero un primer paso es avanzar hacia la articulación de ese Sistema Regional de Movilidad. La primera piedra se acaba de poner, con la aprobación del Programa Cumbre Pablo Neruda por parte de los Jefes de Estado y de Gobierno. Se trata, tal como hemos señalado, en avanzar prioritariamente en redes de postgrado, doctorado e investigación, para posteriormente seguir avanzando en todos los retos indicados.  Queda, sin duda mucho por hacer, pero con el esfuerzo y la cooperación de todos, las dificultades seguro serán más livianas

 

ANEXO. SIGLAS DE PROGRAMAS E INSTRUMENTOS

CINDA (Programa de Movilidad Internacional del Centro Interuniversitario de Desarrollo, Chile y universidades de Europa e Iberoamérica asociadas al Programa)

CRISCOS (Programa de Movilidad del Consejo de Rectores por la Integración de la Subregión Centro Oeste de Sudamérica)

CYTED (Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, Programa Cumbre)

ESCALA (Programa Espacio Común Académico Ampliado, Asociación de Universidades Grupo Montevideo)

ERASMUS (European Region Action Scheme for the Mobility of University Students, Unión Europea)

JIMA (Jóvenes de Intercambio México- Argentina)

LSAP (Lincoln Study Abroad Program, Estados Unidos)

MAEC (Programa de becas del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, España)

MARCA (Programa de Movilidad Académica Regional para Cursos Acreditados, MERCOSUR)

MESALC (Proyecto Mapa de Estudios Superiores en Iberoamérica, UNESCO)

PAME-UDUAL (Programa Académico de Movilidad de la Unión de Universidades de AL)

PCI (Programa de Cooperación Interuniversitaria, Agencia Española de Cooperación Internacional)

PIMA (Programa de Intercambio y Movilidad Académica, Organización de Estados Iberoamericanos)

PIRESC (Plan para la Integración Regional de la Educación Superior Centroamericana)

UMAP (University Mobility in Asia and the Pacific)

 

SIGLAS DE ORGANISMOS, ASOCIACIONES Y REDES

AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, España)

ANUIES (Asociación Nacional de Universidades, México)

AUGM (Asociación de Universidades Grupo  Montevideo: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay)

CAN (Comunidad Andina de Naciones)

CAPES (Coordenação de aperfeiçoamento de pessoal de nível superior, Brasil)

CIN (Consejo Interuniversitario Nacional, Argentina)

CONEAU (Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, Argentina)

CONESUP (Consejo Nacional de Educación Superior, Ecuador)

CSUCA (Consejo Superior Universitario Centroamericano)

CUIB (Consejo Universitario Iberoamericano)

EIC (Espacio Iberoamericano del Conocimiento)

EUA (European University Association)

OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico)

OEI (Organización de Estados Iberoamericanos)

RIACES (Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad de la Educación Superior)

SEGIB (Secretaría General Iberoamericana)

SICA (Sistema de Integración Centroamericana)

UNESCO- IESALC (Instituto Internacional para la Educación Superior en Iberoamérica y Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

 

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