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DISCURSO DE PRESENTACIÓN DEL CATÁLOGO DEL FONDO MANCHEÑO,
 

Rosario Martínez López,

Arcos de La Frontera, 16 de octubre de 2009

2009.10.16 presentacin libro fondo mancheo 3Celebramos hoy en este magnífico recinto arquitectónico del siglo XV que es la Capilla de La Misericordia,  una Sesión solemne entre el Excmo. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera y la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Letras y Artes de Cádiz. Nos hemos reunido aquí con un propósito muy definido: presentarles a Vds. y  al mundo científico en general, el catálogo de una Biblioteca que hasta el momento ha sido una de esas colecciones ocultas y desconocidas del panorama bibliográfico de nuestra Provincia. Un legado que la Real Academia tuvo el privilegio de recibir en el año 1925 de manos de uno de sus Académicos Correspondientes y entonces Académico electo, D. Manuel Martín de Mora. Una biblioteca con unos fondos que, si no por la cantidad sí por la calidad y la significación de los mismos, tienen para todos nosotros un valor incalculable. Porque esos libros habían formado parte nada más y nada menos que de la Biblioteca privada de uno de los hijos más ilustres de esta ciudad y que está unido para siempre a su memoria : D. Miguel Mancheño y Olivares.

Y hemos venido hasta aquí, en primer lugar, porque a D.  Miguel no le habría gustado que este catálogo se hubiera presentado en otro sitio y por encima de todo, porque desde 1925 la Real Academia, al aceptar la custodia de ese legado personal, había contraído una deuda histórica con esta ciudad. Hemos tardado en llegar casi 90 años... pero aquí estamos.  Y a fin de cuentas,  qué son 90 años para un arqueólogo... Al igual que ocurre con el patrimonio arqueológico, el paso del tiempo no ha hecho más que ennoblecer la calidad de las ediciones de esos libros que un día constituyeron el universo particular de D. Miguel Mancheño. Porque tienen Vds. que saber que la Academia recibió en 1925 los libros que D. Miguel quiso retener a su lado tras la generosa donación que realizaría en 1914 a la Biblioteca Pública Provincial de Cádiz. Aquellos libros, folletos, revistas y manuscritos que le acompañaron hasta el final de sus días, de los que no se quiso separar porque en definitiva, constituían la memoria del investigador, los más consultados, los más leídos, los más queridos, la colección más íntima... los libros que seguía hojeando cuando sus ojos apenas podían leer, y que probablemente  su compañía diera sentido a los últimos años de su vida.

Es verdad que nadie se muere del todo mientras permanezca vivo su recuerdo y es evidente que Arcos nunca  olvidó a su Hijo Predilecto. Hoy en el  curso de este solemne acto, honramos  la memoria de este extraordinario  intelectual  y qué mejor tributo se puede ofrecer a quien consagró toda su vida a recomponer la memoria histórica de sus mayores que anunciar al mundo que su legado ha sobrevivido al paso de los años y que con la publicación de este Catálogo y la posibilidad de su consulta a través de Internet, lo hemos convertido en un instrumento al servicio de los estudiosos e investigadores de todo el mundo. Sus libros, que él nunca pensó que eran nada más que eso, sus libros de cabecera, hoy constituyen no sólo una de las Secciones más interesantes de la Biblioteca de la Real Academia sino por encima de todo, una puerta abierta al mundo y a la cultura. Bien podemos anunciar que hoy, gracias a las nuevas tecnologías de la información, los libros de D. Miguel Mancheño vuelven a casa.

Cuando  el pasado año se presentaban en sociedad las nuevas instalaciones de la Biblioteca de la Real Academia -ubicada en el Centro Cultural Reina Sofía, gracias a la ayuda institucional prestada por el Excmo. Ayuntamiento de Cádiz- en mi intervención, yo calificaba la colección bibliográfica como un patrimonio casi de carácter arqueológico por el hecho de haber sobrevivido al paso de los años en situaciones muy graves y muy adversas. Me hacía eco de los 30 años que los libros habían permanecido embalados en cajas de cartón, almacenados en el ático del Casino Gaditano; de cómo, ante el peligro de una inundación, D. Antonio Orozco, entonces Bibliotecario de la Academia, no tuvo más alternativa que acogerlos en su propio domicilio donde permanecieron más de 20 años; y de cómo, tras el convenio firmado en 1998 entre el Excmo. Ayuntamiento de Cádiz  y la Real Academia, habían llegado a las dependencias de la Biblioteca Municipal José Celestino Mutis donde se iniciaron los trabajos de catalogación... Hoy viendo este catálogo impreso, gracias al apoyo incondicional que hemos recibido de este Ayuntamiento y especialmente de su Alcaldesa, su supervivencia a todos estos avatares me parece casi un milagro... un milagro que no habría sido posible sin la sensibilidad de quienes se hicieron eco en su momento de las inquietudes que en el mundo de la cultura significa siempre la destrucción o el abandono de un patrimonio bibliográfico tan rico. Entre ellos no quiero dejar de mencionar al Dr. Sánchez Saus, anterior Director de la Academia que convirtió la organización de la Biblioteca en uno de sus proyectos prioritarios.

Todos Vds. saben que la trascendencia  del patrimonio bibliográfico reside sobre todo en su valor cultural. A través del mismo se recoge, se difunde, se conserva y se transmite la cultura, tanto a las generaciones del momento como a las venideras y ese matiz de salvaguarda de la Memoria de la Humanidad, lleva implícita la obligatoriedad de conservarlo y de hacerlo accesible a la consulta pública… Estos libros y estos documentos  son además las credenciales de nuestro pasado, y  sabemos que la posesión de ese patrimonio cultural celosamente conservado, contribuirá a configurar una imagen prestigiosa y solvente de nuestra Academia, una imagen que nos sería muy difícil exhibir ante la sociedad sin esos bienes patrimoniales previos que son los que, a fin de cuentas, conforman nuestra personalidad jurídica y social.

Pero es muy cierto que no se puede preservar o proteger lo que no se conoce, y que para conocer el patrimonio bibliográfico y documental de una institución, de una localidad o de un país, es necesaria la publicación de un catálogo o de un inventario, requisito indispensable para su puesta en valor, su difusión y su protección. Pero nuestra Academia supo enseguida que esa voluntad de difusión de lo que era entonces un patrimonio bibliográfico poco conocido, no era una tarea fácil y que, dada la envergadura del proyecto editorial, mucho menos podría asumirlo en solitario. De ahí la importancia del esfuerzo que ha realizado el Excmo. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera para la edición de esta obra, esfuerzo avalado como siempre por la empresa IBERDROLA, una de las compañías energéticas más prestigiosas de nuestro país y más comprometidas con el desarrollo sostenible y el cuidado del Medio Ambiente y debo decir que en contra de lo que se pudiera pensar, el logotipo de su empresa en el pie de imprenta del Catálogo, otorga, sin lugar a dudas, un valor añadido a la publicación.

Creo que es mi deber mencionarles a Vds. que la Real Academia se vio gratamente sorprendida por la inmediata respuesta de la Alcaldesa de Arcos que no dudó en trasladarse a nuestra sede para evaluar personalmente la importancia del proyecto. Les aseguro que no fueron necesarias muchas explicaciones para que la Sra. Caro advirtiera la calidad del fondo bibliográfico de D. Miguel Mancheño, ni para descubrir en aquellos libros y legajos que habíamos desplegado en las mesas de la Biblioteca, el extraordinario  trabajo realizado por una persona que también amó a su ciudad por encima de todo y cuya vida estuvo consagrada a un solo objetivo: perpetuar la memoria histórica de Arcos. Estoy convencida que la Historiadora vería asimismo las futuras fuentes documentales y bibliográficas que de seguro alimentarían eventuales trabajos de investigación sobre la Historia arcense.  No es la primera vez que el pasado de esta ciudad representa para su Alcaldesa la mejor herencia y la mejor carta de presentación ante sus ciudadanos. Es por ello por lo que nuestro agradecimiento institucional va más allá de lo meramente protocolario y conscientes de la enorme labor realizada por la Sra. Caro Gamaza, nos atrevemos desde ahora, si ella nos lo permite,  a considerarla como una estrecha colaboradora del Catálogo que hoy presentamos.

La redacción de este Catálogo no ha sido sólo una labor personal sino el trabajo de las bibliotecarias de la Sección de Bibliotecas del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, un equipo –que hoy nos acompañan- al que tengo el privilegio de dirigir, que ha puesto a disposición de este legado  sus conocimientos y su experiencia profesional y el resultado conseguido no es más que una prueba de su preparación y subsidiariamente de un talante cultural que trasciende y va más allá de su eficiencia técnica. Un equipo constituido por Isabel González Sánchez, Amparo Hidalgo Álvez, Carmen Mateos Alonso, Teresa Ruiz Mozo y Yolanda Vallejo Márquez, un grupo de profesionales que a la competencia inherente a su función, ha sabido sumar además un notable esfuerzo personal ya que, como podrán comprender, la catalogación de un fondo bibliográfico y documental de esta categoría, no ha sido el trabajo de un sólo día. Han sido muchos meses de esforzada dedicación e investigación, todo ello sin perjuicio de atender nuestras tareas cotidianas. Estamos muy orgullosas de haber sido el instrumento de esta recuperación porque sabemos que con ello, hemos contribuido al enriquecimiento cultural y científico de esta ciudad.

Por lo que a mí respecta debo confesar que nada tiene para mí más atractivo que esos fondos bibliográficos abandonados y no hay nada que me haya producido mayor satisfacción en el trascurso de mi carrera profesional, que rescatar del olvido muchas de esas colecciones. Esto es. A través de la aplicación de unas sencillas técnicas catalográficas, hacer posible que un depósito de libros se convierta en una entidad superior, en un fondo operativo listo para la consulta de estudiosos e investigadores. Poner de relieve su existencia y conseguir los medios para llevar a cabo su catalogación, no es para mi un trabajo sino un verdadero placer.

En cuanto a los textos que preceden a este catálogo, hemos cumplido con las tres obligaciones que deben contemplar el prólogo o los estudios introductorios de una publicación importante: la cortés presentación, el elogio del autor -en este caso del propietario de la Biblioteca catalogada-  y el juicio crítico en el que se glosan los méritos del contenido del libro. La elección de una historiadora como la Doctora Richarte era evidente. Sus trabajos de investigación  sobre la figura de D. Miguel Mancheño, son de todos conocidos y sus esfuerzos para la recuperación y la puesta en valor de su obra, encomiables. Pero para nosotros había además una circunstancia añadida. La Dra. Richarte había sido la primera investigadora que había accedido y trabajado la Colección Mancheño. Efectivamente en aquellos años,  la Biblioteca de la Real Academia estaba depositada en la Biblioteca José Celestino Mutis y sus circunstancias favorecían todavía su consulta por lo que podemos afirmar que sus trabajos de  investigación sobre la vida y la obra de este historiador no son más que una excelente muestra de lo que puede dar de sí la consulta de estas fuentes.

Por otra parte, durante el proceso de catalogación nos había sorprendido y a la vez nos había complicado sobremanera nuestro trabajo, la gran cantidad de folletos de obras teatrales de autores españoles, la mayoría poco conocidos para nosotros e imposibles de localizar en los más importantes repertorios bibliográficos españoles. Era por tanto imprescindible que este catálogo fuera precedido de la opinión de un profesional cualificado que se hiciera eco de la trascendencia de este particular patrimonio. D. Alberto Romero Ferrer, Profesor de la Universidad de Cádiz, experto en la recuperación del canon literario teatral del siglo XIX español, reivindica en su interesante prólogo titulado Las Galerías y Bibliotecas Dramáticas del siglo XIX, la importancia que tiene para el investigador los catálogos de este tipo en los que se conservan las ediciones de muchos autores que con el paso del tiempo han dejado de ocupar un puesto relevante en el panorama literario español y que sin embargo en su día representaban lo más granado de la escena española. …El Catálogo del Fondo Bibliográfico de Mancheño -afirma el Profesor Romero Ferrer- aunque no se trata de un Catálogo dramático exclusivamente, sin embargo, el elevado volumen de materiales teatrales que lo componen lo convierten en una interesante referencia para el estudio del teatro español del siglo XIX y sus fuentes bibliográficas y documentales.

Y es que D. Miguel Mancheño sentía devoción por el teatro lo que le llevaría a coleccionar durante toda su vida cientos y cientos de folletines, un patrimonio muy singular, hoy inhallable en el mercado de la librería anticuaria, difícil de manipular y de conservar, dada la fragilidad del papel y la mala calidad de las impresiones... unas ediciones que en la España del siglo XIX habían nacido para ser leídas, no para ser conservadas pero que Mancheño, encuadernaba cuidadosamente en volúmenes facticios y que hoy constituyen un verdadero tesoro bibliográfico. No siempre la pluma de Mancheño estuvo al servicio de la transmisión de saberes históricos, ni sus escritos fueron siempre profesionales o científicos. Con mucha frecuencia se dejaba arrastrar por su imaginación y entonces su literatura está animada por un decidido propósito de evasión y creatividad. Esa oculta pasión de Mancheño por el Teatro, le llevaría a escribir entre 1892 y 1896 varias obras para la escena, algunas de las cuales fueron estrenadas por distintas compañías de aficionados en esta ciudad.

El brillante investigador que recibiría a lo largo de su vida tantos elogios por el resultado de sus trabajos, no consiguió buenas críticas de sus coetáneos:  ...adolece de poco conocimiento de la escena... le falta conocer el mecanismo teatral… dijo de su obra D. José Echegaray. Mucho más debió afectarle la crítica de su buen amigo D. Pedro Novo y Colson que al fin y al cabo coincidía en sus juicios con Echegaray : .…Es una producción altamente literaria en la que el autor pinta caracteres y conduce la acción con interés; pero el público moderno hallará largos los hermosos parlamentos -más para ser leídos- y que pesan mucho en la representación.. Así se fueron al traste las ambiciones de D. Miguel que no conseguiría convencer a ningún empresario para que estrenara sus obras en Madrid. Nunca superó este fracaso y jamás volvería a acercarse al género teatral nada más que como lector lo que sin duda para nosotros ahora constituye una ventaja.

He dicho en muchas ocasiones que una biblioteca grande o pequeña, pública o privada es siempre una perfecta radiografía del hombre o de la institución que la ha reunido y por supuesto un índice seguro de su excelencia intelectual y de la estructura de su personalidad. Por todo ello, un catálogo de estas características no sólo tiene un valor intrínseco sino que es al mismo tiempo una excelente herramienta historiográfica que permitirá esclarecer los puntos menos conocidos de la vida de D. Miguel Mancheño. La cantidad y la calidad de sus fondos, nos ilustran de modo fidedigno de los conocimientos de su propietario, de sus prioridades científicas y de su calidad como investigador, de sus aficiones estéticas y literarias…, son en definitiva un fiel reflejo de la envergadura intelectual del personaje. Quizás porque una biblioteca tiene algo de santuario en el que se adora nuestra propia historia y personalidad.

Para una profesional del mundo del libro, lo primero que llama la atención es la calidad de las ediciones de su Biblioteca por lo que podemos afirmar sin lugar a dudas que D. Miguel Mancheño era un auténtico bibliófilo. No es desde luego un bibliómano que busca con avidez casi enfermiza ediciones raras sin otro motivo que el de su propia rareza. Mancheño es muy consciente de que los libros valen ante todo por el mensaje que transmiten, y en su afán de bibliófilo prima siempre el interés por el contenido de los libros que adquiere, más que ninguna otra circunstancia. El impulso originario que le condujo a la bibliofilia no fue más que su deseo de  hacerse con una biblioteca que le sirviese como herramienta de trabajo, para suplir las carencias de su entorno. Sólo que los intereses intelectuales del Sr. Mancheño fueron muy variados, por lo que no nos puede extrañar que haya formado, por ejemplo, una extraordinaria biblioteca de Literatura Francesa (hoy en poder de la Biblioteca Provincial de Cádiz), de Literatura Clásica, de Historia y de arqueología, o que la obra teatral de los autores coetáneos aparezca de forma tan representativa o que la Filosofía figure entre sus fondos con las obras de los autores más importantes e influyentes… La consideración de que las fuentes son el fundamento de cualquier actividad científica, le llevaría a adquirir las ediciones de las obras que marcaron un hito en el avance humano, en el esclarecimiento de los hechos históricos o en el desarrollo del pensamiento.

El coleccionismo de los libros no es tampoco una consecuencia directa de su fortuna personal, sino de un considerable sacrificio pecuniario orientado a la formación de un conjunto bibliográfico con un sentido tanto científico como utilitario, y que años más tarde, estaría destinado a alcanzar una trascendencia social, ya que en 1914 D. Miguel Mancheño donaría parte de ese patrimonio a la Biblioteca Pública Provincial de Cádiz , en concreto 2.769 títulos en 3.395 volúmenes, como consta en el inventario que él mismo redactó y que se conserva en la Biblioteca de la Academia. El Bibliófilo y el coleccionista siempre sufren por la vida futura de sus libros y de los objetos de su colección, por las compañías o soledades que puedan compartir y suele tratar en vida de hermanarlos de algún modo y para siempre... (Julián Martín Abad). D. Miguel lo hizo, y lo hizo en la única Biblioteca de su entorno que en aquel momento podía garantizarle su conservación y utilización futura.

Pues bien, ¿Qué nos dice este conjunto de libros de su propietario? Este CATÁLOGO es por encima de todo la fuente primaria de su biografía intelectual. A través de su lectura podremos recrear o compartir sus pasiones, sus sentimientos o tal vez rastrear las huellas que esos libros dejaron en sus trabajos… Hoy el tiempo y la ocasión apenas nos permiten otra cosa que una visión impresionista del personaje cuya consideración global exigiría evidentemente un estudio crítico muy detenido. Quizás la Dra. Richarte quiera aceptar este desafío… D. Miguel Mancheño es sobradamente conocido de todos Vds. y a este respecto mi intervención sería ociosa e incluso ofensiva. Huiremos por tanto de la enumeración exhaustiva de sus méritos pero sí nos vamos a atrever a señalar lo que a nuestro juicio, ha definido y cualificado la esencia de la vida y la obra de Mancheño.

Para empezar debemos resaltar que si enjuiciásemos comparativamente su labor considerando los medios de los que dispuso, pondría en relieve hasta qué punto es cierto aquello de que donde hay una voluntad al servicio de una inteligencia, siempre hay un camino. La vida de un hombre carece de sentido si de uno u otro modo, no se inscribe en un proyecto vital, un proyecto que inmediato o lejano, aspiramos a llevar a término aún a sabiendas de los obstáculos que habremos de vencer: Y el proyecto vital de D. Miguel Mancheño fue uno solo: la voluntad de perpetuar la memoria histórica de Arcos de la Frontera, y a ese proyecto consagró su tiempo y sus esfuerzos. Mancheño es uno de esos hombres que íntegramente solidarizados con el honor, la fidelidad y una insobornable lealtad a su entorno afectivo,  constituyen sin duda el más precioso tesoro de los pueblos.

Desde mi infancia – decía D. Miguel Mancheño- tuve una pasión que aún me obsesiona en la actualidad y perdurará inmutable hasta mi muerte: el amor a mi pueblo natal... Esa  pasión ingénita que nació conmigo y conmigo morirá, hace que en todos los momentos de mi vida sólo de Arcos me ocupe y a Arcos dedique todas las efusiones de mi alma… a ese culto he sacrificado todos los demás afectos naturales…

Estos rasgos esenciales de su personalidad, y su sólida formación de jurista, sistemático, preciso y congruente, convierten al ilustre notario de Arcos en el FEDATARIO DE LAS FUENTES HISTÓRICAS: de las fuentes documentales, de las arqueológicas y de las bibliográficas. Mancheño es sin duda la memoria de Arcos, una memoria que sin la labor de este guardián de los recuerdos, tal vez fuera en estos momentos una memoria perdida para siempre.

Durante años se entregará con celo y pericia a su tarea de Archivero de Protocolos del Distrito. Rescata y ordena la documentación notarial que permanecía abandonada en condiciones penosas, aquellos protocolos que él recordaba haber visto en su infancia amontonados y maltrechos en lúgubres desvanes. Dedica horas y horas al arreglo del Archivo Histórico Municipal.  Mientras… analiza, valora e interpreta la información, transcribe sin descanso los textos y elabora extensos índices de todos aquellos documentos que aportan alguna información sobre la vida local.

Asimismo investiga las FUENTES ARQUEOLÓGICAS, la cultura material de Arcos. Su preocupación por llevar adelante esta tarea con el máximo rigor científico, le lleva a comunicar sus métodos de trabajo y sus descubrimientos a los grandes de la Arqueología española del momento y a la Real Academia de la Historia que por aquellos años, tenía encomendada la inspección general de antigüedades en España. El gran arqueólogo, historiador y epigrafista español D. Fidel Fita Colomer, se convierte en su más importante mentor. En 1914 Mancheño se preocupa sobre todo por el destino que puede correr su colección de Antigüedades y su Monetario, formado durante más de cuarenta años a costa de tantos trabajos y sacrificios.... más de dos mil piezas numismáticas y cerca de 400 objetos arqueológicos y paleontológicos. Y para garantizar su supervivencia, para evitar que ese patrimonio -que era a fin de cuentas el patrimonio arqueológico de Arcos- se viera expuesto a almonedas y baratillos decide -quizás siguiendo el consejo de Fidel Fita-, donarlos al Museo Arqueológico Provincial. Su generosidad le lleva incluso a entregar a la institución sus propias vitrinas expositoras. El Notario de Arcos incluye en esa donación inter vivos sólo una condición: ...que no salgan nunca los preciados objetos de dicho Establecimiento…

En cuanto a las FUENTES BIBLIOGRÁFICAS, su principal legado es sin duda la impresión a su costa ...por patriotismo, sin ánimo de lucro, como obsequio espiritual a sus conciudadanos, de la obras de varios autores (Gamaza, Mateo Francisco de Rivas, Clemente de Baena…) obras entonces agotadas, muy difíciles de encontrar en el mercado de la librería anticuaria y que él consideraba como los textos clásicos de la Historiografía arcense. La reedición de esos libros realizada entre 1893 y 1903, fue una empresa muy costosa por las cortas tiradas, y sobre todo la escasa venta y la generosa distribución que Mancheño hizo de las mismas a particulares y Bibliotecas Públicas. Por desgracia su situación económica, que no ha estado nunca a la altura de su prestigio científico e intelectual, estuvo en estos momentos peor que nunca. Por estos años se verá incluso obligado a vender algunos libros de su  Biblioteca al Librero Anticuario Francisco Vindel.

Pues bien este HISTORIADOR LOCAL, recibido con todos los honores en tantas y doctas Corporaciones, este hombre generoso y amante de su pueblo, tenaz e invencible, que consagró más de 50 años de su vida a la investigación, que cultivó todas y cada una de las Ciencias Auxiliares de la Historia, la Paleografía, la Epigrafía, la Diplomática, la Numismática, la Genealogía y la Heráldica, la Geografía histórica, la Toponimia, y que en cada una de ellas ha dejado una muestra escrita que ha sobrevivido al paso del tiempo, son, a nuestro juicio, suficientes argumentos para que aquí y ahora reivindiquemos con respeto la figura del Historiador Local y no volvamos a cometer el error de hablar con frivolidad de intrusismo o de simple erudición pseudo-científica, cuando nos refiramos a sus trabajos. Ya va siendo hora de que manifestemos, sin ningún tipo de reticencia, cuánto se ha salvado del olvido gracias a la labor de esos llamados peyorativamente parientes pobres de la Historia Académica, una labor que nadie les ha pagado nunca, pocos han agradecido y algunos incluso se han atrevido a cuestionar y a perseguir. Reconozcamos que sólo hay Historia bien hecha o mal hecha.

En estos tiempos en los que, como advierte la UNESCO, el embate globalizador amenaza la diversidad cultural, nadie se atrevería a negar en ningún foro académico que la construcción de la Historia Local se ha convertido en una urgente necesidad de diferenciación. Se trata de reivindicar el estudio de la historia “desde abajo”, teniendo en cuenta otros sujetos, otras comunidades, otros espacios y otros problemas, ampliando así el carácter colectivo de la Historia y valorando las formas de recuperación de la memoria colectiva en aras de contrarrestar el impacto de las historias oficiales. La identidad de una nación nace, se sostiene y se consolida en la historia local.  En definitiva, enfrentarnos al desafío de nuestro tiempo, nos obliga a empaparnos de aquello que nos es más propio: nuestra memoria, nuestro pasado y nuestras raíces... La historia debe comenzar en nuestra propia casa. Porque no hay identidad sin memoria,  ni pasado sin raíces.

D. Miguel Mancheño murió el 15 de diciembre de 1922, a los 79 años antes de poder culminar el ambicioso proyecto de la segunda edición de sus obras. Vivió como si la edad no contase para él, como si el tiempo debiera doblegarse a su voluntad de estudiar y de trabajar, consciente de que morir es ante todo un abdicar, un dejarse ir,  un abandonarse a la tentación de descansar. D. Miguel Mancheño aceptó el paso de los años con naturalidad… seguramente, porque los años  no mermaron en absoluto sus facultades intelectuales, ni sus valores, ni su vocación, ni mucho menos, su compromiso con esa ambiciosa empresa cultural que ocupó toda su vida. En estos años se dirige semanalmente a sus conciudadanos a través de una columna publicada en el periódico local El Eco de Arcos y que él titula irónicamente Recuerdos de un viejo. Esta crónica dedicada a sus recuerdos de juventud y a la divulgación de esos conocimientos que él ha atesorado durante toda su vida es, a fin de cuentas, el último magisterio de D. Miguel, su último trabajo, su último legado.

...soy viejo y eso no es deshonra sobre todo cuando se ha invertido esa larga vida en beneficio de sus conciudadanos. ..Si saqué del olvido en que yacían los nombres y las vidas de aquellos... que se distinguieron en virtudes, armas y letras, si publiqué la Historia de nuestra ciudad y otros muchos libros al enaltecimiento de ella encaminados, ...recomendables por el trabajo que representan y por haber sido escritos y publicados a mi costa sin ninguna subvención no habiéndose vendido tampoco sino repartidos con profusión ¿podrá decirse que esa larga vida ha sido completamente inútil?...

D. Miguel Mancheño nunca tuvo edad para morir, no la tenía porque nadie debería morir cuando se es joven y esa condición, al menos la juventud de corazón, no se pierde mientras se mantenga intacta la ilusión, la curiosidad y la capacidad de aprender.  Su saber no fue una de esas erudiciones decorativas de las que muchos otros se sirven con frecuencia para esa puesta en escena que es el cientificismo. Mancheño fue durante toda su vida un estudioso, una voluntad al servicio de un propósito: saber y trabajar. D. Miguel tuvo tiempo para todo porque no lo perdió nunca. Por eso su vida fue fecunda y por eso esta tarde la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Letras y Artes de Cádiz honra la memoria de su Académico Correspondiente:  con emoción y con respeto.

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ISSN: 2174-0445



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