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D. ALBERTO ORTE LLEDO. MARINO, CIENTÍFICO, CONSERVADOR DEL TIEMPO
 

Dr. Rafael Boloix Carlos–Roca
Académico de Número

“Docto en ciencias. Astrónomo insigne. Honró a su Patria.”

Estas palabras, que se encuentran en la placa dedicada al ilustre marino y Director del Observatorio Excmo. Sr. Don Cecilio Pujazón, podrían muy bien aplicarse al, también ilustre marino y Director del Observatorio de la Armada, Excmo. Sr. Don Alberto Orte Lledó.

Excma. Sra. Directora de la Real Academia Hispanoamericana, Excmos. e Ilustrísimos Académicos. Queridos familiares de D. Alberto Orte. Sras y Sres. Amigos todos.

Es una verdad incuestionable que el Almirante D. Alberto Orte ha fallecido y por eso estarnos aquí rindiéndole este homenaje.
Pero yo quiero recordar que, al igual que existe una vida biológica, única e irrepetible, existen numerosas vidas paralelas en las que los sentimientos intervienen de forma muy directa.
Cuando conocemos por primera vez a una persona es como si naciera para nosotros. El trato con ella va haciéndola crecer en nuestro interior y vive en nuestro corazón tanto más cuanto más afecto o conocimiento de ella se tenga. Por ello nadie muere mientras haya alguien que le recuerde.
Este acto es una demostración y ejemplo de esta idea. D. Alberto Orte Lledó, Académico de Honor de esta Real Academia Hispanoamericana vive y perdura entre nosotros. Y es un satisfacción para todos los que le conocimos en vida mantenerlo vivo en nuestro recuerdo, en nuestro corazón.

Ya, en abril del 2005, en un acto de carácter eminentemente festivo, como lo fuera el de nombramiento de Académico de Honor de esta Academia, loaba al Almirante y expresaba ante todos los asistente mi admiración, respeto y aprecio. Hoy quiero recordar a todos la importante labor que llevó a cabo como Marino científico y hacerles ver el agradecimiento y aprecio que todos le debemos.

Desde que en octubre de 1937 ingresara en la Armada, como marinero voluntario, hasta diciembre de 1984 en que cesó en el cargo de Director del Real Observatorio, transcurrieron algo más de 47 años de los que 38 de ellos los dedicó a pleno rendimiento y gran intensidad al Real Instituto y Observatorio de la Armada y por lo tanto a España.

Sus comienzos en el Observatorio fueron como alumno adquiriendo conocimientos en la Escuela de Estudios Superiores de la Armada, en San Fernando, y, posteriormente, en el Buró internacional de la Hora, de París. Estos estudios y la estancia en el Buró, le marcaron para toda su vida. Desde entonces siempre estaba presente en su mente lo importante que es hacer la medida con la máxima atención para que, como resultado de ello, esta sea lo más precisa y exacta.

La búsqueda de la precisión de la medida es lo que distingue a un buen científico del que no lo es, pues en ella va la calidad de los resultados y por lo tanto la del análisis y conclusiones consiguientes.
Centrado su trabajo en torno a la medida del Tiempo, vivió los apasionantes y difíciles años del paso de la medida del tiempo puramente astronómico a la medida del tiempo físico.

A lo largo de todos los años de dedicación a la medida y determinación del segundo, trabajó directamente en todas las escalas de Tiempo: Tiempo Solar Medio, Tiempo Universal, Tiempo Sidéreo, Tiempo de Efemérides, Tiempo Atómico, etc. Para ello extrajo de las estrellas la información necesaria para la creación de la unidad de Tiempo. Observó con meticulosidad el cielo y midió numerosísimas veces el paso de las estrellas por el meridiano de San Fernando. Calculó y observó el instante en el que la Luna, en su viajar, alcanzaba a las estrellas. Estas medidas rigurosas le permitían determinar el instante de Tiempo que, transformado en la escala pertinente, era conservado, inicialmente, en los péndulos magistrales y, posteriormente en los relojes de cuarzo, primero, y en los atómicos, posteriormente.

Pero esto, que aquí se cuenta en unas pocas líneas, requirió muchos años de trabajo, medidas, cálculos y, sobre todo, de meditación tranquila y sosegada de los diferentes problemas asociados.
El pasar del Tiempo Astronómico al Físico, requirió no sólo el desarrollo de los patrones atómicos. Exigió establecer cuantos ciclos de la estabilísima frecuencia generada por el patrón atómico correspondía a la medida de un segundo de Tiempo Universal.

Este trabajo exigió un esfuerzo a nivel internacional, en el que el Almirante Orte participó de lleno como queda relejado en los informes anuales del Buró Internacional de la Hora y en los trabajos de observación con la cámara desarrollada por el experto mundial, colega y amigo del Almirante, doctor Markowitz.
Toda esta actividad estaba encaminada a una mejor determinación de la medida del tiempo y al desarrollo del procedimiento más adecuado de la generación y conservación de su unidad con la mayor precisión y estabilidad. El resultado ha sido avanzar en algo más de diez órdenes de magnitud en el logro de la precisión y estabilidad del segundo, unidad que se mide unas diez mil veces mejor que el metro que, hoy día, es una unidad derivada del segundo.

Al comienzo de mis palabras citaba a Cecilio Pujazón. Reconocido y celebrado Almirante que dedicó gran parte de su vida a la adecuación instrumental del Observatorio - en donde cabe citar la instalación del círculo mural, el anteojo de paso y el telescopio ecuatorial - y a la mejora tanto del Almanaque Náutico como de las observaciones astronómicas.

El almirante Orte, con gran visión de futuro, durante su etapa al frente de la dirección del Observatorio, adecua el Astrógrafo Gautier, intensifica la actividad del Circulo Meridiano y abre las puertas a la Astrometría Meridiana moderna, iniciando la fructifica colaboración con la Universidad de Copenhague que, años más tarde, culminaría con la situación de privilegio mundial con la que cuenta el Observatorio de San Fernando de poder efectuar observaciones Astrométricas con dos instrumentos gemelos situados en ambos hemisferios y cuyo resultado son los mejores catálogos estelares realizados con observaciones hechas desde la Tierra.

Introduce al Observatorio en el campo de la telemetría láser, moderniza el Almanaque Náutico, crea el Centro de Cálculo, potencia la sección de Geofísica sacando la instrumentación sensible del recinto del Observatorio y, finalmente, potencia tanto el Servicio de Hora que, en la reforma del reglamento del Centro, da paso a la Sección de Hora, introduce los patrones atómicos y radica en el Observatorio de la Armada la responsabilidad del mantenimiento, conservación y difusión del Patrón Nacional de Tiempo y frecuencia, abriendo, con todo ello, el Observatorio de la Armada al siglo XXI.

Todo esto, por sí solo, es merecedor de la mayor consideración y respeto dentro del ambiente científico como, por otra parte, he constatado personalmente en numerosas ocasiones y lugares.
No obstante hay algo mucho más importante en la labor realizada por el Almirante Orte que no solo se merece nuestro respeto y consideración, sino que, además, merece nuestro agradecimiento.

Conviene no olvidar que la inversa de la unidad de tiempo es la unidad de frecuencia. La mejora de la medida del tiempo es la mejora de la frecuencia. Pues bien, estamos inmersos en un mundo de tiempo y frecuencia. Basta mirar a nuestro alrededor. El teléfono, la radio, la televisión, los ordenadores y todo lo que estos llevan asociado, es un auténtico caldo de cultivo de frecuencia y tiempo. Las ecografías, radiografías, y los electrocardiogramas, que tanto facilitan el trabajo de los médicos para conocer nuestros males, son, nuevamente, frecuencias y tiempo adecuadamente tratados. La medida de precisión de temperatura, presión, peso, y muchas otras, se efectúan mediante medidas de frecuencias.

La calidad de las medidas y de los resultados llevados a cabo con estos instrumentos modernos y con otros muchos, dependen de la precisión de la medida de la frecuencia y del tiempo.
Por eso, de alguna manera, podemos decir que "la medida del Tiempo es vida", que vivimos gracias a la medida de precisión del Tiempo y eso, en gran medida, se lo debemos, entre otros, a Don Alberto Orte Lledó.
Si la labor como director del Real Observatorio de la Armada es merecedora de reconocimiento público, el trabajo, de toda una vida, encaminado a la mejor determinación de la medida del Tiempo y a la mejora de la estabilidad y precisión de los instrumentos que lo mantienen, es merecedor, si cabe, de un reconocimiento aún mayor.

Por todo ello, esta Real Academia Hispanoamericana, sus familiares, sus amigos, y los que conocimos y tratamos a D. Alberto, hoy debemos sentimos doblemente felices porque recordándole le mantenemos vivo y al mismo tiempo sentimos que, en cierta manera, parte de nuestra vida se la debemos a él.

Cádiz, junio de 2011.
                                                                                        

 


 

 


ISSN: 2174-0445



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