Entidad editora: Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (RAHA).
 
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APERTURA DEL CURSO. CONMEMORACIÓN DEL DÍA DE LA HISPANIDAD
 

Dra. María del Carmen Cózar Navarro
Académica Directora

Excelentísimos e Ilustrísimos señores, Dignísimas Autoridades, señoras, señores, queridos amigos:

Recibimos con gran satisfacción y alegría, como Académico de Número de la Real Academia Hispanoamericana, al Ilustrísimo Sr. D. Manuel Ramos Ortega, Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Cádiz y destacado escritor gaditano. Le felicitamos por su excelente discurso que además de brillante está muy en consonancia con los fines estatutarios y con el espíritu que alentó la fundación de nuestra Corporación: “contribuir a la mejor realización y defensa de los valores comunes que identifican a España con los países hermanos de América, especialmente en el campo de la cultura”.

Nuestra Academia está consagrada a salvaguardar y promover esos valores hispánicos que se forjaron en el descubrimiento, conquista y población del Nuevo Mundo. Transcurridos dos siglos desde que aquellas naciones, hijas de España, se emanciparon de la casa común, la Historia y la Lengua, Colón y Cervantes, siguen tendiendo lazos fraternales a través de los mares. Tales fueron las referencias de aquella inmensa obra de España en el Mundo, que hoy recordamos al celebrar la fiesta de la Hispanidad. Ningún acto académico podía haber sido, pues, más apropiado para conmemorar la Fiesta de la Hispanidad, como nuestros Estatutos disponen, que la lectura por el Doctor Ramos de su discurso de ingreso. “Pues no en vano, -acaba de decirnos citando al gran maestro de las letras hispanas que fue D. Dámaso Alonso- nuestra mayor heredad, como comunidad de hablantes, es la lengua”. Esta cita me ha hecho recordar una anotación de 1945 en el diario de D. José Mª Pemán, nuestro antiguo Director, que también lo era de la Real Academia Española. El ingreso de D. Dámaso en aquella docta Casa había sido vetado desde el Poder. “El Ministro –dice Pemán- no puede contestarme cuando le digo que no es posible decirles a los académicos que no pueden votar al Catedrático de Literatura de la Universidad Central”. No ha sido este el caso de D. Manuel, es evidente, pero no es menos cierta la unánime satisfacción de cuantos formamos parte de la Real Academia ante el enriquecimiento que supone, para esta Corporación americanista, recibir entre sus miembros nada menos que al prestigioso Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Cádiz. Gaudeamus igitur.

No es objeto de mis palabras glosar los reconocidos méritos de nuestro nuevo compañero, puesto que acaba de hacerlo, con su donaire literario habitual, el Ilustrísimo Sr. D. Enrique Montiel Sánchez, Académico de Número, que con él comparte la hermosa profesión de escritor. Tan sólo, nos haremos eco de sus palabras para destacar una de las dimensiones fundamentales de la personalidad del ilustre recipiendario: la literaria, que ha brillado en su discurso de ingreso, más aún estando rodeada de una modestia que dice mucho de su honda calidad humana. Obras de madurez, como sabiamente considera D. Enrique al género, son sus tres novelas, que generosamente ofrece al lector, asociando a éste a su tarea literaria en lo que ha definido como una “Sociedad de obras”. Y, puesto que la comunidad en la lengua es también una comunidad de convivencia, concluimos del discurso y la laudatio que hemos tenido el privilegio de escuchar que la literatura española es un nexo vital para la Hispanidad.

Siempre en la misma línea de promover los valores hispanoamericanos a ambas márgenes del Atlántico, tenemos en la literatura un instrumento de inmenso valor que, desde el primer momento de su existencia, ha campeado en el título de esta Real Academia, que lo es de Letras, tanto como de Ciencias y Artes. Y siéndolo, recibe con enormes expectativas a uno de sus más ilustres cultivadores gaditanos, precisamente a comienzos de un Curso en cuyo acontecer, Dios mediante, conmemoraremos el Bicentenario de nuestra primera Constitución nacional en la vieja ciudad de Hércules, que la vio nacer.

En vísperas de su conmemoración, hemos oído algunas voces aludir a las efemérides como el momento histórico en el que surgió la Nación Española, casi al tiempo en que lo hacían otras naciones hispanas en ultramar, entre los mismos dolores de parto de la Monarquía Hispánica. Esta visión, que confunde en una sola idea la Nación con su Soberanía –tan sólo uno de sus atributos- resulta contradictoria con la identidad cultural de España, mantenida a través de una Historia milenaria y definitivamente consolidada en 1942 en una comunidad de convivencia que se proyectó a través del mar. Hoy, desde la tribuna, hemos oído citar un hermoso lema: “Ubi libertas, ibi Patri”. Después de 1812, no siendo ya posible articular una prosperidad común a ambos lados del Atlántico, nuevas naciones hispánicas, invocando esa misma libertad proclamada en Cádiz, accedieron a sus soberanías, pero España siguió viviendo en ellas. Esa patria espiritual compartida con los pueblos de habla hispana continúa existiendo, vertebrada en torno a la Lengua común. Es ésta una dimensión esencial del Bicentenario a la que la Real Academia se propone contribuir.

Con tal motivo, hemos elaborado un ambicioso programa de trabajo, que iremos desarrollando a lo largo de un curso que alcanzará su cénit a las mismas puertas del Bicentenario de la Constitución de Cádiz, efemérides vital para la conciencia de sí misma de la Nación Española, pero que también lo es para su Comunidad Histórica, cuyos pueblos han elegido a Cádiz como Capital Iberoamericana de la Cultura. Es un desafío para la ciudadanía y para las instituciones, que hacemos nuestro en el empeño de responder a la vocación hispanoamericana de la Real Academia, con igual empeño que sus fundadores lo hicieran hace un siglo, bajo la dirección del sabio Alcalde y Director Cayetano del Toro.

Asimismo, les anuncio que la nueva edición del Boletín de la Real Academia Hispano Americana, en su Tercera Época, estará dedicada a la Constitución de 1812. El Bicentenario, próximo ya a conmemorarse, no es sólo, pues, para la Academia, un acontecimiento institucional y cultural de primer orden, sino también una conmemoración que evoca su misma vocación corporativa. Fiel al espíritu de sus fundadores, la Real Academia apuesta por una Hispanidad enraizada en la libertad y la democracia, defensora del derecho y la solidaridad entre los pueblos que forman parte de ella, así como por la participación activa de España en sus aspiraciones y proyectos, en demanda de un lugar relevante en el orden global, a la altura de su historia y a la medida de su vitalidad.

No quisiera cerrar este acto solemne sin agradecer, una vez más, a la Excma. Diputación Provincial de Cádiz, y a su Presidente el Excmo. Sr. D. José Loaiza su gentileza al ceder el uso de este espléndido Salón Regio para celebrar Sesión Solemne, como es tradicional. Gracias también a todos los presentes por contribuir con su destacada y siempre afectuosa asistencia a la brillantez de este acto.

En nombre de S.M. el Rey, nuestro Presidente de Honor, declaro inaugurado el Curso Académico 2011-2012. Se levanta la sesión.

Cádiz, 19 de octubre de 2012


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ISSN: 2174-0445



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