Entidad editora: Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (RAHA).
 
Página principal
Equipo Editorial
Números editados
Número actual
Normas de publicación
Contacto
RAHA
Cuadernos Hispanoamericanos
Otras revistas
 
BUSCAR
Por número
Por autor
Por título
INAUGURACIÓN DEL CURSO 2009-2010, Discurso de la Directora
 

María del Carmen Cózar Navarro

Excelentísimos e ilustrísimos señores, dignísimas autoridades, señoras, señores:

En mi primera intervención pública como Directora de esta centenaria Institución, sean mis primeras palabras para agradecerles su presencia, que nos honra y subraya la relevancia de este acto con el que se inaugura el Curso Académico 2009-2010 de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras, acto que, como en años precedentes, se celebra en este espléndido Salón Regio que el Excelentísimo Señor Presidente de la Diputación ha tenido de nuevo la amabilidad de poner a nuestra disposición.

La responsabilidad que he contraído entraña para mí, entre otros deberes, el de ser fiel a la confianza que la Junta general ha tenido a bien depositar en mí. Me esforzaré en cumplirlo con  la mayor entrega al cargo y mi personal ofrecimiento a mis compañeros académicos y a la sociedad a la que servimos, esperando así corresponder al honor que me ha sido dispensado y ser digna continuadora de la ejecutoria de los Directores que me han precedido.

En el año entrante, nos disponemos a celebrar el Bicentenario de la histórica convocatoria a Cortes en la vecina ciudad de San Fernando, pórtico de la promulgación, ya en esta trimilenaria ciudad de Cádiz de la Constitución de 1812. Con tan señalada efemérides coincide la conmemoración del Centenario de la fundación de esta Real Academia, cuya sesión inaugural tuvo lugar el 3 de enero de 1910, en medio de un clima patriótico que rememoraba el nacimiento de nuestra ciudadanía, en el entonces primer Centenario de su andadura histórica.

Las resonancias hispanoamericanas de aquella primera carta constitucional española, tanto por la naturaleza criolla de algunos de sus ilustres autores, como por la influencia que estaba llamada a ejercer, poco más tarde, en las nacientes repúblicas hermanas de ultramar, representan un compromiso que la Real Academia, que ostenta con orgullo el nombre de Hispanoamérica, acepta con el mayor entusiasmo. Señoras y señores académicos, queridos compañeros, tenemos por delante un año de mucho trabajo, pero también de mucha ilusión.

El momento que vivimos, pues, en los comienzos de mi mandato como Directora, es muy parecido a aquel año de 1909 en el que vio la luz la Real Orden de S.M. el Rey D. Alfonso XIII en cuyo cumplimiento se fundó la Academia al siguiente año.  La conciencia de hermandad entre los pueblos hispánicos, entonces creciente en sus sociedades, a ambos lados del Atlántico, unida a la celebración del Centenario de la Guerra de la Independencia en Cádiz, escenario señero de aquel acontecer patrio, sugirió a los miembros de la languidecida Real Academia  Gaditana de Ciencias  y Letras, precedente de nuestra corporación,  la posibilidad de dar a ésta una orientación americanista al servicio de los  vínculos culturales  entre los pueblos de habla hispana.

La llegada a Cádiz en los primeros años del siglo XX, del poeta modernista Eduardo de Ory y del arqueólogo Pelayo Quintero y de Atauri, para dirigir, éste último, el Museo de Bellas Artes, fue trascendental. Ambos habían desarrollado una importante actividad intelectual y, como estudiosos americanistas, se mostrarían muy interesados en potenciar la Institución. En Cádiz encontrarán un gran valedor en  Cayetano del Toro,  médico oftalmólogo y Alcalde de la ciudad y contarán con el  apoyo de los intelectuales García Gutiérrez, catedrático de la Escuela de Comercio, y Carlos Meany, poeta guatemalteco, junto a un numeroso grupo de estudiosos, como lo fueron Sebastián Ayala y Pérez Lazo, Victorio Molina y Pastoriza, José Gálvez Ruiz y Juan Reina e Iglesias. Todos ellos se prestarán con entusiasmo a reorganizar la casi extinguida institución cultural gaditana, con un carácter hispano-americano.

La efemérides, por tanto, representa para la Real Academia Hispanoamericana una excepcional oportunidad de estudiar su pasado histórico y, con ello, recuperar el espíritu que alentó su fundación: “cultivar las relaciones, literarias y científicas entre España y América. Historia y cultura compartidas, Descubrimiento y Lengua, Colón y Cervantes, tales fueron las referencias de la inmensa labor que nuestros antecesores desarrollaron. Como ellos hicieron, nos esforzaremos en estrechar con los países hermanos estos vínculos, que acreditan la trayectoria histórica de España entre las grandes naciones marítimas que conformaron nuestra civilización.

Hoy disponemos de nuevos recursos tecnológicos, transporte aéreo,  medios de comunicación de masas, informática, instrumentos de reproducción. Pero el lenguaje cultural sigue revistiendo las formas tradicionales que caracteriza a la vida académica: prensa, publicaciones, boletín y conferencias, como la que magistralmente acaba de pronunciar el Profesor Dr. D. Julio Sánchez Gómez.

Una interpretación literal de la misión de la Academia, consagrada a la relación con la América hispana, podría llevarnos a la errónea idea de que un discurso histórico como el que hemos tenido el privilegio de escuchar escapa de nuestro quehacer habitual, por pertenecer Brasil, histórica y culturalmente, a la comunidad lusoparlante, extendida por tres continentes. Nada sería más empobrecedor que poseer una visión tan corta de nuestra tarea.

Ciertamente, Brasil es un país luso, pero su inmensidad geográfica ha estado abierta a la inmigración europea –y española, en particular- a través de su dilatado litoral, y relacionada directamente con al menos ocho naciones de lengua hispana a través de fronteras y de las mayores cuencas fluviales del planeta. Si ello no fuese suficiente motivo para explicar la fuerte presencia del español –y de lo español- en aquella sociedad, digamos también que la potencialidad del gigante brasileño en el área económica sudamericana encuentra en nuestra lengua un vehículo necesario para el desarrollo del comercio.

Pero, si todo ello es cierto, razones estrictamente históricas destacan la importancia y oportunidad de la intervención de nuestro conferenciante. Cuando, en 1808, las tropas de Bonaparte invaden Portugal, cuya realeza  se refugia en Brasil, el pueblo español ya ha sufrido y comenzado a resistir el mismo agravio. Al sostener que ambos vecinos peninsulares somos países hermanos, sin olvidar la que fue secular integración de ambas naciones en una sola Monarquía, reconocemos, sobre todo, la aportación medieval de Portugal a la recuperación de la vieja Hispania, impulsada por un espíritu cristiano -hoy occidental y europeo- que forjó las identidades de uno y otro pueblo que más tarde se proyectarían a través de tres océanos.

Por tales motivos, en este tiempo en que conmemoramos la empresa peninsular contra la invasión extranjera, que los españoles siempre interpretamos como nuestra Guerra de la Independencia, la Academia consideró particularmente oportuno inaugurar el nuevo curso con las autorizadas palabras que el Catedrático D. Julio Sánchez acaba de pronunciar, más allá de la satisfacción que sentimos por habernos hecho merced, en nuestro foro, de su erudición y de su prestigio académico. Gracias en nombre de todos.

Me parece este momento en que se inaugura un nuevo curso académico con una lección magistral como la que hemos escuchado, una magnífica oportunidad para manifestar nuestro deseo de mutua colaboración con las Universidades españolas y americanas. La Academia nació muy vinculada al mundo universitario, entonces representado en Cádiz por la Facultad de Medicina, sin perjuicio de la presencia en nuestro escalafón de titulares de otras ramas de las ciencias, de las artes y de las letras. La universalidad fue siempre nuestro anhelo, también en el campo del conocimiento, como simboliza nuestro emblema, un genio que esparce flores sobre el mundo.

Queremos que la sociedad de Cádiz vibre con su  Real Academia Hispanoamericana. Porque nuestra querida corporación, de inequívoca estirpe gaditana, resurgió muy vinculada al Ayuntamiento. No en vano nuestro primer director, Don Cayetano José del Toro, era a la sazón alcalde de Cádiz.

Alentamos a todos los miembros de la Real Academia Hispanoamericana a continuar trabajando generosamente por las ciencias, las artes y las letras de España y de su comunidad histórica y cultural, poniendo así por obra su vocación americanista, ofrecemos nuestra colaboración a quienes, en otras entidades e instituciones, persiguen los mismos fines y esperamos de todos el apoyo que nuestro ilusionado esfuerzo demanda para alcanzar las metas que nos han sido señaladas.

Muchas gracias.

Cádiz, 14 de octubre de 2009


<< regresar


ISSN: 2174-0445



Oscar Sibon Design