Entidad editora: Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (RAHA).
 
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LAUDATIO EN LA RECEPCIÓN DEL EXCMO. SR. D. FRANK MOYA PONS, ACADÉMICO CORRESPONDIENTE EN REPÚBLICA DOMINICANA
 

Dra. Alicia Castellanos Escudier
Académica de Número y Tesorera

 

Uno de los objetivos fundamentales de nuestra centenaria Academia es:

Fomentar las relaciones científicas, artísticas y literarias entre España y las naciones hispano-americanas, así como promover la cooperación entre sus  Instituciones”

Hoy,  esta Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes  y Letras, alcanza con creces esa meta al recibir en su seno como académico correspondiente, no sólo a uno de los historiadores y economistas más notables de  Hispano América, sino también al máximo representante de la Academia Dominicana de la Historia, una de las instituciones más acreditadas del país.

Las relaciones entre España y Santo Domingo comenzaron hace más de 500 años. La isla fue descubierta en el primer viaje colombino y se la nombra “Española”. En el norte de su territorio con los restos del naufragio de la Santa María, los españoles, con la ayuda del pueblo nativo, los taínos,  construyeron un fuerte al que llamaron  “Fuerte de Navidad”, por haber sido levantado el día 25 de diciembre. Al año siguiente Colón retorna y tras encontrar el fuerte destruido decide levantar un asentamiento más al este y con materiales más sólidos, nacía “La Isabela”, la primera ciudad europea en el Nuevo Mundo.  

Posteriormente, la  presencia española en Santo Domingo estuvo muy condicionada por el permanente conflicto bélico franco-español; si bien desde que fue descubierta la Isla por Colón perteneció íntegramente a España, a partir de 1697 por el  tratado de  Ryswick,  quedaba dividida en dos partes: la oriental, que siguió perteneciendo a la corona española y la occidental, actual Haití,  pasaba a poder de Francia. Casi un siglo después, por la Paz de Basilea en 1795, a cambio de recuperar parte del norte peninsular ocupado por los franceses, España cedía a Francia también la parte española de la Isla, actual República Dominicana. No es difícil imaginar la desesperanza de un pueblo que llevaba más de un siglo luchando contra la usurpación francesa en su territorio.

De cómo se desarrollaron posteriormente las relaciones entre  dominicanos, españoles y franceses lo vamos a conocer detalladamente a través del discurso del Doctor Moya. Sólo me resta decirles que la fidelidad dominicana hacia España no tuvo precedente en ningún otro lugar de América, ya que diecisiete años después de conseguir su independencia en 1844, por decisión propia,  volvería a formar parte del territorio español, a principios de 1861.

Pasando página a nuestra política colonial,  hace varias décadas que Santo Domingo se ha convertido en centro de interés para muchos  investigadores españoles. En el caso concreto de nuestra Academia contamos con dos académicos grandes especialistas del tema dominicano ambos, buenos amigos del recipiendario, la doctora Magdalena Guerrero y el doctor Antonio Gutiérrez, quien ha tenido la gentileza de trasladarse a Cádiz para acompañarnos en este acto académico. 

Ni que decir tiene que el tema elegido para  discurso de ingreso, “Santo Domingo y la guerra contra Napoleón en España”, es un tema actual, dada las fechas en que nos encontramos y supone una gran aportación para la historiografía española; porque si es verdad que estos últimos años con motivo del centenario se ha generado una extensa bibliografía española, sin embargo contamos con bastante menos trabajos sobre el impacto que la guerra franco-española tuvo al otro lado del Atlántico. Hoy a través del discurso de ingreso de nuestro nuevo académico vamos a conocer el justo grado de incidencia que tanto la invasión napoleónica en España como la Constitución de Cádiz, tuvieron en el territorio de la actual República Dominicana.

Agradezco a nuestra Directora la tarea asignada de presentarles a ustedes las credenciales curriculares del Excelentísimo Sr. Frank Moya Pons.  Para mí es un honor y reconozco que la tarea me resulta muy grata, dada mi estima al recipiendario, pero soy consciente de que conlleva gran responsabilidad pues en un plazo mínimo de tiempo debo de mostrarles a ustedes su extenso e impresionante currículum, del que él mismo me ha pedido disculpas por el esfuerzo que me iba a suponer leerlo íntegramente. Tengo que decirle al respecto que la tarea ha merecido la pena porque he podido comprobar cómo en su caso sus inquietudes se hicieron realidad.  

El doctor Moya Pons, nace en La Vega  un precioso lugar ubicado en el interior de la Isla. Según nos cuenta Bartolomé de las Casas, Colón, maravillado por la belleza de este lugar le puso por nombre "Vega Real". Su desarrollo económico inicial se basó en la fundición de oro y más tarde la explotación de la caña de azúcar, de aquí el interés que desde el principio despertó en los españoles.

La vocación del doctor Moya por la Historia, surge en su adolescencia. Cuando aún no había cumplido los 20 años ya escribía en un periódico llamado “Cultura”  y en algunos de sus artículos ya trasluce su vocación al decir:

“Estamos en la creencia de que no hay mejor maestra para los pueblos que la historia misma. Ella nos enseña lo que debemos de hacer y lo que deberemos no hacer en el futuro. Los pueblos no deben olvidar jamás sus errores porque los errores nos enseñan el camino contrario a ellos, que es la verdad”.

Cambiando impresiones con el doctor Moya, me contaba que por las décadas de los sesenta y setenta en su país nadie consideraba que las “cosas dominicanas” pudieran ser objeto de estudios académicos. Los universitarios dominicanos se interesaban por los grandes personajes de la historia como Napoleón o Bismarck. Su lucha no fue fácil, pero su ejemplo de esfuerzo, tesón y laboriosidad sensibilizó a algunas instituciones académicas y culturales.  Gracias a su perseverancia se crearía el Centro de Estudios Dominicanos y una revista universitaria titulada, Eme Eme Estudios Dominicanos.

Pero hay que decir, que ese aparente interés por el devenir histórico de su país no quedaría limitado a convertirse en un investigador local. Nada más lejos como van a comprobar muy pronto. Tras realizar los estudios de bachillerato en su ciudad natal y conseguir una beca, en 1966, el doctor Moya se traslada a Santo Domingo donde se licencia  en Filosofía por la Universidad Autónoma de dicha capital;  su espíritu de superación y las brillantes cualidades como estudiante, pronto le brindan la oportunidad, a través de nuevas becas,  de seguir formándose en otras prestigiosas universidades de Estados Unidos. No podemos olvidar que por aquellos años el acceso a las becas estaba muy restringido concediéndoles sólo a alumnos muy brillantes e inteligentes. Primero se especializa en Historia Latino Americana por la prestigiosa Universidad de Georgetown. Como muchos de ustedes saben en esta Universidad Católica de los Jesuitas con sede en Washington, han cursado sus estudios personalidades tan relevantes, como el ex-presidente estadounidense Bill Clinton, y sin tener que salir de España nuestro Príncipe Heredero Don Felipe de Borbón, entre otras. Pero su estancia en Georgetown, pronto quedaría interrumpida; un grave problema familiar le obligaría a volver a Santo Domingo. No obstante, este revés no frenaría su vocación y desarrollo profesional y mientras impartía clases de Historia en la Universidad Católica Madre y Maestra, publica su primer libro titulado La Española en el Siglo XVI, libro que posteriormente sería reeditado cuatro veces, la última edición titulada, Después de Colón: Trabajo sociedad y política en la economía del oro. 

Tras ejercer como profesor durante seis años, en la Universidad Madre y Maestra y escribir seis libros, entre ellos un Manual de Historia Dominicana, nuestro recipiendario, aparca la docencia temporalmente para acometer el nuevo reto de desarrollar el Fondo para el Avance de las Ciencias Sociales en Santo Domingo y seguir con la edición de la Revista de Estudios Dominicanos.

A pesar de esta intensa actividad que les acabo de relatar, el Doctor Moya, percibía la sensación de que su formación aún no estaba concluida y en 1979 decide volver a la universidad. En esta ocasión consigue tres becas para proseguir sus estudios en Columbia University (1979-1987). Durante los años que permanece en ella, además de dos maestrías en Historia Latinoamericana, se doctora en Desarrollo Económico, con la calificación de Distinguido.

El título de su tesis: Políticas de sustitución de importaciones y desarrollo industrial de la República Dominicana, 1880-1987, define claramente un nuevo desafío en el campo de las ciencias económicas, convirtiéndose muy pronto en todo un referente, no sólo en la República Dominicana sino en todo el mundo hispano- americano y anglosajón, ya que la mayoría de sus trabajos se publican también en inglés. Temas como: “proyecto nacional y desarrollo económico”,  “estado del bienestar”, “protección social”, “empresa”, “banca” etc., son las principales líneas de investigación que han quedado plasmadas en numerosos libros muchos de ellos escritos en inglés y distribuidos por gran parte del mundo. En el caso de España la edición de algunas de sus obras corre a cargo de acreditados organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas o conocidas editoriales como Alianza Editorial.

Entre sus dos últimos libros: La otra historia de Santo Domingo e Historia del Caribe: Azúcar y plantaciones en el mundo atlántico,  ambos publicados en el 2008  y el primero, ya mencionado”, he contabilizado 32 obras impresas, la mayoría  de ellas centradas en la época colonial. Entre ellas se incluyen títulos tan sugerentes como: La vida escandalosa de Santo Domingo;  Historia Colonial de Santo Domingo;  La República Dominicana, esta última traducida a cuatro idiomas; El Batey. Estudios socioeconómico; Atlas de recursos Naturales de la República Dominicana… etc.

A esta cifra tan elevada hay que añadir otras muchas obras  colectivas que ha coordinado como la que ha visto la luz el pasado año, Historia de la República Dominicana, editada en España por el CSIC.

No puedo dejar de hacer referencia a los cerca de 100 artículos y capítulos publicados en libros y revistas especializadas de Hispano-América, Estados Unidos y Europa, ni tampoco a las más de 200 conferencias académicas impartidas en decenas de universidades y otras instituciones.  

Como no podía ser de otro modo, su trayectoria profesional y autor de tan magna obra, le han llevado a ejercer como docente en prestigiosas universidades y a ocupar cargos de responsabilidad. Además de ejercer como docente en la ya citada Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago en Santo Domingo, el doctor Moya ha impartido clases como profesor adjunto de Historia Latinoamericana en la Universidad de Columbia, en Nueva York o en la Universidad de Florida, sumando entre ambas seis años de docencia.

Desde el 2004, el doctor Moya es consultor de desarrollo institucional y empresarial, y durante once años dirigió el Centro de Estudios Dominicanos. Asimismo ha ocupado los cargos de Presidente  de la Comisión de Historia del Instituto de Cultura Hispánica en la República Dominicana; de la Comisión Internacional de Expertos en las Culturas del Caribe de la UNESCO; Director de investigación del fondo para el fomento de la empresa; Presidente de la Comisión Nacional de Rescate Arqueológico; Ministro Secretario de Estado de Medio ambiente y recursos naturales de la República Dominicana; Vicepresidente Ejecutivo de OGM Central de Datos”, así como también ha ejercido otros muchos cargos los cuales me resulta imposible proporcionales en un acto de esta naturaleza.

No obstante, aunque soy consciente de que no debo de sobrepasar el tiempo que se me ha concedido, existen otros capítulos de su perfil curricular que no podemos obviar como los honores y consideraciones adquiridas a lo largo de su trayectoria profesional. Además de Presidente de la Academia Dominicana de la Historia, desde 2010, nuestro nuevo académico es miembro Correspondiente de nuestra Real Academia de la Historia; de las Academias de Historia de: Guatemala, Venezuela, Puerto Rico y otras academias hispanoamericanas como la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica o la Academia de Ciencias de la República Dominicana, entre otras. Tampoco debemos obviar algunos de los importantes premios con los que ha sido galardonado como el “Premio Nacional de la Historia”, en 1971 y el de “Ciencias Sociales” concedidos en el 2008, ambos en reconocimiento de una fecunda trayectoria dedicada a la historia.

Hoy esta Real Academia Hispano Americana de Ciencias Artes y Letras, se honra en recibir como miembro de su Corporación a uno de los más insignes historiadores y economistas de Hispano América. Los amplios  y profundos conocimientos sobre la historia y la cultura hispano-americana que acompaña al nuevo académico consecuentemente añadirán prestigio y sabiduría a nuestra centenaria Corporación. He dicho.

 

 


ISSN: 2174-0445



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