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LAUDATIO EN LA RECEPCIÓN DEL ILMO. SR. D. JOSÉ LUIS MAESTRO MARTÍNEZ, ACADÉMICO CORRESPONDIENTE EN MADRID
 

D. José Pedro Pérez – Llorca Rodrigo
Académico de Numero, adjunto a la Dirección en Madrid

Pocas cosas más gratas puede haber para mí, que la de estar hoy aquí en el marco esplendoroso de este Salón Regio, y dentro de las celebraciones del próximo bicentenario de la fundación de la Real Academia Hispanoamericana, para encargarme del discurso de contestación al tan brillantemente pronunciado, con ocasión de su ingreso como Académico correspondiente de nuestra corporación, por D. José Luis Maestro Martínez.

Por mis manos han circulado decenas de “curricula” brillantes. Mis ojos han leído muy importantes relaciones de méritos personales. Pocas veces sin embargo, me ha sido dado asomarme a un resumen vital, que no otra cosa es un “currículum”, que demuestre una tan acrisolada trayectoria de inteligencia, laboriosidad, tesón, ingenio y mérito.

El primer Barón de Rothschild ofreció una receta para elaborar las que el denominaba “píldoras del éxito” que rezaba así: “Cójanse tantas partes como se quiera de ingenio, 10 de salud, 50 de perseverancia, añádanse otras 50 partes de orden y economía, 500 de laboriosidad y otras 500 de honradez. Mézclese bien todo con fuerza, lo bastante para formar píldoras, que se dorarán con la educación y la cortesía.” Parece como si el barón de Rothschild, primer jefe del banco en París, hubiera estado pensando en una persona como José Luis Maestro, al hacer esta difícil fórmula y dosificación de ingredientes. Con ello, ya tendríamos hoy motivo para celebrar el acceso de nuestro nuevo compañero.

Don José Luis Maestro ingresó por oposición en la Escuela Naval Militar en 1966, obteniendo el número 1 de su promoción, optó por la Infantería de Marina, y en ella alcanzó el empleo de Capitán. Habiendo solicitado la excedencia voluntaria en 1983, en 1985 repitiendo el brillante desembarco que hizo en la Armada, y tomando como objetivo, como si fueran las playas cercanas a la sierra de Retín, la Administración Civil del Estado, realizó una segunda operación anfibia, ingresando por oposición en el Cuerpo Superior de Inspectores de Finanzas del Estado con el número 2 de su promoción. Como Inspector tuvo muy importantes destinos en la Inspección General de Seguros, habiendo pasado prácticamente por todos los rubros de ese importante ramo del Ministerio de Hacienda. Pero en 1995 el Capitán Maestro realiza un nuevo desembarco. Excedente voluntario en la Administración Civil del Estado, pasa al sector privado y se convierte en Socio Director del Grupo de Seguros de Coopers & Lybrand, y tras la fusión de esta firma con otra del sector busca otra playa, es nombrado socio director del área de consultoría de Seguros de KPMG. Pero el afán de superación le asalta de nuevo, y en 1999 efectúa un nuevo desembarco, esta vez podría ser uno vertical, y se convierte en Chief Financial Officer del Grupo Winterthur para España y Portugal. En este importantísimo Grupo ha recorrido, además de sus propias funciones de CFO, todas las áreas diversas que configuran una gran empresa de seguros.

En marzo de 2006 habiendo recorrido con excelencia los senderos de la milicia, la administración civil y la empresa privada, este inquieto Capitán de Infantería de Marina, realiza una nueva operación anfibia, y desembarca en su propia ínsula, porque ínsulas, más grandes o más pequeñas, son los territorios en los que se asientan las actividades de consultoría y de asesoría de las empresas de seguros, que constituyen la más granada elite en el mundo de los profesionales independientes. Además de los puestos del Consejo de Administración anejos a su actividad en Winterthur, la energía y el tesón de nuestro nuevo compañero, le hicieron encontrar tiempo para ocuparse de realizar importantes trabajos en el seno de la patronal del sector Seguros, llegando a haber ostentado la presidencia del grupo de trabajo de Contabilidad creada en la mencionada UNESPA.

Profesor hasta hace poco de la Escuela de Hacienda Pública, su lista de publicaciones sobre cuestiones técnicas del Seguro es extensa a la par que verdaderamente impresionante, por la complejidad de las cuestiones tratadas.
Pero no contento con ello, y bajo un nombre de pluma, ha publicado más de 500 articulos de opinión en varios periódicos de la prensa nacional. Muchas eran pues la energía y la voluntad que se albergaban bajo el pantalón turquí con franja grana partida y las tres sardinetas en la bocamanga de aquel joven guardiamarina que optó por la Infantería de Marina.

La lectura atenta del discurso con el que el nuevo académico ha cumplido con el precepto reglamentario, me lleva a confirmar la visión obtenida por la lectura de su currículum. En este espléndido trabajo sobre la formación histórica del seguro español y su proyección hispanoamericana, José Luis Maestro revela una vez más la fórmula de su éxito. Conocedor profundo de su tema, exhibe también una erudición notable en materias conexas, aunque lo sean remotamente, erudición esta que revela a la vez al lector y al viajero.

Para ponderar la importancia del seguro, narra Maestro una famosa conversación entre Giovanni Papini y Henry Ford. “No existirían la prosperidad de Manhattan ni los rascacielos, ni la población atareada que transita a toda velocidad por sus calles” -reconoce por fin el escritor- “sin la invención del seguro”. Hay que añadir que tampoco existirían sin el crédito.

El seguro y el crédito son los verdaderos motores del progreso de la economía de mercado. Son creaciones de la civilización occidental, que nos distinguen de otras que fueron prósperas, pero que no pudieron desarrollarse por la inexistencia de estos dos instrumentos tan poderosos.

No corren buenos tiempos para el seguro y para el crédito. La crisis financiera que se originó en torno a instituciones dedicados a estas actividades, y los errores y abusos que se han puesto de manifiesto, han originado un verdadero tsunami crítico que enlaza muy fácilmente con una sensibilidad subyacente, emocionalmente comprensible, aunque superficial. Sin embargo hay que reafirmar que sin seguro y sin crédito, ni la mejor tecnología nos evitaría el emprender el camino decidido hacia la Edad de Piedra.

El nuevo académico explica con claridad y sencillez una cosa, que otros han pretendido relatar de manera harto complicada, hasta el punto de hacerla a veces incomprensible.

Partiendo de la base de que en el contrato de Seguro subyace un elemento aleatorio, y que los riesgos a cubrir deben ser en principio derivados del “aleas”, es decir del “azar” y no de una conducta humana voluntaria, la masificación y tipificación por “especies” de los riesgos cubiertos derivada siempre de extensas y correctas estadísticas, convierte lo que, individualmente considerado, tiene tanto de apuesta, en un riesgo estadísticamente calculable, para cuya cobertura se puede fijar un precio, la prima, que puede ser equitativo y suficiente. La clave está en esta famosa “ley de los grandes números”, tan importante para entender la actividad social de la Humanidad, como lo es de la Relatividad, para comprender el Cosmos.

Sobre estas bases los actuarios de seguros han convertido los cálculos del coste de las primas en una operación matemática de alto rigor, y el contrato de seguro considerado en grandes masas ha dejado de ser aleatorio. No ha sucedido así, ni puede suceder, con otras actividades derivadas del “aleas”, como son, por poner ejemplos, la ruleta o la lotería. La no existencia de grandes números en el sentido técnico, aunque sea mucha la gente que juega a una y a otra, hacen imposible el escaparse del azar. Esto lo explica así el recipiendario hablando de los orígenes del seguro marítimo: “el seguro marítimo así configurado fue, en sus etapas iniciales, una operación del todo azarosa desde el punto de vista técnico, muy emparentada con la apuesta, instituciones ambas que, aún compartiendo la nota común de tratarse de contratos aleatorios o de suerte difieren radicalmente por cuanto, aunque tanto en el seguro como en la apuesta se halla presente un elemento de riesgo, en el contrato de seguro se trata de un riesgo técnicamente asegurable, en el sentido de que, en términos generales, es susceptible de tratamiento estadístico, de tal manera que, aunque el contrato sea aleatorio, cuando el asegurador considera la operación en masa, es decir, en relación con el total de expuestos al riesgo, ésta se convierte en una operación financiera cierta, porque en relación con la colectividad de asegurados se cumple la ley de los grandes números, cosa que, evidentemente, no sucede con la apuesta.” Añade el recipiendario que “la premisa técnica fundamental en la práctica aseguradora” es “el agrupamiento de riesgos similares de forma que en la colectividad así formada se cumpla la ley de los grandes números y su corolario de compensación de los riesgos entre sí”.

Quiero aquí decir que, sobre estas cuestiones, he tenido la oportunidad e incluso la necesidad de leer bastante, pero debo repetir que nunca hasta ahora, las había visto expuestas con tan “breve claridad” como en esta ocasión.

Realiza a continuación el hoy recipiendario una detallada exposición histórica sobre la evolución de las figuras de lo que podríamos llamar el pre-seguro, desde las caravanas babilónicas, pasando por Roma, hasta la “echazón” y el préstamo a la gruesa y su evolución, para empezar a explicar el seguro propiamente tal desde el siglo XIV. Especialmente estudia el seguro de transporte marítimo y aquí encontramos de nuevo al marino. Glosa luego el recipiendario, la aparición de la póliza, las distintas ordenanzas españolas de Barcelona y Sevilla, para entrar en la tardía formación de las entidades aseguradoras en España, concretamente la creación de La Real Compañía de Seguros de Mar y Tierra de Madrid, cuya actividad de seguro marítimo se domicilia enteramente en Cádiz, donde después llegó a haber hasta 54 compañías de seguros, cuando en Barcelona existían sólo siete.

Interesantísimas son sus aportaciones al nacimiento del seguro en los Virreinatos, así como su exposición estadística de lo que representan las cifras actuales del seguro en España e Iberoamérica.

Considera el autor que se puede asegurar un prometedor desarrollo al sector del seguro en Hispanoamérica (este asegurar es una afirmación importante viniendo de un actuario) y nos promete escribir mucho sobre este asunto, escrituras estas que bien pudieran tener como pretexto o acomodo a algunas de las sesiones futuras de nuestra Academia.

La Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras, recibe hoy gozosa a este Infante de Marina que tanto ha honrado sus tres sardinetas y que, valiente por tierra y por mar como todo el Cuerpo, tanto sabe hoy, como actuario y auditor de seguros y como inspector de finanzas, de la mensuración de todos los riesgos por tierra mar y aire. Su amplísima experiencia vital y sus muchos saberes le han permitido efectuar el excelente discurso que ha sido su brillante desembarco en esta casa.

Yo le vaticino y hasta le “aseguro”, eso sí, sin emisión de prima alguna, una intensa aportación a los trabajos de la Academia y un brillante futuro en el seno de la Corporación, en la que le acogemos todos, y yo también, con un gran abrazo de bienvenida.

Muchas gracias

 

 


ISSN: 2174-0445



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