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LAUDATIO EN LA RECEPCIÓN DEL ILMO. SR. D. LUIS NAVARRO GARCÍA, ACADÉMICO CORRESPONDIENTE EN SEVILLA
 

Dr. Manuel Bustos Rodríguez
Académico de Número y Vicedirector 1º

Conocí a Luis Navarro hace años, siendo yo todavía un joven profesor universitario. Intervino en uno de esos cursos que cada verano organizaba la Universidad de Sevilla, junto al monasterio de La Rábida, sobre historia de América, herederos a su vez de los que antes organizara mi director de tesis y responsable de mi desembarco en Andalucía, Vicente Rodríguez Casado, “alma mater” de todo aquel conjunto americanista alrededor del convento, donde Colón en persona presentó ante los frailes franciscanos la empresa descubridora que se proponía llevar a cabo. Por dichos cursos pasaron brillantes figuras del americanismo español e hispanoamericano. Yo acudía a ellos cada verano, a comienzos de los años ochenta, aprovechando mis veraneos en Mazagón, sobre la zona litoral de Huelva, no muy distante de la sede de los referidos cursos. Para mí entonces, los ponentes eran figuras inalcanzables, a las que, me parecía, difícilmente se podía acercar un profesor adjunto imberbe como era yo en aquel tiempo.

Decir americanismo es decir Luis Navarro. Pertenece a una pléyade de investigadores y docentes de los años 50 y 60, formados en torno a la Universidad de Sevilla y, dentro de ella, en la cátedra de Historia de América con sus diferentes denominaciones, así como alrededor de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos que fundara el referido Vicente Rodríguez Casado, don Vicentón, como le solíamos llamar, dada su exuberante y corpulenta humanidad. A ese período brillante pertenecieron hombres de la talla de Manuel Jiménez Fernández, Céspedes del Castillo, Morales Padrón, Calderón Quijano o Paulino Castañeda, todos ellos ya fallecidos. Sin embargo, del magisterio y de la labor orientadora de ellos y de Luis Navarro han salido numerosos discípulos, hoy catedráticos de universidad no pocos de ellos, como mi querido amigo y colega Julián B Ruíz Rivera, que trabajó durante muchos años, y aún continúa trabajando, al lado de Luis Navarro. La dirección de un abultado número de tesis de Doctorado, 32 en total hasta el presente, tanto de alumnos españoles como, sobre todo hispanoamericanos, es una prueba evidente de lo que decimos, así como del quehacer de nuestro recipiendario en este terreno fundamental de la investigación.

Luis Navarro se dio a conocer a finales de los 50 con un trabajo sobre las intendencias de Indias, unidad administrativa y de gobierno, esencial para entender la América hispana y la presencia española en ella. Tras un largo paréntesis, retomaría más tarde el tema, esta vez incorporando un bagaje mucho más rico de conocimientos y un método historiográfico más actualizado, en una segunda obra de título Las reformas borbónicas en América. El Plan de Intendencias y su aplicación, publicado en 1995. En este trabajo ensancha el campo de su interés y sitúa las citadas instituciones dentro del ambicioso plan de reforma de los Borbones para la América hispana. Y en fecha más cercana a nosotros, volverá Luis Navarro a tratar el tema desde otra perspectiva, que bien podríamos denominar la perspectiva social. Nos referimos en esta ocasión a su libro La élite frente a la intendencia y el corregimiento en la ciudad de México, publicado en esta ocasión en 2005. Por último, en su libro Servidores del rey. Los intendentes de Nueva España, aparecido en 2009, vuelve a estar presente el tema citado, y, en esta ocasión, de manera más plena, su dimensión social.

Los estudios de historia de las instituciones americanistas y sobre las grandes figuras del gobierno hispano en las Indias constituyen probablemente el eje sobre el que ha girado –y me atrevo a decir que gira todavía- la extensa labor investigadora llevada a cabo por Luis Navarro. Nos hemos referido al asunto de las intendencias borbónicas. Conviene ahora que nos acerquemos a otros, que toman generalmente como centro geográfico el del importante virreinato de la Nueva España. Es el caso de los estudios dedicados a la importantísima figura de José de Gálvez, miembro del Consejo de Indias, visitador general de dicho territorio, impulsor del poblamiento del sur de los EE.UU.-N. de México y, sobre todo, Secretario de Indias desde 1776, cargos, particularmente este último, desde los que llevó a cabo importantes reformas administrativas (como la creación del virreinato del Río de la Plata), hacendísticas y socio-económicas. Vienen a continuación las obras consagradas a todo un ramillete de virreyes de la América hispana y a su acción en el Nuevo Continente, del que forman parte los marqueses de Croix y Branciforte, y el virrey Alburquerque.

Sus extensos conocimientos sobre la América hispana los resumiría con acierto en su libro Hispanoamérica en el siglo XVIII (1975), que constituyó todo un éxito, al ser una de las obras más utilizadas por estudiantes y profesores interesados por el Nuevo Continente. De ahí el número de ediciones que ha tenido.

Pero, ciertamente, tampoco dejó de consagrar una parte importante de su esfuerzo investigador al espinoso tema de la independencia de la América hispana, hasta el punto de convertirse en conferenciante oportuno y necesario en estos tiempos de conmemoraciones que estamos viviendo. A su artículosobre “El orden tradicional y la revolución de independencia en Iberoamérica” de 1984, seguirán otros de carácter general como “La independencia de Hispanoamérica”, publicado en 1989, y “La Independencia de Hispanoamérica: ruptura y continuidad” en 1995. Y centrados ya en la independencia de algunos territorios concretos, surgen trabajos más extensos, como los de La independencia de Cuba (aparecido en 1992), Las guerras de España en Cuba (en 1998), o Umbral de la Independencia. El golpe fidelista de México en 1808 (del año 2009).

Si las figuras de los virreyes y los temas relativos a la independencia en general han sido objetos preferentes de su atención, también lo fueron los propios protagonistas de la independencia, como son los casos de José Artigas, que contribuyó notablemente a la independencia de Argentina, a quien dedica una monografía en 1987, o de José Antonio Páez, caudillo de Venezuela, quien fuera General en Jefe y presidente de la República de dicho país,para el que publica otra en 1989.

La vocación docente e investigadora de Luis Navarro comenzó probablemente al término de su licenciatura de Historia de América allá, en 1958, cuando estaba recién creada. Al poco comenzaría la preparación del doctorado en la misma especialidad, concluyéndolo apenas tres años después. Este grado significa en la vida académica de un universitario, como sabemos, su primera incursión a fondo en los archivos y los documentos. Su puesta de largo. De aquí saldría luego toda la rica investigación que hemos ido desgranando, y otra que, por falta de tiempo, no podemos referir aquí. Bástenos con citar su participación como director en sendos grandes proyectos de investigación (“Andalucía y América: Tierra y Sociedad” y “El municipio indiano: relaciones interétnicas, económicas y sociales”, este último de excelencia, como una nueva prueba de su mérito en este campo.

A partir de aquel momento, se precipitarán los hitos de su abultado currículo, que se extenderán justamente a lo largo de la década de los 60, época de grandes cambios en la universidad, en el americanismo y también, como no, en la historiografía, con la llegada a España de las corrientes historiográficas entonces en vigor en Occidente, así como de las siguientes décadas. De esta forma, Luis Navarro alcanzará sucesivamente los puestos deProfesor Ayudante y Encargado de Curso entre 1958 y 1966; de Profesor Adjunto, esta vez por oposición, entre 1966 y 1968; de Profesor Agregado de la Universidad de Murcia entre 1968 y 1970, y finalmente, de Catedrático de Historia de América en su Universidad de Sevilla  a partir de 1970.

La labor docente en todos estos puestos, unida, como no podía ser menos, con la investigadora que hemos venido analizando al comienzo de esta Laudatio, fueron simultaneadas con otras responsabilidades de gestión y administración dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de su Universidad, como Vicedecano y director de departamento. También con las tareas desempeñadas en torno a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, dependiente en sus primeros tiempos de la Universidad Hispalense y, más tarde, del CSIC, creada en los primeros años de la posguerra. En efecto, Luis Navarro participó, en esta ilustre institución del americanismo hispano, primero como colaborador e investigador y más tarde como secretario. La voz de dicha institución, el “Anuario de Estudios Americanos”, conoció también de su presencia, como miembro de su consejo de redacción durante varios años.

Toda esta brillante trayectoria, culminada ahora como profesor emérito de la Universidad Hispalense, donde durante tantos años ejerció la docencia, no hubiera sido posible por tanto, si allá por los años cincuenta del siglo pasado, no hubiera decidido cursar la entonces incipiente licenciatura de Historia de América en dicha institución, la misma que, al cabo, ha reconocido sus méritos y servicios. Y también, como no, si, en 1958, no hubiese concluido brillantemente sus estudios con premio extraordinario, para, apenas tres años después doctorarse, con la misma calificación, en dicha materia.

Su trabajo se ha visto reconocido con los nombramientos de académico correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Academia de la Historia Argentina. Con premios como el “Raimundo Lulio” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; con la Placa de plata del “Águila de Tlatelolco”, concedida por la Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, y la Medalla al Mérito Histórico “Capitán Alonso de León”, otorgada por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, de Monterrey (México).

Su participación en eventos importantes del americanismo es proverbial, desde la Cátedra “General Castaños” de la Región Militar Sur de la que es colaborador, o como organizador coordinador de simposiums (“José de San Martín y su época”, Sevilla, 1999; “Élites urbanas en Hispanoamérica”, Sevilla 2004, etc.). Impulsa igualmente el americanismo hispanoamericano desde la Asociación Española de Americanistas (a la que me cabe también a mi el honor de pertenecer), de que ha sido miembro fundador y, más tarde, primer Vice-Presidente. Ha dirigido obras de conjunto sobre América como esa “Historia de las Américas” (publicada por Alhambra en 1991), con participación de prestigiosos americanistas de ambos lados del Atlántico.

Hoy nos deleitará Luis Navarro con un brillante discurso, sobre un tema que conoce como nadie. Se centra en las propuestas de las autoridades hispanas sobre la manera de articular las relaciones políticas entre la Península y sus territorios en el Nuevo Mundo, a fin de mantener los vínculos seculares existentes entre una y otra zona, en época de grandes cambios y con la independencia de Norteamérica como telón de fondo. Conciencia de transformaciones, que se ahondará durante los reinados de Carlos III y Carlos IV (recordemos las ideas de Gálvez, Floridablanca y Aranda al respecto).

En definitiva, señoras y señores académicos, nuestra centenaria Institución se honra hoy en recibir entre sus miembros como académico correspondiente a un cualificado americanista, el profesor Luis Navarro, cuyo méritos – a pesar de la humildad casi estructural que le caracteriza y que constituye uno de sus rasgos más humanos de su personalidad-, dentro del ámbito de su especialidad quedan fuera de toda duda a la vista de esta Laudatio que hemos leído, y cuyas orientaciones y aportaciones serán de enorme interés para nuestra Real Academia. Muchas gracias. He dicho.

 


ISSN: 2174-0445



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