Entidad editora: Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (RAHA).
 
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CLAUSURA DEL CURSO ACADÉMICO 2011-2012
 

Dra. María del Carmen Cózar Navarro
Académica Directora

Excelentísimos e Ilustrísimos señores, Dignísimas Autoridades, señoras, señores, queridos amigos:

Sean mis primeras palabras para manifestar, en nombre de todos,  la satisfacción que hoy sentimos ante la incorporación a nuestro foro del Excelentísimo Sr. D. Edgardo J. Angara, una de las figuras más brillantes del elenco político filipino. Con este nombramiento, la Real Academia Hispanoamericana le quiere expresar un merecidísimo reconocimiento de la importante labor desempeñada al fomentar las relaciones hispano-filipinas y promover el  intercambio cultural entre ambos países, obra que ha culminado con la institución del Día de la Amistad Hispano-Filipina. Hoy las damas gaditanas, en honor de nuestros distinguidos visitantes, nos hemos engalanado con los ricos mantones de Manila que amorosamente guardamos en nuestros arcones y cómodas de caoba para lucirlos en las ocasiones que lo merecen, como hermoso signo de una cultura española que es de ida y vuelta, porque tanto dio España de su propio ser, como recibió de Ultramar en la formación de una vigorosa cultura compartida.

Nos sentimos felices porque Filipinas, tras años de ausencia, vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en la Real Academia Hispanoamericana tal como nos ha rememorado  la Ilustrísima Sra. Dª Alicia Castellanos Escudier  a quién  felicito por la brillante laudatio que ha realizado. Es digno de encomio su interés en estrechar vínculos de amistad con Filipinas, como en su día hicieran los académicos Olaguer Feliu y Martín Torrente,  promotores ambos de la sección de nuestra Corporación en Filipinas.

Debo, asimismo, agradecer al Excelentísimo Sr. D. Carlos Salinas, embajador de Filipinas, la lectura del brillante discurso que, en nombre del Senador, ha realizado.  Desde siempre, Senador, Filipinas ha estado muy cerca de España, de Cádiz y de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras. De todos es conocida la íntima vinculación del  Archipiélago Filipino con España, durante más de tres siglos. El galeón de Acapulco, nao de China para los mexicanos, surcó el Pacífico durante más de doscientos años, sirviendo de único lazo de unión entre Filipinas y el Virreinato Novohispano y a través de éste con España. En el siglo XVIII, Carlos III consciente de la importancia geoeconómica del archipiélago y del interés que suscitaba en las naciones de Europa, por su privilegiada situación para el comercio con el Extremo Oriente, decide fundar la Real Compañía de Filipinas para promover el desarrollo económico de su colonia asiática en régimen de monopolio. La conversión de la Carrera de Manila, es decir, el comercio directo entre Cádiz y Manila por el Cabo de Buena Esperanza, en derrota oficial, fue muy importante para la plaza gaditana, ya que Cádiz lograba concentrar en su seno todo el negocio colonial, el americano y el asiático. 

Pero será en el siglo XIX, al liberalizarse el tráfico, cuando Cádiz se vincule aún más a sus reductos antillanos, Cuba y Puerto Rico y, en particular, con las Filipinas. Las expectativas económicas que este tráfico ofrecía constituyeron un incentivo para las empresas consignatarias gaditanas, que ofertarán sus buques mercantes para la realización de servicios públicos y privados Y de la Mar Pacifica llegaban  a Cádiz añil, cochinilla, grana, abanicos, sedas, miriñaques, arroz, aceite de cañapete, mantones de manila, cómodas de maque, tabaco. Y  en el puerto de Cádiz, embarcaban los misioneros dominicos, agustinos y jesuitas para continuar con la labor de evangelización que sus ancestros, años atrás, habían iniciado. Fueron ellos quienes llevaron la cultura española a aquellas tierras  lejanas, al predicar el cristianismo.   

Filipinas es parte sustancial del acervo histórico nacional de España, cuyos valores arraigaron en ella, en un imparable proceso de integración cultural. Los gaditanos nos seguimos emocionando al contemplar, en nuestras Casas Consistoriales, una espléndida pintura al óleo, España y Filipinas, obra del pintor filipino Juan Luna Novicio. En ella, una dama española coronada de laurel acompaña a una hermosa joven filipina, mientras ambas ascienden juntas, cada cual por su propio pie, por los peldaños que ilumina el resplandor de un sol radiante. Hoy España se enorgullece del vigor y la belleza de la joven República que, tras su natural emancipación, supo conservar a despecho del tiempo y la distancia, como parte de su identidad nacional, el legado hispano. La realidad actual de la relación hispano-filipina se ha ido decantando a lo largo de los años, manteniendo unidos a dos países con signos de identidad basados en valores compartidos y vínculos humanos e históricos muy profundos. Son esos siglos vividos en común los que han conformado un sentido de pertenecía a una misma comunidad. Gracias, Senador, por haber sabido poner en valor ese legado, particularmente en un momento histórico en el que el pivote mundial se traslada al Pacífico, el “Mar del Sur” que descubrió Vasco Núñez de Balboa, cuyas inmensas aguas bañan las costas de tantas naciones que hablan en español.

Clausuramos el curso  2011/2012 con la satisfacción del deber cumplido. Puedo afirmar con orgullo que nuestra Corporación ha sido un foro vivo de trabajo intelectual, tal como nos lo propusimos  el pasado mes de octubre, en la Sesión inaugural. En aquél acto solemne, recibimos con gran satisfacción como Académico de número al Ilustrísimo Señor D. Manuel Ramos Ortega, catedrático de Literatura de la Universidad de Cádiz, su brillante disertación, Discurso y celebración literaria: Cervantes hispanoamericanos” nos brindó la oportunidad para conmemorar la Fiesta de la Hispanidad, como nuestros Estatutos disponen.

 Con este espíritu, nos dispusimos a desarrollar el programa científico que habíamos elaborado para conmemorar el Bicentenario, rendir homenaje a la Constitución de 1812  e  incrementar nuestra presencia en Hispanoamérica, en  Filipinas y en Europa.

De gran interés nos resultó, ya en el mes de noviembre, que  D. Luis Miguel Romero Fernández, ex rector de la Universidad técnica de Loja, en Ecuador, nos diera a conocer la importante labor cultural y misionera que la Universidad realiza en lo que fueron las misiones jesuíticas de Chiquitos, en Bolivia.  Y fue en ese mismo mes de noviembre en el que recibimos como Académico correspondiente en Sevilla al Ilustrísimo Sr. el D. Luis Navarro García  quién nos ilustró acerca de los proyectos españoles sobre América, en torno a 1800. En el mes de diciembre recibimos a la Ilustrísima Sra. Dª Delfina Fernández Pascua como Académica correspondiente en Puerto Rico, quién nos recordó la  importante labor que el representante portorriqueño, Ramón Power,  desempeñó en el proceso constitucional del Doce, en pro de la libertad e igualdad  de derechos y de la paridad representativa entre la metrópoli y Ultramar.

Iniciamos el año 2012 recibiendo como Académico de Honor al Excelentísimo Señor D. Juan Velarde Fuertes, a quién rendimos merecidísimo homenaje  por su labor cultural desempeñada en Hispanoamerica. Su disertación sobre los aspectos económicos de  la Constitución de 1812 nos ayudó a comprender las causas que propiciaron la separación entre los territorios europeos y americanos de la Nación, poco después de proclamarse ésta Soberana en su primera carta magna.

Fue grato que en plena celebración del Bicentenario, en marzo, el Ilustrísimo Sr. Dr. Horst Pitschmann, catedrático de Historia de América en la Universidad de Hamburgo, nos recordara como España forjó una vigorosa cultura  en Hispanoamerica y que la Ilustrísima Sra. Dª Irma Emiliozzi, catedrática de Literatura,  nos diera a conocer la dimensión americana de la obra que Francisco Ayala -digno representante de la generación del veintisiete y una de las figuras más señeras de la Literatura española- desarrolló, durante sus años de exilio, en uno de los periódicos de más tirada de la República Argentina: La Nación.

Fue motivo de gran satisfacción recibir como Académico correspondiente en Santo Domingo al Dr. Frank Moya Pons, quién enriqueció  nuestro conocimiento sobre la historia de la República Dominicana en aquellos años azarosos de la invasión de España por las tropas de  Napoleón.

En el mes de abril, fieles a nuestra tradición literaria y vocación americanista recordamos a Cervantes, acompañados por las corporaciones hermanas que se desplazaron a Cádiz para distinguir a la Ilustrísima Sra. Dª Pilar Paz Pasamar, la Académica más antigua de nuestra Corporación,  con  la Medalla de Honor del Instituto de Academias de Andalucía.

Si relevantes han sido los actos académicos mencionados, no lo ha sido menos la presentación por la Ilustrísima Sra. Dª Alicia Castellanos del primer número de  la Revista Científica de  la Real Academia Hispano Americana, continuadora de nuestro histórico Boletín, reflejo de nuestro quehacer intelectual y vehículo de comunicación entre los académicos, y con la sociedad, a ambos lados del Océano.

En este Curso, que todos recordaremos como el del Bicentenario, la Real Academia ha cumplido, pues, con la misión señalada en sus Estatutos de colaborar con el Ministerio de Asuntos Exteriores en promover y difundir en el cuerpo social los valores propios de la cultura hispánica. Hemos celebrado puntualmente nuestras sesiones académicas ordinarias y solemnes, y trabajado intensamente para conectar con la sociedad a través de los medios de difusión, de nuestra página web y de nuestra Biblioteca, que ha continuado abierta para facilitar a los investigadores la consulta de sus valiosos fondos americanistas. La Real Academia Hispano Americana está dignamente representada en Alemania, Argentina, Colombia, Chequia, Chile, España, Estados Unidos, México, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y,  a partir de hoy, en Filipinas.

No debo finalizar esta memoria académica sin dedicar un respetuoso recuerdo al Excelentísimo Sr. D. Antón Solé, Académico de Honor, que fue de esta Corporación, fallecido hace unos meses. Que Dios le tenga en su Gloria.

En nombre de nuestra Corporación, quisiera agradecer a todos, Académicos, empleados y colaboradores, el entusiasmo y competencia demostrados en este empeño, sin los cuales no hubiese sido posible superar las dificultades que hemos encontrado en nuestro camino.
Mi agradecimiento en nombre de todos a la Excelentísima Diputación Provincial, que tan  gentilmente nos abre sus puertas para que podamos celebrar nuestras Sesiones solemnes en el Salón Regio, donde ya acostumbraban hacerlo los Académicos fundadores. Y gracias también  a todas las personas que, con su afectuosa presencia, representan a la sociedad a la que servimos, nos alientan en nuestro trabajo y sostienen moral y materialmente nuestra labor.

Queda clausurado el Curso Académico 2011-2012. En nombre de S. M. el Rey, nuestro Presidente de Honor, se levanta la sesión.

Cádiz, 20 de junio de 2012
                                                                      

 

 


ISSN: 2174-0445



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