Entidad editora: Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (RAHA).
 
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CLAUSURA DEL CURSO ACADÉMICO 2014-2015. RECEPCIÓN COMO ACADÉMICO CORRESPONDIENTE DEL EXCMO. SR. D. JOSÉ ANTONIO ESCUDERO LÓPEZ
 

María del Carmen Cózar Navarro
Directora de la Real Academia Hispano Americana

La Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras tiene la satisfacción de recibir,  como Académico Correspondiente de esta docta casa en Madrid, al Excmo. Sr. D. José Antonio Escudero López, Jurista de reconocido prestigio, Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y Académico de Número de la Real Academia de la Historia. Más allá de la satisfacción que supone contar desde este momento con su aportación científica, es todo un honor, querido y respetado colega.

Tratándose, de personalidad tan científicamente notoria, podríamos pensar, por tanto, que la excelente laudatio que, acerca acabamos de escuchar no era necesaria para dar a conocer al recipiendario. Es, sin embargo, no sólo muestra de reconocimiento, sino de orgullo corporativo, loar –y en eso consiste la laudatio- ante tan distinguida audiencia el cursus honorum de nuestro nuevo compañero, y el Ilustrísimo Señor Don Rafael Sánchez Saus, Académico de Número, lo ha hecho tan brillantemente como acostumbra, expresando el sentir de todos. Así pues, nos felicitamos y le felicitamos por esta su primera aportación a la Hispano Americana, el magnífico discurso que acaba de pronunciar y que lleva por título Propuestas hechas desde España  para la independencia de América.

Es éste, ciertamente, un tema muy interesante para la institución hispanoamericanista que somos, puesto que incide en el nacimiento mismo de las distintas naciones que, con una misma cultura, aunque con identidades políticas distintas y diversas, participan en este foro. Y es particularmente sugestivo en Cádiz, cuna del constitucionalismo hispano y del sistema de gobierno liberal y representativo en el que hunde sus raíces la democracia.

Al hilo de las palabras de Don José Antonio puede parecernos triste que se frustrasen aquellas visiones casi utópicas de una Monarquía Hispánica renacida como Imperio marítimo sobre columnas dinásticas firmemente asentadas a ambos lados del Océano. Es muy reveladora, sin embargo, la cita de Don Gabriel de Císcar, Teniente General de la Armada y político liberal, encarcelado y exiliado a causa de sus ideas: aquellos proyectos, si bien grandiosos, no eran ya, en su opinión,  constitucionales. Un nuevo patriotismo fundamentado en la libertad llamaba a la puerta.

Pero lo que tal vez hubiese sido concebible, unos gobiernos representativos en ultramar bajo la Corona de España –modelo al que se remitiría la Commonwealth británica- no sería posible en América, porque no lo fue entonces en la misma España. Hoy la democracia representativa es una realidad política en nuestro país, una conquista histórica que los españoles alcanzamos  tras bicentenaria peripecia, un legado que la Constitución de Cádiz transmitió a las naciones de nuestra estipe, tan alejadas como cercanas a nosotros, que todos estamos llamados a promover y a reivindicar, llegado el caso.

Porque la distancia, siendo un obstáculo, no tiene por qué serlo cuando se comparten sentimientos, cultura e intereses. Las naciones que un día Vícens Vives llamó “oceanícolas” tienen en común la solidez de las estructuras sociales, económicas y políticas que construyen, y España no era, precisamente, una excepción. En ese sentido, la crisis de un interés compartido en torno a la libertad de comercio sería una de las causas, tal vez la más profunda, de la separación entre los españoles quienes, por demás, tanto compartían en ambos hemisferios. El declinar de la Monarquía Hispánica como poder marítimo  -y por ende, de la Real Armada, el elemento estratégico de mayor valor que España poseía en el siglo de las luces- propiciaría el final de tan magna obra, que la Nación española no podría regenerar, ya en los albores de la contemporaneidad.

En suma, el discurso de ingreso de Don José Antonio ha sido todo un acontecimiento para la Real Academia, y ocasión para mí muy grata que personalmente debo agradecerle, puesto que hoy es mi último acto académico como Directora de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras.

Ha sido para mí un gran honor dirigir esta noble Corporación,  un oficio que me dispongo a entregar en buenas manos, con la satisfacción del deber cumplido. Han sido seis años de mandato, largos cuando miraba al frente el día en que tomé posesión, breves cuando hoy hago memoria de la tarea realizada. Tanto y tan apasionante para mí ha sido lo que, entre todos, hemos hecho que siempre recordaré con añoranza una etapa en la que se han dado cita dos importantes efemérides, el Bicentenario de la primera Constitución Española y el Centenario de la fundación de esta Real Academia. Un doble desafío, ciertamente, pero también una señaladísima oportunidad de cumplir con nuestra misión, esto es, contribuir a la proyección de la cultura española en  Hispanoamérica y en el mundo entero, colaborando así con el Ministerio de Asuntos Exteriores en el cual está la Corporación incardinada.

Iniciamos nuestra andadura, en el ya lejano 2010, con la conmemoración  del Centenario corporativo, cuya huella queda registrada en  dos importantes trabajos de investigación que dan a conocer la labor científica y cultural que antaño realizaron nuestros Académicos: Centenario de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras (1910-2010) y La Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras. Edición conmemorativa del I Centenario 1910-2010.

Dos años después, en 2012, siguiendo la senda del gran constitucionalista e hispanoamericanista que fue nuestro fundador, primer Director y Alcalde de la Ciudad, Don Cayetano del Toro, tendría la Academia, junto a otras instituciones, una participación muy destacada en los diversos actos con los que se rindió homenaje a la Constitución, en su Bicentenario.

El ya notable elenco de la Academia ha crecido, se ha ensanchado. En sucesivas Sesiones Solemnes la Real Academia Hispano Americana se ha enriquecido al recibir a ilustres Académicos de Número,  de Honor y Correspondientes. Fruto de ello es que, hoy, la Corporación haya ampliado notablemente su representación en Filipinas, Puerto Rico, República Dominicana, Argentina, Perú, Venezuela, México, Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia, además de en numerosas ciudades de España.

Durante estos seis años, hemos utilizado todos los medios de difusión que han estado a nuestro alcance para difundir el conocimiento y fomentar las relaciones culturales con los países de habla hispana. Nuestra Corporación es conocida no sólo en Hispanoamérica, sino en cualquier otro lugar, gracias a nuestra página web. No en vano, el Rector de la  Universidad  de Massachusetts, interesado por la Biblioteca, nos visitó en Cádiz para firmar un convenio de colaboración orientado a la digitalización de nuestros fondos bibliográficos.
El anhelo que teníamos de reanudar la edición de la Revista de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras, se ha visto al fin cumplido. Actualmente se publica en formato impreso y digital, debidamente adaptada a las exigencias tecnológicas del siglo XXI y a las no menos importantes de calidad científica.

Digamos, en fin, que lo hemos logrado, que ha merecido la pena el esfuerzo, la Real Academia Hispanoamericana ha brillado en estos años a pesar de los recortes presupuestarios impuestos por  la dureza de la crisis económica, cuyos efectos todavía hoy padecemos. Tal vez, pienso, como profesora de Historia Económica que hayamos hecho valer esa vieja definición de la economía, un quehacer de los economistas, hombres y mujeres ocupados en utilizar recursos siempre escasos y susceptibles de usos alternativos. Y usos alternativos no es precisamente lo que nos ha faltado.

En esta labor siempre he podido contar con la ayuda inestimable de la Junta de Gobierno, sin cuya colaboración hubiese sido vana mi voluntad, con la confianza que me han brindado los Académicos de Número y  Correspondientes y con el inmenso apoyo del personal de administración y servicios de la  Academia.

Gracias también a nuestros numerosos y asiduos seguidores, cuya distinguida presencia tanto ha contribuido no sólo a la brillantez y trascendencia social de nuestros actos, sino también a darnos ese aliento que tanto necesitamos. A todos el reconocimiento de la Institución, y el mío propio.

Quisiera expresar mi gratitud, muy particularmente, al Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo de Cádiz y Ceuta,  D. Rafael Zornoza, por el interés que  siempre ha manifestado por la Corporación y por su presencia, tan frecuente como querida. Gracias también  a las Fuerzas Armadas y a las Autoridades civiles, que año tras año han honrado nuestras sesiones académicas, con especial mención al Presidente de la Diputación, Ilustrísimo Señor D. José Loaiza por cedernos este espléndido salón Regio marco histórico de nuestras Sesiones Solemnes.

A punto de terminar mis palabras, permítanme agradecer a mi marido, el Excelentísimo Señor D. Agustín Rosety Fernández de Castro, por el fiel seguimiento de la actividad de esta Real Academia, a la que tantos lazos personales le unen, y por su cercanía y comprensión hacia mí en estos años como Directora.

Y  a todos vosotros mis queridos amigos por vuestra amistad y compañía.

En nombre de Su Majestad el Rey, Presidente de Honor, se levanta la sesión.

Cádiz, 3 de junio de 2015

 

 


ISSN: 2174-0445



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