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PILAR PAZ PASAMAR, AVE DE MÍ, PALABRA FUGITIVA (POESÍA 1951-2008)
 

Olga Rendón
Grupo de Estudios de Literatura Española Contemporánea, Universidad de Cádiz


Pilar Paz Pasamar, Ave de mí, palabra fugitiva (Poesía 1951-2008). Edición de Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier. Cádiz, Fundación Muncipal de Cultura & Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Cádiz, 2013. 629 páginas.

Recorrer uno a uno los once libros de Pilar Paz Pasamar que conforman Ave de mí, palabra fugitivaes dejarse arrastrar por la “corriente infinita” de su poesía, tal como tituló la Doctora de la Universidad de Cádiz Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier una entrevista a la poeta 1. Y precisamente para adelantarse a cada recodo que traza su curso, para reconocer y apreciar cada tramo del viaje propuesto, esta misma profesora -editora meticulosa del libro compilatorio publicado a principios de año-dibuja en sus comienzos el itinerario previsto, señala con maestría los puntos de interés del recorrido, de manera que el lector que sigue sus indicaciones lleva preparado su particular equipaje de vivencias para airearlas y remozarlas con la lectura de los versos.

La primera parada es el propio título. El endecasílabo-verso último del poema “Palabra”- desentraña el misterio de la fuerza de esa corriente que fluye. El ave es el canto, y en el canto se aúna el alma con la palabra. La palabra con su fuerza infinita, liberadora, transmisora de intimidad, como lo es una oración. De manera que el título invita a leer este libro como quien abre la jaula y echa a volar pájaros.

Mara (1951) es el poemario que lo inaugura. El nombre bíblico reúne los poemas de una chica adolescente, “esa niña genial” de Juan Ramón Jiménez que descubre su vocación a la palabra y la entiende como un sacerdocio, como un ejercicio que le exige vivir sacrificada pero que le reportará, como contrapartida, la posibilidad de trascender. De esta manera explora desde tan temprano una sed de eternidad que conecta con su mentor y que busca sus reflejos en el fondo abisal del simbolismo de Bécquer, del modernismo de Machado: “He abierto galerías profundas en mi alma / y aún no llego a mi centro, ni llegaré a encontrarme” o del neopopularismo dramático lorquiano: Que yo no te vea, /que se cierren las puertas vecinas al cuarto,/ y que no me espere/ dormido en silencio, cubierto de luna / sobre el pretil verde, tu vestido blanco.” Se muestra así como ávida lectora de los maestros, eco sorprendente de las voces originales de los grandes poetas en los que reconoce su joven voz recién estrenada. A la vez incorpora ya su particular feminidad, exuberante de calor, sensual y mística a un tiempo; una feminidad que se entrega tierna y maternal. Son sus primeros ensayos de vuelo en solitario.

Los buenos días (1954), accésit de Adonais, es un poemario -tal como describe su editora- de autoconocimiento y autoexploración, que coincide a su vez con el despertar de la rebeldía propia de una joven universitaria con conciencia social, que reconduce y personaliza las doctrinas cristianas aceptadas desde la infancia adaptándolas a su nueva experiencia vital, a su nuevo horizonte de lecturas, influencias y conocimientos.

Se detiene el recorrido en una cala recóndita, casi inaccesible: Ablativo amor(1956), cancionero amoroso a la ausencia del amado. Sonetos a la búsqueda y al hallazgo, como reza la mejor poesía mística española; de hecho, el lema que abre el poemario es un verso de San Juan de la Cruz. “Salí tras ti clamando y eras ido”. Sonetos de amor encendidos, prendidos por la lectura confesa de los de Miguel Hernández, junto al que resuenan ecos de Lope. Trinos apasionados a la vez que recatados y elegantes: “Sabes tanto que sabes que no puedo / llegarme a otra fuente que tu boca / y que no tengo libre la mirada. / Sabes que te prefiero y que concedo / todo lo que tu dulce mano invoca. / Que en ti está todo, y lo demás es nada”

Nos adentramos en el mar. Lo tenemos presente, condensado en los poemas que se unen bajo el título Del abreviado mar (1957). Pero este poemario es una travesía en solitario. La vuelta desde Madrid al Sur, al istmo de Cádiz, ciñe el nuevo mundo poético de la autora a lo doméstico y lo cotidiano, a un espacio donde predomina el silencio, donde el mar simboliza la conciencia. Es un cancionero en apariencia jubiloso por el retorno, que rezuma sin embargo una heroica voluntad de adaptación y sobre todo una honda soledad: “Aprende a estar tan sola que hasta tu sombra misma / apetezca librarse. Sé tú la compañera/ de tus pasos, de modo que llegues a las cosas / siempre como el que llega de una tierra extranjera.” Y en este nuevo hábitat la poesía se convierte entabla de salvación: “No te he dudado nunca. Te he tenido / despierta por mis pulsos y dormida, / pero callada no, que entre los sueños/ también te confesaba y te sentía. / […] Mientras te tenga a ti tengo esperanza / de ser siempre la misma”

El siguiente poemario podría concebirse como una prolongación del anterior, pero con una clara diferencia: En La soledad contigo(1960) la sensación de aislamiento se diluye con la vivencia de la maternidad. Gestar una criatura, como gestar un verso. La maternidad y la escritura se convierten en actos paralelos e igualmente redentores. Los poemas se crean empujados por una fuerza telúrica o marina que no se doblega ante la soledad y la tristeza; por eso elije la forma ligera y grácil de romances y coplillas: “Mis pies acerco hasta tu espuma / y te presento a la hija mía[…]/ No temerá tus arrebatos, / sabrá de ti más que yo misma/ y aprenderá a decirte madre / cuando comprenda tu fatiga. / Mar maternal, dulce mar nuestro, / abandonada y siempre viva.” No obstante, se reserva de nuevo el soneto para rendir homenaje a los pequeños, discretos encantos que tiene la vida del hogar.

Siguiendo la ruta se vislumbra ahora un paisaje interior vencido ante el misterio y la imposibilidad de penetrarlo. “El asombro fue siempre patrimonio del hombre” subraya el primer poema del siguiente libro: Violencia inmóvil (1967). Su propio título concentra en sí–como la imagen de una fiera enjaulada- la esencia de la impotencia. Impotencia creativa, cognitiva, comunicativa. Pareciera que la corriente de la palabra fuera a perder caudal. Al comienzo del poemario-en verso libre- se duda de la infalibilidad de su poder pero la palabra termina siendo la iluminación final y la expectación ante la maravilla se convierte en un amoroso ejercicio de humildad. En los sonetos finales se produce la unidad con el cosmos a través del amor y la palabra recupera entonces su torrente. El diálogo con el misterio en estos sonetos espirituales toma vuelo de mística contemporánea.

La corriente tuerce su curso y se adentra en el espesor turbio y fangoso de la confusión y el desánimo. La torre de Babel (1982) recupera la senda bíblica de los casos ejemplares. Es en esta nueva torre, caótica y soberbia, donde se acomodan la incomunicación, la desesperanza y la soledad -“y en el silencio la tierra lloró por la palabra”, concluye el primer poema-. Para expresar la confusión del que habita en medio de esa noche oscura la voz poética reproduce de nuevo el canto de San Juan de la Cruz y asaltan a veces a los poema palabras hirientes, sin alas ni hermosura, alejadas delos anteriores remansos de ternura y luz: “Miedo ancestral, miedo del padre, miedo / que engendró hijos / parásitos, enanos, enconados, / entresijos, / canijos. / Miedo a la vida, a la palabra, al aire”. Pero al igual que en el libro anterior, se vislumbra el reencuentro con la luz y la armonía justo al final, en el momento en que rinde variado homenaje como gesto de gratitud a todos aquellos que han sido compañía vivencial o magisterio poético, a todos los que han iluminado su oscura senda.

Comienza ahora un viaje de retorno, de vuelta a la tierra, a lo mineral: “Una brújula incierta señalaba / los límites remotos, los lejanos confines. / Pero el hombre es de aquí. Somos de ella, / de la tierra. Difícil paraíso.” Se presenta Textos lapidarios(1990) en palabras de la editora como “un libro de amor a la tierra natal, a la historia y la geografía sobre todo de Andalucía”. Lo inaugura el relato, “La dama de Cádiz”, que narra en tres tiempos la curiosa anécdota del sarcófago fenicio buscado por el arqueólogo Pelayo Quintero Atauri, y continúa el libro con los “Poemas lapidarios” cantando a una cartografía y unas crónicas ligadas a las vivencias de la escritora, a pesar de que tome prestadas en este caso voces narrativas dispares que relatan en verso anécdotas medievales que giran en torno a las piedras. Recoge este poemario, además, textos que son pretextos de un generoso muestrario de refinamiento culturalista y en especial de una advocación a Andalucía, que inserta la obra de Paz Pasamar en el tronco común del “mester andalusí” junto a otros paisanos, poetas contemporáneos a la escritora gaditana.

La corriente discurre ahora serena y mansa. Hemos llegado a un paraje donde la naturaleza vibra con el trino de Philomena (1994).Concentra en su canto la plenitud de una jornada, desde el alba hasta la noche, desde la génesis de la palabra creadora hasta su desgaste por el cansancio del paso del tiempo, para alcanzar su renacer final. Es un libro rotundo; espiritual y humano al mismo tiempo. Canto y oración. Reflexión y acción de gracias. Unión con el creador y sus criaturas en donde un cálido y glorioso trino de esperanza se superpone al dolor y donde por fin las lágrimas sirven para purificar el mundo: “Pero a pesar de la apariencia, / sobre conjuros y hados, las estrellas aciagas, / ellas anegarán las pertenencias, / seremos buena tierra preparada, / sentiremos que adviene la riada / abanderada de ternura / y oiremos cantar a Philomena.”

La corriente es ahora más profunda si cabe. El rumor de sus aguas es el rumor del tiempo, del conocimiento atesorado en el trascurso de su fluir. Los poemas de Sophia (2003) muestran ese aprendizaje marcado en el momento por la experiencia cercana de la pérdida, por la constatación directa del paso del tiempo sobre la esencia humana y la inquebrantable voluntad de cantar a pesar de todo. Es un libro que defiende la sabiduría del inocente, del manso de corazón evangélico, del desposeído que se deja acunar por la corriente silenciosa, primitiva y honda del tiempo, que no cuestiona con su intelecto, sino que aprehende el misterio por los sentidos, como en la edad primera: “La savia no hace ruido. / La vida empuja silenciosamente…”. Es este libro se incardinan, según la profesora Pérez-Bustamante Mourier, la tradición clásica grecolatina, la bíblica sapiencial y la sensorialidad andaluza para crear, en palabras suyas, “una cima de la poesía española contemporánea”.

El último enclave marcado en el mapa es Los niños interiores (2008). El punto de llegada coincide con el de partida en Juan Ramón Jiménez -de quien nunca se aleja del todo- pues abre este último poemario una cita suya reveladora: “Mi vocación de eterno está, como en el niño, en mi gran amor a lo presente”. Y esta es la continuación lógica del poemario anterior. Llegar a la eternidad del presente y sentirse fuera de la coordenadas del tiempo y el espacio, en estado de éxtasis o “fluencia”, es una experiencia enmarcada en la infancia, cuando a través de la simulación y el juego los niños se sienten absorbidos y unificados con lo que hacen. Este libro es concretamente un “proceso de involución al estado infantil”, tal como señala la profesora Pérez-Bustamante, preñado de referencias a la casa, al nido, a la vuelta al seno del creador. Es también un muestrario de estampas amargas de niños que perdieron su infancia; inocencias cercadas y amenazadas por la amargura y la marginación. Y es, a su vez, un poemario que, cerrando el círculo, reflexiona sobre la conciencia de la edad y la necesidad de volver al origen, a la casa paterna sintiéndose de nuevo hijo. En este momento tiene cabida la prosa poética de “El día de mañana”, canto abierto al eterno presente que regala como tributo la vejez. Defensa de la alegría, dela sabiduría y el sosiego de quien ha andado ya todos los caminos.

Ave de mí, palabra fugitiva es una corriente viva, trasunto complejo de la vida de su autora, su legado íntimo, el patrimonio de su alma. Leer los once libros que recorren más de cincuenta años de creación de Pilar Paz Pasamar es sentir a través de ellos “la corriente sonora del tiempo, el sonido de la historia”, que es en palabras suyas el don especial que poseen los poetas.

El libro-completado además con ese detallado y fundamental estudio introductorio de Ana Sofía Pérez- Bustamante Mourier, y una prolija bibliografía sobre la poeta gaditana- emana un misticismo ajeno a doctrinas, intuitivo y visceral, vivido a través de la experiencia de la palabra, que se convierte en su poesía en fuerza creadora, en el verbo del Génesis, en “el ave primera que rompió el primer silencio”.

 

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1 Pérez-BustamanteMourier, Ana Sofía. “Una corriente infinita. Una vida con Pilar Paz Pasamar” en Revista Atlántica. Poesía. número 31. Cádiz, 2007, pp. 25-33.

 


ISSN: 2174-0445



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