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PABLO ANTÓN SOLÉ, SACERDOTE E INVESTIGADOR
 

Manuel Bustos Rodríguez
Académico de Número

"A Manuel Bustos Rodríguez, amigo y compañero con quien comparto la tarea de la Historia Moderna Gaditana. Un cordial abrazo. Pablo Antón Solé, Cádiz, 7.3.1995". Con letra pequeña, quizá algo temblona y zigzagueante, así rezaba la dedicatoria que de su tesis doctoral, recién publicada bajo el título de La Iglesia Gaditana en el siglo XVIII, me hacía su autor en la fecha apuntada.

Esa tesis había sido dirigida por José Luis Comellas, catedrático de la Universidad de Sevilla, hombre muy querido entre nosotros. Pablo Antón la había defendido en ese mismo lugar, casi dos años antes a la fecha de su publicación por la Universidad hermana de Cádiz, concretamente el 24 junio 1992. Los miembros del tribunal que hubo de valorarla, Alberto de la Hera como presidente; León Carlos Álvarez Santaló, Paulino Castañeda,  Francisco Núñez Roldán y quien esto escribe como vocales, decidieron otorgarle la máxima calificación: Apto cum laude.

¿Cómo era Pablo Antón Solé? En mi recuerdo se me aparece como un hombre, un sacerdote, afable, sencillo, paciente (a veces al exceso), constante y piadoso; de labor callada, paso a paso, como era él.  Su forma de ser se aproximaría bastante a la figura del obispo de Cádiz, Tomás del Valle, que él mismo historió en varias ocasiones.

Pablo poseía igualmente importantes dotes de penetración para captar situaciones y conocer agudamente a su eventual interlocutor. Cuando la observación realizada desdecía del personaje o el escenario que se dibujaba en torno no era muy encomiable, Pablo solía tamizarlo con un toque de comprensión y de resignada aceptación.

Debí conocerlo al poco de mi llegada a Cádiz. Me ayudó el hecho de ser él historiador, al igual que yo. Más tarde, ambos formamos parte de la Comisión Diocesana para el V Centenario, que presidía el ya fallecido Eduardo de Ory. El trato se fue haciendo luego más habitual, cuando ambos llegamos a formar parte de la Junta de Gobierno de la Real Academia Hispanoamericana a la que Antonio Orozco, su director, generosamente, me llamó muy pronto, al poco de haber accedido en calidad de académico de número a la institución. Más tarde, Pablo dejó de asistir a sus sesiones, por las secuelas que en su cuerpo había dejado el ictus sufrido.

A pesar de esta circunstancia que tanto determinó su vida, seguí tratándolo con más asiduidad y profundidad aún si cabe, durante el período de convalecencia de su enfermedad, con encuentros frecuentes en su propia casa, donde vivía al cuidado de su hermana y de su cuñado. Durante todo este tiempo, dio muestras de una gran fortaleza y tesón para vencer las fuertes secuelas de su mal. Hubo casi de aprender a hablar y escribir de nuevo. Y todo ello, justamente, cuando se hallaba en fase de elaboración la que sería más tarde su tesis doctoral. Hubo de pasarla a máquina con enorme dificultad. No se me escapaban, durante mis visitas, sus esfuerzos y esperanzas para salir adelante. Gracias a todo ello y a su fe en la asistencia divina, obtuvo una recuperación importante, que le devolvió a la vida activa. Sin embargo, las cosas ya no volverían a ser igual, puesto que sus dificultades para la movilidad eran patentes. Al cabo de los años las cosas se le fueron complicando, si bien no siempre motivado por la susodicha enfermedad.

Lo visité en la residencia de San Juan de Dios poco antes de morir, cuando ya no podía responder y no sé si era capaz aún de reconocerme.

Ordenado en 1960, Pablo Antón desarrolló primeramente su actividad sacerdotal en la vecina ciudad de San Fernando, en la parroquia de la Casería de Osio, barriada popular que dejaría en él un recuerdo imborrable. Debido a sus conocimientos y amplia erudición, fue nombrado al cabo director del entonces incipiente Museo Catedralicio; más tarde, canónigo de la Santa Iglesia Catedral.

En una Iglesia por entonces en profunda mutación, Pablo quiso explicitar su fidelidad a ella. La dedicatoria impresa en su tesis es bien significativa al respecto. Dice así: "A mi Iglesia Gaditana, a la que deseo servir hasta el final". Allí mismo reconoce que el contenido de su trabajo había sido posible gracias al Concilio Vaticano II, refiriéndose con ello, probablemente, a las vías de libertad que el mismo había abierto, tanto entre los pastores como entre los fieles.

No obstante, sacerdote obediente y solícito, pedirá la correspondiente autorización, el nihil obstat, para la publicación íntegra (sic) de la tesis doctoral. La obtendrá del Vicario Judicial y Delegado Ad Universitatem del Obispado de Cádiz y Ceuta, Félix González del Moral.

Hijo de docente, Pablo Antón había hecho la carrera de Filosofía y Letras, primero en Cádiz, en el ámbito de su Colegio Universitario, después, como culmen, en la Universidad de Sevilla, previa autorización de su obispo García Añoveros para poder seguir sus estudios fuera de la Diócesis. En 1970 presentaría su tesis de licenciatura, obteniendo  buenos resultados.

A partir de entonces, las responsabilidades diocesanas y docentes, acordes con su vocación humanista e investigadora, se van a suceder. Nombrado archivero-bibliotecario del espléndido Archivo Diocesano y de la, no menos espléndida, biblioteca del Seminario Conciliar de San Bartolomé, heredera a su vez de la biblioteca de la Compañía de Jesús, nuestro recordado compañero consagró su vida a las tareas de historiador a secas e historiador del arte en particular, unidas a la de profesor en la Escuela de Magisterio, ambas inseparables en su persona durante varios años.

Como archivero diocesano y, sobre todo, por su especial cariño, como archivero catedralicio, a Pablo le cupo la tarea de la ordenación y catalogación de los fondos de los dos archivos. A él se debe, pues, su puesta en marcha, facilitando con ello el acceso de los investigadores a los mismos, así como la elaboración de numerosos trabajos de investigación.

Fruto de sus pesquisas personales, utilizando en buena parte esos mismos fondos, es un número importante de obras, de origen y temática variada. Así, producto de su trabajo como archivero, conviene recordar la publicación de algunos catálogos del Archivo Catedralicio: su rica colección de planos, mapas y dibujos, en el año 1976, y, en unión del también archivero Manuel Ravina Martín, hoy director del Archivo General de Indias, el catálogo que corresponde a la colección de sus documentos pertenecientes a la Plena y Baja Edad Media, en 1975.

Esa misma tarea de archivero se manifestará también en la catalogación de documentos procedentes del Archivo Diocesano. Así, los de la llamada "Sección Gibraltar", en 1979; los relacionados con Hispanoamérica, publicación del año 1985, concorde con su nombramiento como académico de número de la Real Academia Hispanoamericana, acontecimiento que, como antes dije, me posibilitó un contacto más frecuente con él. Debo añadir también tres publicaciones de cierta singularidad: una sobre los fondos documentales de los espolios y vacantes de las mitras españolas como fuente para la Historia Eclesiástica de España (1974). La segunda sobre los padrones de cumplimiento pascual de la expedición Malaespina (¿1992?), de nuevo dentro de su inserción como académico de la Hispanoamericana; por último, otra, breve, acerca de los villancicos conservados en la catedral de Cádiz, del año 1986.

Mas si su labor como archivero fue fecunda, no lo sería menos en su condición de historiador, iniciada probablemente en la segunda mitad de la década de los sesenta, recién terminados sus estudios de Filosofía y Letras, a que arriba aludí. Comenzó entonces a tratar temas, se podría decir, de contenido “profano”; pero pronto, a mediados de los setenta, cada vez serán más dominantes en su obra los temas relativos a la Historia Eclesiástica.

Me parece obligado recordar, entre los segundos, los relativos a Cádiz y su provincia y a su Diócesis, tema este último que puso los cimientos para el posterior desarrollo de la historia de la Iglesia gaditana. Recordemos al respecto sus "Datos básicos para la Historia de la Diócesis de Cádiz en el siglo XVIII", publicado en 1978. O su "Estado de la cuestión. Panorama de los Estudios Históricos sobre la diócesis de Cádiz", del año 1983; sin olvidar su colaboración en la magna Historia de las Diócesis Españolas, publicada por la B.A.C.

Pablo Antón impulsó, así pues, los estudios sobre la Iglesia diocesana. Le ayudó enormemente en esta tarea el hecho de tener los documentos prácticamente al alcance de la mano, sea en los propios archivos de que era responsable o en las riquísimas bibliotecas de la ciudad, a comenzar por la ya referida del propio Seminario.

En su condición de canónigo e historiador del arte publicará asimismo varias obras importantes relacionadas con las dos catedrales gaditanas. Al margen de varios artículos y fascículos dedicados a ellas, merece la pena que recordemos su trabajo de título "La catedral de Cádiz. Estudio histórico y artístico de su arquitectura", del año 1975, que ha servido de punto de referencia sobre el tema para historiadores y arquitectos con deseo de acercarse a su historia y características. En la misma línea, y con el mismo fondo temático, había publicado en 1966 otro estudio más particularizado sobre la capilla del Nuevo Sagrario de la catedral vieja. Sin olvidar sus atractivas contribuciones a la "Enciclopedia Gráfica Gaditana", como las que se refieren a "El Greco del Hospital de Mujeres", "La catedral vieja", "Las iglesias entre el Guadalete y Barbate" o, de nuevo, "La catedral nueva". Con el que fuera director de la Real Academia Hispanoamericana, Antonio Orozco, había publicado igualmente una original obra titulada: "Historia medieval de Cádiz a través de sus castillos" (1976).

A las temáticas referidas, se añadieron también otras que, por su importancia historiográfica, no puedo soslayar. Me refiero, por un lado, a sus estudios sobre el clero gaditano y, más concretamente, sobre sus obispos. Citaré algunos importantes a este respecto: "El clero gaditano en la segunda mitad del s. XVIII", año 1976, capítulo incipiente de libro colectivo que abrirá las puertas al desarrollo posterior del tema. En efecto, a él seguirán dos estudios sobre el obispo de su predilección, cuyo punto de partida será la tesis de licenciatura. El primero de ellos es "El gobierno eclesiástico de la diócesis de Cádiz durante la sede vacante por fallecimiento del obispo de Fr. Tomás del Valle", publicado en el año 1980; el segundo, "El espolio y vacante del obispo Fr. Tomás del Valle", de 1985.

El Seminario en el que Pablo Antón se había formado para sacerdote, y de cuya comisión para el centenario formó parte, suscitaría también su interés como investigador, dedicándole sendos trabajos, referidos a momentos importantes de dicha institución eclesial: su creación, así como su reedificación por mano del obispo de la Diócesis Calvo y Valero, en los años 1995 y 1998 respectivamente. Por último, el tema de "Las conferencias morales del clero de la Diócesis de Cádiz en el XVIII" (1996), y, desde otro centro de interés diferente, entre eclesiástico y taurino, "La prohibición de las corridas de toros en días festivos  y los obispos de Cádiz", preocupados estos, como no podía ser menos, por la salud espiritual y moral de sus fieles.

Otros temas varios de la obra investigadora de Pablo podrían ser agrupados bajo el epígrafe genérico de la religiosidad. Sólo citaré algunos artículos para ilustrar cuáles fueron sus inquietudes en este campo tan amplio. En ¿1987? publicaba a la sazón "Las ceremonias de embarque de la imagen de la Galeona para la Carrera de Indias", con el cual nos ilustraba sobre uno de los actos concurrentes con la carga de las mercancías y de la tripulación, cada vez que las flotas de Indias se hacían a la mar: el traslado de la Virgen del Rosario desde el convento de los dominicos, su casa, hasta el puerto de la ciudad, muy próximo a él, donde se embarcaba junto a los marineros.
Otro artículo curioso sobre la piedad religiosa en el período moderno es el de "La procesión de los huesos de la hermandad de la Caridad de El Puerto, 1758", aparecido en la temprana fecha de 1965, sin duda una de sus primeras publicaciones, si no la primera. O, de carácter más general, el titulado "La huella religiosa de Cádiz en América", del año 75.

Fuera del ámbito de lo religioso y eclesiástico, Pablo alcanzó un éxito notable con sendas publicaciones sobre las afamadas almadrabas de la costa gaditana, durante tiempo bajo el señorío de los duques de Medina Sidonia. Me refiero a la titulada "El rebato turco en la almadraba de Zahara", también de fecha temprana (1967), y, sobre todo, al opúsculo llamado "Los picaros de las almadrabas de Conil y Zahara", publicado dos años antes, sobre la acción de los jesuitas entre el numeroso personal, trabajadores y buscavidas, que se concentraba periódicamente en dichos lugares de la costa gaditana para participar en la campaña del atún. Hizo también incursiones en otros ámbitos historiográficos igualmente "profanos", dando a luz algunos pequeños trabajos como "El Cádiz del Conde de O'Reilly" (1967), o "El gremio gaditano de pintores", del año 1974.

Su paso como docente por la Escuela de Magisterio, convertida más tarde en Facultad de Ciencias de la Educación, en su calidad esta vez de Profesor Titular, dejó su huella en la obra de Pablo Antón Solé, con una serie de artículos sobre el tema educativo, si bien, como es habitual en él, algunos de ellos relacionados a su vez con la Iglesia diocesana. En esta temática se integran, entre otros, "La educación de las niñas y jóvenes en la diócesis de Cádiz en la segunda mitad del siglo XVIII" (1991) y "Las escuelas de primeras letras y las cátedras de Gramática en el XVIII" (1992).

Por último, no quiero terminar este recuerdo a nuestro académico Pablo Antón Solé, sin aludir a su faceta de conferenciante. Y es que, en efecto, la mayoría de las instituciones culturales gaditanas (Academia Hispanoamericana, Aula Militar de Cultura, Diputación, Ateneo, etc.) y algunas otras de la provincia y de fuera de ella, lo tuvieron alguna o varias veces entre los participantes de sus programas culturales o conmemorativos.

Estos son, en definitiva, los recuerdos, torpemente hilvanados, que me sugieren la figura de nuestro académico y sacerdote Pablo Antón Solé, recientemente fallecido. Es para esta Real Academia, sin duda, un honor haberlo tenido durante largo tiempo entre sus miembros. Descanse en paz.

Manuel Bustos Rodríguez, Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz y Académico de Número de la Real Academia Hispanoamericana.

 

 

 


ISSN: 2174-0445



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