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NIÑO ÚLTIMO
 

 

Juan Ramón Jiménez

A veces el mundo es el de siempre. Otras, el mundo de un hombre, en la vicisitud, da muchas vueltas, hasta que todo confluye en el ojo de un mismo huracán (una palabra, “huracán”, que nos vino del Caribe). Esta es la historia del poeta moguereño Juan Ramón Jiménez (1881-1958), que en 1936, huyendo de la guerra de España, fue a parar a Puerto Rico y después a Cuba. Tiempos muy duros para el poeta y su mujer, Zenobia Camprubí, que salen de España con una maletita y poco más. Bueno, poco más: el afán de ayudar a los niños damnificados por la guerra. De 1936 a 1939 Juan Ramón no puede escribir poesía: se dedica a trabajos de subsistencia, se duele de la muerte de varios familiares, se deprime y enferma. Zenobia decide que lo mejor es instalarse en Norteamérica (ella tiene familia en Nueva York), y así van a parar a Miami, donde residen de 1939 a 1942. Ya instalado en Washington, Juan Ramón le escribía a su amigo Enrique Díez Canedo, un 6 de agosto de 1943:

«En la Florida empecé a escribir otra vez en verso. Antes, por Puerto Rico y Cuba, había escrito casi exclusivamente crítica y conferencias. Una madrugada me encontré escribiendo unos romances [“Romances de Coral Gables”] y unas canciones [“Canciones de La Florida”] que eran un retorno a mi primera juventud, una inocencia última, un final lójico a mi última escritura sucesiva en España. La Florida es, como usted sabe, un arrecife absolutamente llano y, por lo tanto, su espacio atmosférico es y se siente inmensamente inmenso»1 .

En Coral Gables el espacio se parecía al de Moguer: tierra llana, pequeñas casas blancas, cielos hondos, altos pinos, mar azul. En aquella circunstancia Juan Ramón se reencuentra con su niño interior, más allá de toda contingencia, como si La Florida (aquí) fuese Moguer (allí) y viceversa. En este homenaje a La Florida, posibilidad de Edén, cabe sin duda un poema como

NIÑO ÚLTIMO

Música fiel en escala
de estratos, por el huido
poniente, contra el espacio
del lento infinito liso.

Con ella mi pie se va
ájil y firme, lo mismo
que por la arena seguida
de mi lleno sueño niño.

¿Un pueblo blanco está allí
esperándome encendido,
pueblo donde todo para,
una plaza con un grito;
con un grito de cristal,
grito agudo detenido,
último grito en estremo
de nube, grito amarillo?

Y el grito tiene en su centro
todo lo que ha visto el niño,
todo lo que quiso ver
y todo lo que no ha visto.

El niño es toda la jente,
el niño soy yo de niño,
el niño soy yo de viejo,
niño encontrado y perdido 2.

 

Y cabe un poema donde los árboles de La Florida son como los árboles de Huelva, y los árboles de Cádiz. Es el romance

Árboles hombres

Ayer tarde
volvía yo con las nubes
que entraban bajo rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía
de tan secreto paraje,
solo yo podía estar
entre las rosas finales.

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.

Me retardé hasta la estrella.
En vuelo de luz suave
fui saliéndome a la orilla,
con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía
vi a los árboles mirarme.
Se daban cuenta de todo,
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,
oí hablarme a los árboles” 3.

           

 

 

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1  Apud Juan José Lanz, “Introducción” a Romances de Coral Gables (1939-1942),  en Obra poética de Juan Ramón Jiménez, Ed. Javier Blasco y Teresa Gómez Trueba, Madrid, Espasa & Fundación Jorge Guillén, 2005, Tomo 2. Obras en verso, p. 1027. La ortografía es la de Juan Ramón Jiménez.

2  Juan Ramón Jiménez, “Niño último”, Romances de Coral Gables, ed. cit. En nota anterior, págs. 1083-1084. Respetamos la ortografía juanramoniana.

3  Juan Ramón Jiménez, “Árboles hombres”, Romances de Coral Gables, ed. cit., págs. 1078-1079.

 


ISSN: 2174-0445



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