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SINOPSIS: HOMENAJE A ANTONIO FERNÁNDEZ FERRER
 


Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier
Universidad de Cádiz


Los asuntos serios conviene retomarlos desde el principio. Cuentos muy cortos los ha habido siempre, desde las colecciones de apólogos orientales o las fábulas de Esopo. Si las Edades Antigua y Media gustaron de los ejemplos con moraleja, el siglo XVI añadió el gusto por los chistes que reunía Joan de Timoneda (Sobremesa y alivio de caminantes) o los gustosos cuentos de miedo de Antonio de Torquemada (Jardín de flores curiosas). Del Romanticismo al Modernismo se va consolidando la prosa lírica con mayor o menor virtualidad narrativa (véanse los capitulillos de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez), y las vanguardias retoman el experimento buscando no ya la emoción de la belleza sino la sorpresa del ingenio: de ahí las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Tras la guerra civil nuestra vanguardia sobrevivió en autores raros, marginales y exiliados (Carlos Edmundo de Ory, Álvaro Cunqueiro, Joan Perucho, Max Aub…) y es en los 90 cuando nos viene el microrrelato de la mano de los hispanoamericanos, que nunca rompieron con lo surreal y tuvieron que venir a recordarnos que la imaginación y la belleza no están reñidas con la ética ni con la literatura.

La primera antología de microtextos (más que microrrelatos) que apareció en España, magnífica, fue La mano de la hormiga, de Antonio Fernández Ferrer (Madrid, Fugaz Ediciones Universitarias, 1990), y una joya más reciente es Mil y un cuentos de una línea, de Aloe Azid (Barcelona, Thule Ediciones, 2007)1 .

Realmente, todo se puede resumir:

Mil y una noches menos cien años de soledad igual a ciento veinte días de sodoma y gomorra.
Guillermo Samperio, La brevedad es una catarina anaranjada, 2004 (MYUC: 98)

Se puede resumir la novela policiaca tipo Simenon, como hace Max Aub en sus deliciosos Crímenes ejemplares (1957):

Lo maté por no darle un disgusto. (LMH: 56)

Se puede sintetizar bastante el más prolijo y tórrido culebrón, sea de Henry Miller o de Mario Vargas Llosa:

Amo tu sexo, oscuro y tibio como un vino. La idea debe ser siempre embriagarse en el origen.
Wilfredo Machado, Poética del humo, 2003 (MYUC: 197)

Y abreviar considerablemente la historia sagrada:

La Biblia                                                                  

Por Moisés and Co.     

Utilizando como materia prima el misterioso caos, el supermán Elohim crea en seis horas el cielo, la tierra y todo lo demás. Inventa, a continuación, un robot, que complementa con una robot. “Comámosle las manzanas”, le dice la robot al robot. “O.K.”, responde el robot. El supermán los destierra, pero ellos se dedican a multiplicarse. El supermán intenta ahogarlos, pero no lo consigue. Entonces les envía a su hijo que trata de hacerse pasar por un pequeño robot, pero los demás no tardan en identificarlo gracias a su agente secreto, el coronel J. Iscariot. Ejecutan al hijo de supermán y lo entierran. Pero el hijo de supermán con su poderoso hombro levanta la losa de su tumba y vuela. No estaba verdaderamente muerto.     

Nuevos episodios aparecerán muy próximamente.

[Atribuido a] Raymond Queneau (1948) (LMH: 376)

Toda la psicología de la novela de dictador, empezando por el Tirano Banderas de Valle-Inclán, que fue el pionero del género, está aquí:

El general preguntó la hora y un edecán se acercó rápido a musitar: ‘La que usted quiera, señor presidente’.
Guillermo Cabrera Infante, Vista del amanecer en el trópico, 1974 (LMH: 121)

No me olvido de la invención metafictiva o unamuniana:

Espíritu

En estas humildes palabras está encerrado todo el espíritu de su autora: ‘Socorro, socorro, sáquenme de aquí’.
Ana María Shua, Casa de geishas, 1992 (MYUC: 320)

Encontré La mano de la hormiga a través de un catálogo de libros antiguos y de ocasión. Siempre me ha gustado considerar el azar desde el punto de vista de la providencia. Nunca he tenido el gusto de coincidir con Antonio Fernández Ferrer. Pero le estoy tan agradecida. Porque Antonio Fernández Ferrer me ha mostrado cómo opera la literatura, cómo se hace magia ante los ojos. He aquí uno de los microrrelatos más bellos y profundos de su antología:

LA ISLA INFINITA

Preguntó Colón a los indios de aquel lugar si era tierra firme o isla, y le respondieron que era tierra infinita de que nadie había visto el cabo aunque era isla…(LMH: 85)

Este microcuento en su origen era un fragmento de la Historia de los Reyes Católicos, de Andrés Bernáldez o Bernaldes, que no fue ni mucho menos un microcuentista sino un cronista de Indias de entre los siglos XV y XVI. Sacada del contexto de la veracidad histórica y proyectada sobre el espacio euclidiano de la verdad poética, la pequeña anécdota se convierte aquí en paradójica metonimia de un suceso real de enorme envergadura: ni más ni menos que la Conquista de América.

“La isla infinita” es un ejemplo perfecto de estética de la fragmentación y, simultáneamente, de operación de transgenerización (de la historia a la literatura, de la anécdota al símbolo). Y un final absolutamente abierto a la interpretación: la ambivalencia del lenguaje, la tragedia de la historia, la sombra de El Principito: “Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial resulta invisible para los ojos”2 .

 

 

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1   Citamos en lo sucesivo los microtextos extraídos de estas antologías así: LMH (La mano de la hormiga), MYUC (Mil y un cuentos de una línea).

2   Antoine de Saint-Exupéry, El Principito (1943).

 


ISSN: 2174-0445



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