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PARAÍSO IMPERFECTO: HOMENAJE A AUGUSTO MONTERROSO (1921-2003)
 


Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier
Universidad de Cádiz


Un columbograma no es un telegrama de Cristóbal Colón, sino un pequeño mensaje enviado a través de una paloma mensajera. En el municipio gaditano de Barbate se conserva un palomar enorme (no, no voy a pretender que sea el más grande del mundo: eso lo desconozco): data del siglo XVIII y en sus 7.770 nidos se alojaron durante tres siglos unas 5000 palomíferas parejas, que, con sus pichones, constituirían una población permanente de unos 20.000 especímenes. Se usaban las palomas para carne (carne de lujo para gente pudiente y carne fresca portátil, que se llevaba enjaulada para consumir a bordo de los barcos), para guano (que servía de abono y otrosí de ingrediente en la receta de la pólvora), y para mensajería (antes de que se inventase la telegrafía sin hilos).

Cádiz es una ciudad pequeña, muy pequeña, casi como una gota en el azul que se escurre al final de Andalucía. A medio camino del norte y del sur, del este y del oeste, de la utopía y la distopía.

En Cádiz capital hay también muchas palomas. Y gente con ganas de enviar cartitas, cartas cortitas, mensajes en miniatura. “Menos es más”, que decía Mies van der Rohe. Por qué no asomarse al barandal de la Alameda y enviar, como Noé, a que exploren el mundo los pájaros que hay en la cabeza.

***

Cuentos muy cortos los ha habido desde siempre, desde las colecciones de apólogos orientales o las fábulas de Esopo hasta toda clase de historias jocosas: eso que llaman chascarrillos, facecias o, más llanamente, chistes. Lo cierto es que a veces no está muy clara la diferencia entre apólogo y chiste. No cuando la sabiduría es humor metafísico, como muestra por ejemplo este texto de tradición sufí:

A un hombre bueno Dios le prometió satisfacer un deseo. El hombre dijo que le gustaría hacer el bien sin saberlo. Dios satisfizo su deseo. Y entonces pensó Dios que era tan buena la idea, que concedería aquel deseo a todas las criaturas humanas. Y así ha sido hasta nuestros días 1.

Pero lo que hoy llamamos microrrelato es un concepto, un género, que aparece en los años 80 con un carácter distinto: un carácter alusivo-elusivo, fragmentario, basado fundamentalmente en la connotación. Es lo que sucede con el famoso “Dinosaurio” de Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí 2.

Esto, como se puede ver, es un germen de argumento que descansa en la tendencia de nuestro cerebro a hilar datos en secuencias causales, formando así narraciones a partir de pre-supuestos que invitan a seguir una línea de hipótesis e incluso de conclusiones: alguien que soñaba, soñaba con un dinosaurio. Alguien que dejó de soñar se encontró delante de un dinosaurio.  Alguien que se encontró al pie de su cama con un dinosaurio procedente de un sueño no estaba seguro de si aún seguía soñando, y en caso de que fuese (o no fuese así), seguramente querría despertar en otro sitio...

Como explica Fernando Valls, la estética del fragmento arranca de la crisis finisecular del siglo XIX: “es muy posible que el origen [del microrrelato] se encuentre en el gusto por lo fragmentario que surge con el cambio de siglo (Nietzsche y Schopenhauer son dos nombres imprescindibles), aunque tenga su desarrollo con las vanguardias, como una respuesta a los grandes discursos totalizadores del XIX (...) A pesar de lo que ha sostenido Francisca Noguerol, (...), no parece imprescindible relacionarlo con la estética de la postmodernidad para entender ni su aparición ni su desarrollo, que vincularía a la disolución de los géneros narrativos tradicionales, al gusto por la experimentación, a la búsqueda de nuevas formas, a la inquietud –en suma– por salir de ese callejón sin salida en que se había convertido el cultivo del cuento de tradición cortazariana, un relato fantástico con efecto único y sorpresa final” 3.     

Todo el mundo conoce “El Dinosaurio” de Monterroso, que ha dado lugar a múltiples homenajes y parodias, incluida ésta del onubense Hipólito G. Navarro:

El dinosaurio estaba ya hasta las narices4 .

Ah, sí. Pero Augusto Monterroso es mucho más que una broma de zoología fantástica. En realidad el motivo de esta carta es enviar este regalo adjunto:

EL PARAÍSO IMPERFECTO

–Es cierto –dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno–; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve5 .

Cádiz es una ciudad pequeña, muy pequeña, como una gota que se escurre al final de Andalucía en el azul. A medio camino del norte y del sur, del este y del oeste, de la tierra y el cielo.

 

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1   Apud Joseluís González (Ed.), Dos veces cuento. Antología de microrrelatos, Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias, 1998, pág. 38.

2  Augusto Monterroso, Obras completas (y otros cuentos) (1959), Barcelona, Anagrama, 1990.

3   Cfr. Fernando Valls: “La “abundancia justa”: el microrrelato en España”, en El cuento en la década de los noventa, Ed. José Romera Castillo & Francisco Gutiérrez Carbajo, Madrid, Visor, 2001, págs. 641-657.

4   El dinosaurio anotado, Ed. Lauro Zavala, México, Alfaguara/UAM, 2002.

5   Augusto Monterroso, Cuentos y fábulas, Barcelona, Círculo de Lectores, 1993, p. 289.  

 

 


ISSN: 2174-0445



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